Nadie debe beber solo. Nunca. Yo prefiero estar acompañado por cualquier persona antes que beber solo. Cualquiera que llegue a mi casa con bebidas alcohólicas es una persona bienvenida con los brazos abiertos. No importa quien sea. Hitler podría llegar a mi casa con una botella de whiskey y pasaríamos toda la noche bebiendo y hablando de Eva Braun y de lo divertido que suena “blitzkrieg”:
Hitler: Pedro, nada mal este apartamento, me gusta.
Pedro: Gracias, estás en tu casa. Mira, tengo que preguntar, ¿porqué ese odio contra los judíos?
Hitler: ¿Odio? Eso no es así, yo los amaba. Eso fue una confusión, un malentendido.
Pedro: ¿Malentendido? ¿De qué hablas, dictador sicótico?
Hitler: Una noche Goebbels y yo estábamos cayéndonos a palos con otros de la SS, y los tipos comenzaron a volverme mierda la casa en medio de la borrachera. Mearon en las matas, vomitaron sobre mis trenes de juguetes. Ni te cuento lo que le hicieron a mi perro. Pobre Blondi. Después de esa noche, nunca fue la misma.
Pedro: ¿Y qué tiene que ver eso con el holocausto?
Hitler: Ah, sí. Cuando vi lo que estaban haciendo me molesté y grité “¡Maten a todos los ebrios!”, y salieron todos corriendo a matar a todos los hebreos. Al poco tiempo Goebbels le dice Eichman, Eichman lo riega por ahí, y antes que me pudiera dar cuenta ya estaba todos esos locos persiguiendo a los judíos.
Pedro: Coño, pedazo de mierda, ese cuento es terrible. ¿Por qué no detuviste todo?
Hitler: Por Eva. A ella le ENCANTABA todo eso. Mírame. Yo no soy un tiempo apuesto. Pelo grasoso dividido en el medio, un bigote estúpido. Coño, yo estaba contento de tener alguien a quien cogerme, de tener un culito en la casa. Cada vez que le hablaba de eso se excitaba, no tienes idea. Así que dejé que todo siguiera.
Pedro: Pásame la botella, voy a servir unos shots. Mira, aborto de cabra, eso no es excusa. ¡Eres un asesino en masa!
[Pedro sirve dos vasos cortos, llenos]
Pedro y Hitler: ¡Por las mujeres, por los amigos, y por las mujeres de los amigos!
[Toman los vasos completos]
Hitler: Si, si, yo sé. No tengo excusa. Pero nadie puede decir que en realidad ha tenido sexo hasta que le hagan “El Eva Braun”.
Pedro: ¿Si, en serio? Coño, ¿qué es “El Eva Braun”?
Hitler: Bueno, los dos nos desnudábamos. Ella me bañaba completo en mermelada de ciruela. Luego se cagaba en mi pecho y lo restregaba con sus nalgas por todo mi pecho y barriga. Cuando ya me tenía así, me metía el puño por el culo, y me masajeaba el colón. Yo eyaculaba en su pelo, y me tiraba un peo en su cara. Esa última parte la llamaba “La Cámara de Gas”. No existe nada más excitante que “El Eva Braun”.
Pedro: Sal ya de mi apartamento.
Ok, no puedo tomar con cualquier persona, menos con Hitler. No tiene nada de malo beber solo. Eso lleva a otras preguntas: ¿Es patético beber solo? ¿Soy alcohólico? ¿Tiene algo de malo? No, no, y no. Pero la respuesta de esas preguntas puede fácilmente ser Si. Para garantizar que la respuesta siempre es No, basta con seguir esta guía. Sé lo que van a pensar después que lean esta guía, así que les voy a responder de una vez. ¿Me canso de ser tan brillante? La respuesta larga: No.
La meta no es estar borracho
Esto es lo primero que debes entender. Estar absolutamente borracho cuando estás absolutamente solo es sin duda patético. Dejando lo patético a un lado, sencillamente no tiene nada de divertido. No tienes a quien insultar, con quien cantar, a quien manosear, etc. No existe una borrachera divertida en que estés sólo. Si tienes ganas de tomar más de un par de tragos apunta a estar un poco contento y mareado, no más. Si te emborrachas, te aseguro que tomarás tu celular y harás llamadas de las que te arrepentirás.
La bebida
No tiene sentido tomar licores muy fuertes. Por ejemplo, el tequila, que fue inventado para inducir otras personas a hacer cosas que no quieren hacer, así que pierde su razón de ser si estás solo. Alguien que empieza a tomar shots de licores fuertes solo en su casa está sin duda buscando volverse mierda. Eso es patético.
Como muchos de ustedes ya habrán aprendido, el objetivo de tener amigos de largo plazo es compilar largos y detallados Expedientes de Vergüenza sobre cada uno de nosotros, para que así cada conversación pueda incluir los momentos más embarazosos de nuestras vidas con la mayor frecuencia posible. Si cada persona sólo se vuelve mierda con alcohol en la comodidad de su casa sin acompañantes, ¿de qué coño vamos hablar entre amigos?
En mi caso, prefiero la cerveza, el whiskey, y a veces el vino. Todos comparten una característica que los hace ideales para tomar solo: a menos que seas una niñita, puedes tomar bastante sin estar borracho.
La actividad
Tienes que hacer algo. Si estás sentado en tu sofá mirando al vacio mientras bebes, eso cae en la categoría de despecho. No importa si no estás despechado, estás actuando como alguien que si lo está. Espero que esté de más decirles que beber solo pasando un despecho en tu casa, sentando sin hacer absolutamente nada, es patético. Los despechos se pasan con amigos, para así darles la oportunidad de apoyarte y mostrarse compasivos con tu situación. Donde con “apoyarte y mostrarse compasivos” quiero decir “decirte que todo va a estar bien y que están de acuerdo contigo en que no tienes culpa en el fin de la relación, pero en realidad están esperando que te calles por unos minutos para poder irse a hacer algo divertido, y piensan que eres débil y patético por estar tan deprimido/a por una persona que ellos sabían era un asco de ser humano con quien debiste terminar hace mucho tiempo pero eras demasiado débil y patético para hacerlo”.
Sé que alguien dirá “a veces necesitas pensar en algo importante sin distracciones”, que puede ser cierto, o que “necesitas tiempo contigo mismo”, que suena bastante gay, además de ser redundante. Ninguna de estas razones excusa esa conducta.
Ve una película, o un juego de cualquier deporte. Lee. Escribe. Ordena tu armario. Córtate las uñas. Afeita al gato. Si te gusta masturbarte mientras afeitas el gato, ¿quién soy yo para juzgarte?*. Has algo. Sentarse a escuchar música está peligrosamente cerca de la conducta de los despechados, así que cuidado.
*Nadie, pero que no te queden dudas: estás enfermo.
En mi caso, mi consumo de alcohol mientras estoy solo por lo general coincide con algún evento. Un partido de baseball o football. Una película que acabo de bajar y quería ver desde hace tiempo. Era algo planeado. Especialmente en el invierno, cuando el frio no me dejaba disfrutar de mis hobbies al aire libre (tomar sol, ayudar a viejitas a cruzar la calle, y abrir mi abrigo para mostrarme desnudo a las mujeres que van saliendo del gimnasio).
La frecuencia
Es difícil decir cuánto es demasiado. ¿Tres veces a la semana? ¿Dos? No sé. Cruzar la barrera del demasiado es peligroso. La primera razón, y la más obvia, es el alcoholismo. Hace años escuché una frase que me pareció tan sencilla, y a la vez tan importante, que la tengo siempre presente a la hora tomar alcohol: No bebas demasiado alcohol, para que así no tengas que dejar de beber.
Eso está muy bien, pero no es lo más imporante. La realidad es que si estás bebiendo solo con bastante frecuencia es porque no tienes quién te acompañe con frecuencia. Sean amigos o pareja, alguien falta.
Todos los eventos de los hablé antes se pueden disfrutar acompañado. Está bien querer estar solo de vez en cuando. Pero hay una diferencia entre querer estar solo y tomarse algo, y tomar solo porque no consigues quién te acompañe en tu bebida. Podrías estar compartiendo tragos con amigos.
Si estás tomando solo con mucha frecuencia, quizás sea hora de evaluar tu vida social. Posiblemente les caes mal a todos, o hueles mal, o eres bastante feo/fea. Algo está mal. Quizás esa cara que tienes era bastante exitosa con el sexo opuesto entre los Australopithecus Afarensis, pero ya hemos evolucionado mucho más allá de esa clase de fealdad.
Hola, mujer. ¿Cómo estás? Cuánto tiempo.
¿24 meses? Wow, parece que fueron apenas 23.
¿Qué quieres que note? ¿Tus tetas? Se ven muy bien. No tan bien como hace 23, perdón, 24 meses, pero bien. Así que porque no vamos a un lugar más…
Ahh, el anillo. ¿Es un anillo vibrador? Suena interesante.
¿Cómo, un anillo de compromiso? ¿Alguien quiere casarse contigo?
Perdón. Eso no fue lo que quise decir, sino “¿Alguien podrá casarse contigo?” Que afortunado tu novio.
Esto va a sonar extraño, ya que tú y yo, tú sabes, acostumbrábamos a tener bastante sexo, pero creo que debes reconsiderar esto del matrimonio. Desde que me dijiste hace veinte segundos he estado pensando y creo que no es lo mejor para ti. Estoy seguro que el tipo es excelente, pero creo que no es un buen plan para ti. Hay mejores opciones, como no salir con más nadie, nunca más, y mantenerte esperando en caso que yo alguna vez esté soltero y quiera salir contigo por un rato más.
Conseguir pareja es algo que requiere mucho esfuerzo, y aun más estar en una relación o un matrimonio. ¿Recuerdas cuando me reclamabas cualquier estupidez como si fuera el fin del mundo? Me gritabas por no llamarte por un par, o cinco, días. Te molestaba que salía de noche sin avisarte, menos aún invitarte. ¿Recuerdas todas esas estupideces? ¿Quién tiene tiempo para todas esas cosas, cierto? Especialmente alguien como tú, con todos esos hobbies que posiblemente pudiste haber tenido.
Disculpa por no ser más específico. Sé que todas las cosas que dije alguna vez están grabadas en la tableta de piedra de tu corazón, pero para ser honesto, nunca presté atención a lo que decías. Jamás.
Bueno, debes saber que esperarme es un trabajo de tiempo completo, y creo que es tu mejor opción. Principalmente porque soy lo mejor que te ha pasado, pero también porque soy más inteligente que tú, así que deberías confiar en lo que digo.
Y si decides comportarte como una loca y casarte con este tipo, a quien podríamos llamar “Peor Es Nada”, bueno, espero que todo funcione bien para mí.
Para ti. Para ti. En serio, quise decir para tí.
Espero que todo esto termine como tus últimos noviazgos: contigo llamándome con tal frecuencia que tus novios te dejan.
Te deseo lo mejor. Para ti. Que, de nuevo, significa para mí.
Hace unas semanas en mi edificio colocaron varios basureros para reciclaje. Uno para papel, otro para vidrios, aluminio, plástico, etc. Los odio. Los pusieron en el pasillo entre el estacionamiento y los ascensores, y quien-quiera-que-sea el responsable de recoger esa basura cada semana siempre lo hace tarde. Cada vez que paso por ese pasillo y veo ese desastre de basureros rebosados y basura en el piso me provoca tomar uno de los basureros y vaciarlo en el apartamento de la persona que tuvo esa gran idea. Es decir, el presidente del Condominio. Es decir, mi tío.
Otra razón por la que odio esos basureros es porque odio reciclar. Es algo más que hacer, y creo que ya tenemos suficiente cosas que hacer en nuestras vidas como para añadir nuevas tareas. Tener que estar pendiente de poner los plásticos en una bolsa, los vidrios en otro, papel en aquella, es increíblemente fastidioso.
Pero aun así lo hago.
Me acostumbré en Londres. Allá también teníamos varios basureros según el tipo de basura. Al principio se me olvidaba hacerlo, pero pronto me acostumbré. Ponía todos los envases vacios de plásticos y de vidrio en el mismo gabinete, y cuando ya no podía cerrarlo era hora de sacar todo y botarlo. Es como acostumbrarse a cepillarse los dientes tres veces al día, limpiar los platos, o poner pastillas de Rohipnol en los tragos de mujeres que conoces en discotecas: llega un momento que los haces sin siquiera pensarlo, como respirar.
Eso no responde la pregunta más importante: ¿Por qué lo hago? Vamos mejor a comenzar con las razones para no hacerlo.
Tú no puedes hacer nada para evitar el cambio climático. Eres muy insignificante. No lo tomes a insulto, estoy seguro que a algunas personas les caes bien, y quizás hasta haya alguien dispuesto a desnudarse y revolcarse en una cama contigo si primero los haces beber varios litros de vodka y le prometes apagar las luces mientras tiran. Pero en lo que se refiere a cambio climático, no haría ninguna diferencia que estuvieras muerto. No digo esto en broma ni estoy usando sarcasmo o psicología inversa para presentar mi argumento. Es la verdad. Podrías hacer algo si fueras el dueño de una planta de químicos o una ferrominera que despida toneladas de monóxido de carbono a la atmosfera todos los días. Pero vamos a sincerarnos: no tienes esa clase de poder ni dinero. No te sientas mal, todos los que leen este blog son pela-bolas.
La realidad es que actividades como esas son las grandes responsables del cambio climático. Incluyamos también los miles y miles de jets que vuelan todos los días, y los millones de carros. Quien tenga el poder de cerrar esas plantas o apagar miles de jets o millones de carros, esa persona puede hacer una verdadera diferencia. Pero tú, insignificante lector de este blog, no cambiarias nada apagando tu carro, dejando de volar o reciclando tu basura.
No quiere decir que esas personas que si pueden hacer algo son malas por mantener sus actividades contaminantes. Recuerda la razón principal que los lleva a hacer todas esas actividades: tú y yo. Esas plantas contaminantes no están ahí porque a sus dueños les parezca hermosa esa columna de humo negro, las aerolíneas no vuelan aviones porque a sus dueños les gusta ver aviones volando, y esa fábrica de botellas de polietileno no existe porque al dueño le guste hacer castillitos con las botellas.
Esa fábrica de botellas existe porque nos gusta tomar nuestra Pepsi en un botella transparente, duradera, y flexible pero difícil de romper. Esos aviones 747 están volando porque queremos poder atravesar seis zonas horarias rápidamente. Queremos vegetales y frutas grandes y baratas, y para eso se necesitan fertilizantes e insecticidas contaminantes. Hay millones y millones de carros en el mundo porque preferimos la comodidad de nuestro carro al trasporte público. Y todo eso está muy bien.
Todo lo verdaderamente contaminante existe porque existe una demanda significativa por ese producto. No sólo queremos esas cosas, sino que las queremos a un precio razonable. Y lamentablemente, mientras más razonable el precio lo más probable es que más contaminante sea la actividad.
Lo que quiere decir que para lograr cambios significativos se necesita que hagamos verdaderos cambios en nuestras demanda de bienes y servicios, en nuestro comportamiento. No se trata de dejar de volar, no usar nuestros carros, comer sólo comida orgánica, etc. Pero así sean cambios pequeños, se necesitan. Más que dejar de hacer algo, se trata de evitar los excesos. Muchas de esas cosas suenan fastidiosas al principio, pero es fácil acostumbrarse.
¿Exactamente, qué hacer? No me voy a molestar. A estas alturas, todos sabemos qué es bueno y qué es malo para el ambiente. En este caso, alegar ignorancia es sumamente estúpido. Estúpido al nivel de Ren & Stimpy.
Para regresar a la pregunta inicial: Si una sola persona no puede cambiar nada, ¿por qué molestarse?
Fácil. Porque para contar, siempre se empieza por Uno.
Coño, qué frase tan gay. Perdón.
Mi carro es mi santuario musical. Ahí aprovecho para escuchar música sin que nada ni nadie me distraiga (excepto el ocasional peatón atropellado; nadie es perfecto). La música que he estado escuchando esta última semana me tiene pensando en cómo algunas muertes prematuras cambian el curso de la historia, y para efectos de este post, de la música. Sin necesidad de pensarlo mucho, me vienen a la mente Jimi Hendrix, Keith Moon, Sid Vicious, John Lennon, Bob Marley, Cliff Burton y John Bonham.
El disco que me tiene pensando en eso es el concierto de The Allman Brothers Band de 1971, At Fillmore East.
¿Quién?
Sí, sé que muchas personas no han oído hablar de ellos. Seguramente tampoco han oído hablar del guitarrista de la banda, Duane Allman (video), quien murió en 1971 en un accidente de moto a la madura edad de 24 años. Hoy en día sigue siendo considerado uno de los mejores guitarristas de las historia, a pesar que del momento en que grabó su primer disco hasta su muerte pasaron apenas seis años. Si lo que Allman le hacía a la guitarra fuese un acto sexual, sería el mejor acto sexual en la historia de las especies de este planeta, y seguramente estaría prohibido en los países islámicos (si no me crean vean el video, al menos desde 1:30 hasta 4:00).
Escuchando a Allman no puedo evitar pensar en todo lo que nos perdimos con su muerte, al igual que los músicos que nombré antes. Pero también hay casos en los que no estoy tan molesto porque esa persona haya muerto. No quiere decir que no me guste esa persona o su música, ni que no me parezca mala su muerte prematura. Esa persona es Kurt Cobain. Era un gran compositor y su banda era excelente. Pero eso no compensa algo terrible que nos hizo.
Kurt Cobain mató el Rock & Roll. Imagínense que el Rock & Roll era una ardilla indefensa paseando por un parque. Cobain apareció de la nada y la pateó tan fuerte que Rock & Roll voló varios metros antes de caer. Pero Rock & Roll aún no había muerto. Estaba tirado en el piso, en una piscina de su propia sangre. Cobain se acercó a Rock & Roll, y mientras este se aferraba desesperadamente a su vida, Cobain lo acarició y consoló. Ocurrió tal cual como lo cuento, con la única excepción de que en vez de consolar y acariciar a Rock & Roll, Cobain alzó una piedra del tamaño de un televisor y la tiró sobre Rock & Roll. Luego tomó el cadáver con un periódico para no ensuciarse la manos y lo lanzó en un basurero, no sin antes asegurarse que en este hubiera suficientes ratas para devorar completo el cadáver de Rock & Roll. Regreso diez minutos después, roció el basurero en gasolina y lo encedió. Sólo para estar seguro.
Gracias a Kurt Cobain, es aceptable que un rockero sea sensible, emocional y esté en contacto con sus sentimientos. No hay nada de malo en eso, siempre y cuando sean tan talentosos como él. Pero no lo son. No están ni cerca.
Los deberes de una estrella de rock son Pelear, Beber y Fornicar. La frase Rock & Roll significaba antes “tener sexo”. En cambio tenemos músicos vegetarianos que hacen yoga. Tenemos músicos que hace mucho dejaron de innovar, y se conforman con hacer música derivativa (sí, Bono/U2, es contigo). No me jodan. Keith Richards debe estar revolcándose en su tumba. Si estuviera muerto.
La definición de una estrella de Rock es bastante sencilla: desgraciados egoístas que no respetan nada, excepto sus propios vicios. Aún tenemos gente así en la música, sólo que ya no están en el lado del Rock sino del Hip-Hop. Todo lo bueno del Rock se mudó al Hip-Hop hace más de diez años. Se los dice alguien a quien no le gusta el Hip-Hop. Jay-Z es un desgraciado. P-Diddy, con todas sus mariqueras, también es un hijo de puta. Ambos podrían matar con sus propias manos a cualquiera de los imbéciles de Good Charlotte, o mandar a cualquiera de sus subordinados. Por eso es que el Hip-Hop es el rey de las carteleras y radios. Estos tipos se llevan fanáticas a sus casas, les dan una que otra pastilla para drogarlas de ser necesario, se las cojen sus amigos, las dejan tiradas en la calle a las 5am, y las fanáticas se van contentas. Coldplay nunca trataría tan mal una mujer, y por eso es que Coldplay es una mierda. Necesitamos estrellas de Rock que estén dispuestos a degradarse y degradar a todos a su alrededor.
Es por eso que en esta década no ha surgido una banda que recordaremos en 20 años, una que verdaderamente haya dominado la escena del Rock. Esta falta de bandas nuevas la mencionó hace unos meses Slave en su blog –de los mejores blogs de música– De Todo Hay en La Viña del Señor:
La música se ha desarrollado tan poco en los últimos tiempos que aun hoy casi diez años después no ha surgido la banda de rock and roll definitiva de esta década.
Muy, pero muy pocas de las bandas que hoy están haciendo Rock decente se formaron en la década de los 90. Para ser más preciso, con contadas excepciones, ninguna de estas fue formada después del suicidio de Cobain en 1994. Incluso muchas de las que nacieron en los últimos 15 años no son verdaderamente nuevas, nacieron de otras bandas separadas (Foo Fighters, Velvet Revolver, Audioslave). Las bandas que deberían haber dominado esta década tenían que formarse en los 90, al igual que las que dominaron los 90 se formaron en los 80. Piensen en las grandes bandas de hoy. Prácticamente todas nacieron en los 80. Tenemos una década de retraso, y como siempre decía cada una de mis ex-novias antes que las dejara, y cambiara de casa y teléfono: “Tener un retraso es mala señal”.
Todo es culpa de Cobain. Muchos de ustedes habrán escuchado el calificativo Emo. Esos carajitos melodramáticos que siempre se están quejando de lo mala que es su vida, odian todo y a todos porque va con su fachada de desaliento, y su concepto de algo digno de una estrella de Rock es que les receten antidepresivos. Kurt Cobain fue el primero. Sé que no soy el primero en decir eso de Cobain. Aquellos que no lo crean, salgan de su negación, fue él. Kurt Cobain es el Pelé de los Emo: El mejor de todos los tiempos. Aunque no lo sepan ni los Emo ni los fanáticos de Cobain, la realidad es esa.
No quiero escuchar “Wahhh estoy deprimido”, “Wahhh mi papá me pegaba”. Coño, si no tienen bolas, por lo menos que pidan unas prestadas. Si algún día tengo un hijo, yo no quiero que aspire a ser una de estas niñitas. Por años las reglas estaban claras: si tuviste una infancia terrible y quieres buscar un escape en la música, tienes que instalar una falsa fachada de arrogancia y compensar tu tristeza cogiéndote a todas las fanáticas que puedas mientras aspiras cantidades de cocaína suficientes para matar un caballo. Eso es ser una estrella de Rock. Cualquier cosa menos que eso es ser James Blunt, y James Blunt es una mierda.
¿Recuerdan el nuevo blog que mencioné hace unas semanas? Les dije que había estado muy ocupado, y que estaba preparando un nuevo blog (sin que afecte La Cagada).
¿Lo recuerdan?
Si lo recuerdan, muy bien por ustedes. Si no lo recuerdan, no importa, porque el nuevo blog no está listo.
La que sí está lista es mi cuenta en Twitter: @pedro200
Ya he añadido en Twitter a algunos bloggers que leo, y cuando sepa las cuentas de los demás haré lo mismo.
Así que si necesitan ensuciar un poco su feed de Twitter, no duden en añadirme. No los decepcionaré.
(Ya había añadido algunos bloggers con otra cuenta, @votaporpedro, pero por razones que me da flojera explicar, abrí una cuenta nueva).
En un mes se casa uno de mis mejores amigos, Private Pyle. Luego de comenzar la noche en una casa viendo el juego Venezuela-Chile y tomar cervezas baratas antes de pagar whiskey caro, fuimos un bar de strippers.
Junto con la botella de whiskey que pedimos, traen maní. ¿Comer en el puticlub? Sólo para valientes. “10 Bs al primero que coma ese maní”. Nadie acepta mi reto. “20”. Nada. “50”. Telly Savalas, el más tacaño de la mesa, extiende la mano pero se arrepiente antes de tomarlos. “No sólo no vas a comer algo que es gratis, ¿sino que rechazas dinero por hacerlo? Ese no eres tú”. Telly no apreció mi comentario. Mientras decía esto vi cerca de nuestra mesa un tipo bailando merengue con una de las prostitutas. “¿Por qué, acaso necesita seducirla?” Telly me explica que así puede meterle mano sin pagarle. “Telly, tacaño, ¡no has cambiado! ¡Qué bien!”. Telly no apreció mi comentario.
Pronto empieza el primer show, y algo nos tiene confundidos. Algo que destruye todos los paradigmas de un bar de strippers. Algo tan inversosímil que hace temblar los cimientos de la cultura occidental. A la tarima central, cerca de la cual está nuestra mesa, suben seis mujeres vestidas como bailarinas africanas/brasileñas/caribeñas/no-me-importa con unos palos de madera en la mano. Pero hay algo en la tarima que sencillamente no debería estar ahí. Aparte de dos de las mujeres, que eran demasiado feas.
Un hombre.
¿Qué coño hace un hombre bailando con las mujeres? ¿Qué coño de madre? ¿Dónde están escondidas las cámaras del show Loco Video Loco?
Ofrecí a la mesa una teoría para explicar esto: es el coreógrafo, y es gay. Cuando termina el show mis amigos apoyan mi teoría. Las razones son sencillas. Primero, el baile fue demasiado elaborado y complejo para un bar de este tipo. Parecía un show de Disney-On-Ice del Rey León. Segundo, las mujeres no se quitaron ni una prenda. Sólo a un hombre gay se le ocurre un baile en un bar de strippers en donde las mujeres no se quitan ropa, y sólo a un hombre gay se le ocurre bailar en un bar de strippers para hombres heterosexuales. Tucán Sam no quería venir a este bar, sino a otro llamado Divas. Apoyado por la debacle del show, dice por décima vez “!Hubiéramos ido a Divas!”.
Como he dicho antes, los hombres podemos identificar a la mujer que está más buena en lugar en 2,76 segundos, así que ya la habíamos identificado al llegar. Pero una señorita que no habíamos notado pasa cerca de la mesa. Su nombre era Si No Fuera Puta Sería Miss Venezuela. Uno de mis amigos indicó acertadamente que no parece tener más de 22, o 23 años. Mi amigo R. Kelly nos dice “Ojalá no tenga más de 18”.
Silencio incómodo en la mesa. Muy incómodo.
Nuestra opinión de otras señoritas no era tan homogenea. Como bien saben ustedes, los gustos entre hombres pueden variar significativamente. Una prueba de esto se presenta cuando un mujer pasa cerca de nuestra mesa, y alguien dice “¡Qué buena está esa mujer”, mientras otro dice simultáneamente “Miren, Miss Anorexia”. Estoy de acuerdo con el segundo. Con seguridad conocen personas que les gusta disfrazar a sus mascotas en Carnaval. Parece que alguien le puso un bikini a un galgo.
Al pasar el galgo se sentó en nuestra mesa una meretriz. “Hola, me llamo María Fernanda”. ¿Cómo? ¿Seguro no te llamas Azabache, Marilyn o Cassandra? Nos dijo que estudia Contaduría Pública, tercer semestre en una universidad/instituto que nunca he escuchado. Eso no me impide ser un poco cruel y decirle “Ah, qué casualidad, mi hermano es profesor de Contaduría ahí”. María Fernanda se mostró un poco asustada por mi comentario.
Además de ser un desgraciado, hice ese comentario para que María Fernanda me dejara en paz. En Venezuela todos los bares de strippers son también burdeles. Ir a un bar de strippers es divertido hasta el momento en que se sientan prostitutas en la mesa para que les inviten tragos, o más. Si no pago por sexo, menos aún voy a pagarle tragos a prostitutas. No me mal interpreten, siempre he sido un entusiasta de las artes, especialmente aquellas en que mujeres se quitan la ropa, pero odio esas conversaciones. Es hablar con alguien que te quiere vender algo que no tienes ningún interés en comprar.
María Fernanda habló con Private Pyle por unos minutos, y no hay forma de hacerle justicia a lo incómoda que fue la conversación. Cuando le preguntó qué estabamos haciendo ahí no le quiso decir la verdad –que estabamos ahí para el funeral de sus testículos– sino que “queríamos salir a pasar un buen rato, ver gente bonita”. Gente bonita. Le pudo decir que quería “ver mujeres desnudas para decidir de una ver por todas si era o no homosexual”, visitiendo una camisa de lentejuelas rosadas, y no hubiera sonado tan homosexual. Después que ella se fue, Private Pyle no tardó en hacer el comentario más desagradable y cómico de la noche: “Creo que esa puta se fue de aquí mareada, porque me estoy cayendo a peos”.
Mis amigos derrochan clase en cada oportunidad que se les presenta.
Pronto aparecieron las carroñeras. Es decir, las mujeres más feas. Les digo carroñeras porque no entiendo como alguien se puede interesasr por ella cuando hay 20 mujeres mucho, mucho más atractivas en el bar. Toman las sobras que dejan las demás. Creo que estas mujeres sólo consiguen clientes cuando un hombre está demasiado borracho, no tiene dinero para pagar otra prostituta, o están demasiado desesperados. O todas las anteriores. Estoy seguro que cualquier transacción de negocios con estas mujeres siempre empieza con la frase “Tengo 300Bs. y una erección, ¿qué vamos hacer al respecto?”.
Las cosas empiezan a mejorar con el segundo show, antes del cual la presentadora advierte que “Está prohibido tomar fotos o grabar videos con cámaras o celulares…”, a lo que R. Kelly responde alzando la voz “¡¿Qué?!¿Y cómo coño me voy hacer la paja cuando llegue a mi casa?”. El alcohol es una droga maravillosa. Este show incluye a Si No Fuera Puta Sería Miss Venezuela, así que finalmente estamos viendo algo que vinimos a ver. Tucán Sam: “Qué bueno que no fuimos a Divas”.
El show tenía como música canciones de Metallica. Mi amigo Waldo nos informa que la primera es No Leaf Clover, del disco S&M, y la segunda es Nothing Else Matters, aunque todos sabíamos. Estos comentarios, unidos con los otros que había hecho durante la noche participándonos que “El DJ es una mierda” me llevaron a preguntarle “¿Viniste por las tetas o por la música?”. Waldo no apreció mi comentario.
Después del show camina cerca de nuestra mesa alguien que no puede faltar en un bar de este tipo. Es la mujer que inevitablemente nos obliga a comentar “Parece un hombre”. Me quedé esperando que He-Man entrara por la puerta a matarla. Tucán Sam: “¡Hubiéramos ido a Divas!”.
Tarde pero seguro, llega Barney Stinson, el hermano menor de Private Pyle. No lo conocemos mucho, pero sabemos lo suficiente. Para sorpresa de nadie, llega saludando a varias de las mujeres por su nombre, y todas le responden cariñosamente. Las conoce tan bien que parece que trabajaran para él. Por un momento pensé que le iba a pegar a alguna, mientras le gritaba “¡¿Dónde está mi comisión?!”
Lejos de nuestra mesa vemos a seis mujeres vestidas de africanas/brasileñas/caribeñas/no-me-importa. En un chiste que sólo venezolanos pueden entender, el pana Media Birra nos advierte “Coño, maldita sea, ahí viene otra vez el ballet de Marjorie Flores”. Cuando termina el show el presentador toma el micrófono y empieza a cantar rancheras.
No es un chiste. El tipo cantó rancheras por diez minutos mientras se paseaba por todo el lugar. Al terminar se acerca a nuestra mesa a “obsequiarnos” unos CD. Dijo “obsequiarnos” porque después de repartirlos por la mesa nos pide un “obsequio” por los CD. Todos le regresamos los CD, excepto Media Birra, a quien le dije sin que el cantante escuchara “Explícame algo: ¿No les invitas un trago a una stripper pero si le compras un CD al mariachi?”. No le pareció gracioso mi comentario, aunque a mí me pareció bastante cómico.
Mientras repartía los CD nos dijo que era ecuatoriano, se había mudado recientemente a Venezuela, y que en la carátula del CD estaban sus números de teléfono en caso que lo quisiéramos contratar para fiestas. Dijo que estaba aprovechando estas presentaciones para darse a conocer en el país.
Con una gran sonrisa y de la manera más amable posible, le dije “Amigo, si tu plan para darte a conocer es cantar en un puticlub, déjame decirte que tu futuro es negro”. El alcohol es una droga maravillosa. Waldo no opinó lo mismo: “Hmm, Pedro, creo que es hora de irnos. Suficiente por hoy”.
En un taller de carros (Toyoavila, concesionario Toyota en Boleita, Caracas)
- Señor, son quinientos veinte con ochenta. Aquí tiene la factura.
- ¿Cómo puedo pagar?
-Efectivo o cheque. El cheque a nombre de la compañia que ve en la factura.
-Aquí tiene un cheque señorita.
[La mujer mira el cheque detenidamente]
[Ha pasado un minuto, sigue mirando el cheque]
- ¿Todo bien señorita?
- Espere un momento, por favor.
- Claro, cómo no.
[Sigue mirando el cheque]
[Lo mira más]
- Disculpe señor, va a tener que hacer otro cheque.
- ¿Me equivoqué en algo?
- Si, escribió quinientos veinte con ochenta centavos.
- Ese es el monto que dice la factura.
- Es que escribió “centavos”.
- No entiendo.
- No son centavos, son céntimos.
- ¿Cómo?
- Es que escribió centavos, pero son céntimos.
- Señorita, es lo mismo, son sinónimos.
- ¿Cómo?
- Sinónimos, señorita, quiere decir significan lo mismo.
[Me mira con cara de desconcierto por unos segundos]
- No puedo aceptarle el cheque así.
- Céntimos, centavos, es lo mismo. Significan lo mismo.
- No.
- Cien céntimos es un bolívar. Cien centavos es un bolívar. ¿Me entiende?
-Si, le entiendo.
- Ok, perfecto.
[Me mira con cara de desconcierto otra vez]
- Va a tener que hacer otro cheque.
[Escribo otro cheque. Quinientos veinte con ochenta céntimos]
- Tome.
- Gracias.
- No, gracias a ti.
Hace tres años visité a un amigo que estaba viviendo solo en Daytona. Yo llevaba unos dos años viviendo solo en Londres. Mientras me enseñaba su apartamento, tuvimos una conversación llena de frases aterradoras.
“Ah, tienes secadora, yo no, que mierda”.
“Si, yo también tengo toallas oscuras y el baño siempre está forrado en pelusas oscuras”
“Mira estos platos, son de cerámica pero irrompibles” [lanza el plato al piso, no se rompe]
“Si tuviera lavaplatos como tú no tendría que pedir pizzas todos los días para no tener que lavar platos”
Luego de unos minutos, me pegó. No mi amigo, sino una nueva realidad. Al igual que una novia abandonada que me descubre acostándome con su mejor amiga, me pegó duro y repetidamente. Volteé hacía mi amigo.
- Mierda. ¿Qué coño pasó? –le dije preocupado.
- ¿Qué? –preguntó sin entender de qué le hablaba.
- Recuenta la conversación que acabamos de tener.
- Mierda.
Algo terrible había pasado. Teníamos meses sin vernos, y nuestra primera conversación no tuvo nada que ver con deportes, mujeres, alcohol, tomar alcohol mientras vemos deportes, o ignorar a la novia para beber mientras vemos deportes. Lavaplatos. Toallas. Hábitos de limpieza de la casa. Espeluznante. Lidiamos con todo eso de la única manera que conocemos: lo ignoramos.
Dos de mis mejores amigos se casan en los próximos meses. Uno de ellos se casa con Esa Mujer Con La Que Tu Amigo Sale Por Demasiado Tiempo A Pesar Que Ella Es Un Ser Humano Repugnante Y Ni Siquiera Está Buena Como Para Justificarlo, y todos tus amigos en común te dicen “Esa loca es insoportable. Deberías hacer que terminara con ella”, y tú piensas que las cosas caerán por su propio peso, y pronto ya han pasado varios años y ya nadie llama a este amigo para salir, porque no quieren que traiga a la novia, y si la novia no puede venir tampoco tiene sentido llamarlo porque ella no lo va a dejar venir solo.
Ya no tengo dudas. Jamás podré enseñar este blog a mis amigos.
Este post no se trata de “!Todos mis amigos se están casando! ¿A dónde se fue el tiempo? !¿Acaso nadie se da cuenta que Madonna dejó de ser atractiva hace más de 10 años?!”. Creo que ese post ya lo escribí. Hace unas semanas, mientras considerábamos las distintas opciones para las despedidas de soltero, un amigo le hizo a los futuros esposos una pregunta que ninguno de nosotros había hecho en el año que ha pasado desde que anunciaron sus compromisos: “Por cierto, ¿cómo le pidieron matrimonio a sus novias?”.
Sé que para las mujeres es inconcebible que ninguno de sus amigos más cercanos se haya molestado en preguntarles. Mientras a las mujeres le asignan bastante valor a esos detalles, a nosotros los hombres –¿cómo decirlo delicadamente? – no nos importa. Este desinterés no es uno lleno de rabia o desprecio, como sí lo puede ser el que se tiene hacía la vida de ciertos presidentes latinoamericanos. Es más un desinterés descuidado, sencillamente nunca nos pasó por la cabeza.
Cuando nos dijeron que se casaban ambos anuncios fueron recibidos de la misma manera: los felicitamos, palmadas en la espalda, levantamos nuestro tragos para brindar, y seguimos hablando de deportes o de la mujer en la esquina que está buenísima y tiene cara de fácil y te juro que si no estuviera tan borracho que necesito apoyarme de la pared para no caerme iría a hablarle.
Uno llevó a su novia a uno de los mejores (leáse: caro) restaurantes de la ciudad, con vista de toda la ciudad. El otro sacó a toda su familia del apartamento por una noche y lo llenó de rosas y velas.
Qué lindo.
No sabíamos nada de esto. Sólo en el caso del segundo sabíamos que cuando salieron del apartamento para llevarla a su casa, unos ladrones lo interceptaron en el estacionamiento del edificio. Los mantuvieron encerrados en su carro y apuntados con pistolas mientras subían a llevarse las cosas de valor. Lo que me decepcionó enormemente. Pensaba que a la hora de castigar por cometer estupideces, Karma trabajaba de formas más sutiles y subrepticias. Verla trabajar de una manera tan obvia me hizo perder todo el respeto que tenía por esa perra.
Mientras escuchaba sus historias y miraba incrédulo a mis otros amigos reírse de las divertidísimas situaciones que vivieron este par –“Tenía el anillo en el bolsillo derecho porque soy diestro, pero en el carro me di cuenta que ella podría notar el bulto de la caja en mi bolsillo desde el asiento del pasajero. ¡Oh Dios que risa!” – no podía dejar de pensar en dos cosas:
Uno
Mujeres, supongan que tienen un novio extraordinario. Como he dicho antes, entiendo que puede ser difícil imaginar un mundo en que algún hombre las encuentre atractivas, o que existan hombres extraordinarios, pero dejen eso a un lado por un momento. Este tipo es especial. Tan atractivo que no lo quieres presentar a otras mujeres, a pesar de que para poder acostarse con él estas tendrían que idear alguna manera de violarlo, porque es tan fiel que es incapaz de siquiera tener una erección con otra mujer.
Tiene un excelente trabajo y una carrera prometedora. No tienes que lidiar con asuntos emocionales de su pasado. Se viste bien (aunque podrías ayudarlo un poco, porque aunque Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, ustedes no son felices hasta que lo remodelen a la suya). Baja el asiento de la poceta, en la cama siempre acaba después de ti, compra regalos con frecuencia, y nunca mira los senos de otras mujeres.
No, no es homosexual, es un caballero.
Llevan suficiente tiempo juntos. Cada viaje de vacaciones esperas ansiosa que aproveche la oportunidad para pedirte matrimonio en algún lugar romántico. Tus padres ya tienen nombres para sus hijos. Se lleva excelente con tus amigos.
Por fin llega el momento. Se pone de rodillas, saca un anillo con un hermoso diamante, y te pide pasar el resto de su vida a tu lado.
El único problema: están comiendo en McDonald’s.
Es el momento de la verdad. No puedes pedir que lo intente en otro momento. ¿Aceptas, o tus principios te hacen rechazarlo?
Si lo aceptas, todas tus amigas y familiares van a decir cosas como “Déjame adivinar, Carlos te llevó a Paris de sorpresa, alquiló un barco y cuando paseaban el Sena frente a la Torre Eiffel te pidió matrimonio”; o “Te dijo que iban a la boda de un familiar, pero cuando llegaron al salón de fiestas estaba vacío, excepto por la Orquesta Filarmónica de Viena que tocó para ustedes tu canción favorita, ‘Smack My Bitch Up’ de Prodigy, que es particularmente difícil para los violinistas”, y tendrás que responder “No, estábamos en McDonald’s, al mediodía cuando está lleno, entre sorbos de Nestea aguado, y luego de discutir por cinco minutos su argumento de que no debí ordenar un combo tan caro de 35Bs. sino una de las hamburguesas pequeñas que estaban en promoción a 12Bs.”
Así que, ¿qué escogen? ¿Perder al amor de su vida, o humillación y vergüenza?
Dos
Mierda. ¿Qué coño pasó?
He estado un poco alejado del blog porque viajé a lugares donde aparte de mi fiel BlackBurro, la potencia de estos intertubos no estuvo a mi alcance. Estoy bastante ocupado. Estoy “trabajando”, y también preparando un nuevo blog. Algo distinto a este blog. Seguiré cagando en La Cagada, nada por aquí va a cambiar. Pero lo que viene en el otro blog es, como yo diría borracho, güeno.
Mi viaje no merece una crónica completa, pero si un ensayo fotográfico corto. Eso, o tengo flojera de escribir. La excusa que más les guste.
Me encanta viajar, pero odio los aviones. No tengo miedo de volar. Por lo general estoy dormido antes del despegue. Pero si hay algo que odio de viajar en un avión es no caber en esos asientos. Esas son mis piernas, con las rodillas pegadas al asiento de adelante. Siempre es igual. Malditas aerolineas y sus asientos para gente normal enanos.

No tomé fotos de esto, pero cada vez que veo a las aeromozas haciendo la demostración de emergencias, recuerdo el carácter afable y congenial de mi hermano. Durante una de estas demostraciones en un vuelo de Iberia estabamos hablando sin prestar atención, y una aeromoza española se acercó a regañarnos por no ver la demostración:
- Disculpen, no hablen durante la demostración, deben…-empezó a decir la aeromoza.
- Sí, gracias, estamos en medio de una conversación -la interrumpió mi hermano.
- Pero es que usted debe prestar atención…
- Ya he visto esa demostración mil veces. Le agradezco no nos interrumpa, ¿no ve que estamos hablando? -le dijo mientras le daba la espalda.
- Señor no puede hablar durante…
- ¿Señorita puede dejarnos en paz? Gracias.
- Señor, deben…
- Nosotros no debemos hacer nada. Gracias. Adios.
Si alguna vez tengo que huir otra vez del país por alguna razón, voy a escapar a través de este aeropuerto, El Vigía. Rodeado de sembradíos de palma de aceite, con unas instalaciones más pequeñas que mi gimnasio, y con un pequeño cementerio de aviones inservibles. El único avión más grande que un autobus era en el que llegué. ¿No les grita “Aeropuerto Exclusivo Para Narcotráfico y Prófugos”? A mí sí. (click en la foto para agrandar)
Vi esta estatua de Bolívar en la Plaza Bolívar (¡en serio!) de un pueblo por el que pasé. Tomé la fotos de lejos con mi celular.
Sé que no se puede apreciar bien, pero créame cuando les digo que Bolívar parecía uno de estos tipos:
Lo que más asusta no es eso, sino que si cierran los ojos un poco y dejan su imaginación volar otro poco, y dependiendo de a dónde la dejen volar, Bolívar se parece a uno de estos:
Sí, Leono, o Vanilla Ice.
Luego pasé por otro pueblo y vi otra estatua de Bolívar. Sorprendentemente, esta también estaba en una Plaza Bolívar. De nuevo, tomada de lejos.
No se ve bien porque además de tomar la foto de lejos, la estatua era bastante, bastante pequeña. Tan pequeña que me pareció necesario señalarles en la foto dónde está la estatua. Parecía que alguien hubiera robado la verdadera estatua de Bolívar, reemplazándolo por esto:
¿Recuerdan lo que les dije arriba sobre el aeropuerto de El Vigía? Regresen a leer, yo los espero.
Para Narcotraficantes y Prófugos. Retiro lo dicho. Las tarjetas de embarque son imposibles de falsificar, y contienen identificadores biométricos. No puedo creer como ha avanzado la tecnología de seguridad en los aeropuertos de nuestro país. Gracias, gobierno. (click!)
El viaje no podía terminar sin un buen chiste. Este lo leí en el aeropuerto de regreso en Caracas. Casi me meo de la risa. No sabía que la Guardia Nacional tenía tan buen sentido del humor y manejo del sarcasmo. Deberían abrir un blog.
Han pasado varios segundos desde que terminó de leer el cuento. Antonio no se inmutó cuando su padre leyó el final. A decir verdad, su expresión no ha cambiado desde que se acostó a escuchar el cuento.
Hace casi siete años que nació y aún no deja de sorprenderle lo poco niño, lo poco infante que es su hijo. Mientras otros niños juegan con carros de juguete, matan extraterrestres en juegos de video, ven dibujos anímados japoneses con animales antropomorfos, Antonio siempre ha sido un pájaro raro. Una cebra sin rayas. Una ballena… flaca, adivinó su padre, fallando en completar el triatlón de metáforas cliché relacionadas con animales que involuntariamente había comenzado en su cabeza.
“Lo amo, es mi hijo,” diría él. “Pero, bueno, ustedes saben.”
Mientras espera alguna reacción de Antonio, la mirada de este es demasiado contemplativa para un niño de su edad. De cualquier edad, en realidad. Quiere preguntarle qué está pensando, pero le consume el miedo de que diga algo extraño, y no pueda seguir ignorando lo raro que es. Podrían pretender por unas horas más, mientras duerme. A menos que durmiera debajo de la cama, lo cual viniendo de él era enteramente posible. Coño, que niño tan extraño.
“Hijo, ¿en qué piensas?”
“En mi cumpleaños, padre”
¿Qué niño no piensa en su cumpleaños? ¿Será que no todo está perdido?
“¿Qué piensas sobre tu cumpleaños?,” le dijo sonriendo por primera vez desde que entró a la habitación.
“Mi regalo”
Maldita sea, no le hubiera preguntado. Cumple en unos días, lo que sólo sirve para asustarlo. Hace dos años pidió un juego de cocina que incluyera al menos tres woks de acero al carbono ya que quería experimentar un poco en “Fusión Asiática”. Le tomó unos minutos entender que con Fusión Asiática su hijo no se refería a la bomba atómica de Hiroshima. A falta de dinero para poder comprar esos utensilios, le regaló varios G.I. Joe. No sólo porque un amigo los vendía de contrabando, a buen precio, sino porque quizás. Quizás. Pero Antonio sólo se mostró interesados en ellos una vez.
Sabía que no debería preguntar esto si quería dormir esta noche. No podía olvidar el año pasado, cuando Antonio le pidió una centrífuga para su cumpleaños. Vendió su moto para poder pagarla, porque cómo no consentir a tu hijo. Más aún si, como le hizo saber, la habitación de juguetes que le preparó cuando nació, llena de carritos y pelotas, no podría considerarse un laboratorio serio sin una centrífuga. Sabía que no dormiría si no preguntaba.
“¿Y ya sabes qué quieres?,” le preguntó tratando de disimular sus temores.
“Si. Quiero un cachorro, un perrito,” respondió Antonio después de una breve pausa.
Dios. ¿Será posible? Todos los niños quieren un perro. Antonio quiere lo que cualquier niño corriente. El niño que usó los G.I. Joe como títeres para presentar una versión abreviada de Rodelinda la pasada navidad, no sin antes disculparse con todos los invitados por “no tener el mismo rango vocal de Andreas Scholl, quien interpretara a Bertarido en la memorable interpretación de esta ópera barroca de George Frideric Handel en el Festival de Glyndebourne de 1998”. Ese niño quiere un cachorro.
“¡Qué bien Antonio! ¿Ya sabes qué nombre le quieres poner?”
“Rocky” dijo sin dudar.
Esto no puede estar pasando. No puede creer que no quiera llamarlo como uno de los Diálogos de Platón, de la misma manera que hizo con sus ratones de laboratorio. Crátilo, Parménides, Teeteto. Que en paz descansen. Apenas dijo que quería un perro, había asumido que los años siguientes estarían llenos de episodios en los que su hijo salía a la calle a gritar “República”.
“Quiero un San Bernardo.”
Es un perro grande, y su humilde casa pequeña. Nada de eso importaba, porque esto era sólo el comienzo. En unos meses Antonio será distinto. Normal. Lo llevará a jugar con otros niños y ya no se quejará de que cerrar los ojos mientras cuenta al jugar al Escondite es “la manera menos eficiente de jugar.”
Quizás podría demoler la terraza del pequeño jardín y sembrar grama para que Antonio pueda jugar con Rocky. Tendrían que apretarse el cinturón para pagar esa remodelación, sin duda, además de trabajar de taxista los fines de semana con el carro de su suegro. Esa terraza es su lugar favorito, donde puede acostarse en su hamaca a descansar antes de la cena.
Pero, ¿qué importaba todo eso? Si su hijo quería un San Bernardo, tendría uno. Un perro, como todos los niños. No podía esperar a contarle a su esposa como había cambiado su hijo, como ya no tendrían que preocuparse de Antonio escapando para vivir solo entre los gorilas en alguna selva africana, como en aquella película. Porque su hijo era un Sotomayor, sí señor, y todavía no había habido ningún Sotomayor extraño.
“¿Y vas a correr con Rocky, darle de comer, jugar en las tardes, acariciarlo?”
“No.”
“¿Por qué no?”
“Lo quiero para otras cosas.”
“Entonces, ¿qué quieres hacer con Rocky”, le preguntó mientras lo arropaba y se inclinada para besarle la frente.
“Voy a matarlo y disecarlo al estilo de la exposición Bodies.”
El coño de su madre.














