noviembre 21, 2011

Tosca, la tosca

por Pedro

Serie Los Músicos - Oscar Zañartu

Estoy en el Teatro Teresa Carreño viendo la ópera Tosca. La obra va por el segundo acto. El pintor Cavaradossi, novio de la cantante Floria Tosca, una loca celosa, está siendo torturando para que revele dónde escondió a su amigo Angelotti, un prisionero político que escapó de la cárcel. Cavaradossi es duro, nunca entregará su amigo a Scarpia, un policía más malo que Matt Damon en The Departed, Gary Oldman en Leon: The Professional, y Denzel en Training Day, todos juntos. A él no le importa mucho Cavaradossi y Angelotti; lo que quiere es cogerse a Tosca. Ella sabe dónde está escondido Angelotti, pero finge no saberlo porque Cavaradossi le dijo que se callara la boca.

Los gritos de dolor de Cavaradossi son demasiado para Tosca, quien sucumbe ante la insistencia de Scarpia: Angelotti está escondido en el pozo de agua en la casa de Cavaradossi. Cuando Scarpia anuncia que ejecturán a Cavaradossi por su crimen, Tosca está devastada.

[El canto de Tosca en negrillas, lo que yo estoy pensando en cursiva]

He vivido del arte, he vivido del amor,

Cómo te ganes la vida no tiene relevancia en este momento, Tosca. Por cierto, ¿cómo se vive del amor? Si vives del amor, sólo veo dos opciones: te mueres de hambre, o eres prostituta.

¡nunca le he hecho mal a nadie…!

Absoluta y decididamente incorrecto. Tosca, estás usando el pretérito perfecto compuesto del modo indicativo, pero deberías usar el pretérito pluscuamperfecto del modo indicativo, a saber, “Nunca le había hecho mal a nadie”. Bajo tu conjugación se entiende que la situación se mantiene, mientras que en la segunda conjugación se declaran dos acciones: una acción previa a una también pasada. Como acabas de delatar a tu novio ante la policía como un protector de prófugos de la justicia (la acción más reciente), ya no es cierto que no le has hecho mal a nadie (la acción previa). Y sí, delataste a tu novio. Le hiciste daño. Te lo digo de por si acaso aún no te has percatado.

Con mano furtiva
cuántas miserias he conocido,

Imagino que ninguna de esas miserias debe ser peor que la que está sufriendo Cavaradossi. Miseria causada por ti.

he socorrido…

Obviamente has socorrido a todos menos a Cavaradossi, quien te recuerdo, es tu novio. El hombre que tanto amas. Al menos eso dices tú. Tus acciones dicen lo contrario.

Siempre, con fe sincera, mi plegaria

¡Ja! Deberías usar esa frase con Cavaradossi. “Mi amor, te delaté con fe sincera”. Estoy seguro que le va a encantar.

en los santos templos, elevé.

Es obvio que en esta situación Cavaradossi debió también elevar unas palabras a los santos. Algo como “Por favor santos, no deje que la estúpida de mi novia me delate”.

Siempre, con fe sincera,

Porque lo repitas varias veces no va a cambiar nada.

he llevado flores al altar.

No entiendo cómo eso debe ayudarte en este caso. En vez de creer que tu devoción iba a salvar a tu novio, debiste pensar que una manera más efectiva era callarte. ¿Qué esperabas? Si delatas a tu novio a la policía, habrá consecuencias. En el mejor escenario, pasará unos años en la cárcel. Entiendo que la condena a muerte te tome por sorpresa, ¿pero algo le iban a hacer, no? Y tú sabes que Scarpia no es Santa Claus; es más un Keyser Soze que un Gil Grissom.

En la hora del dolor, ¿por qué,

Dolor para tu novio. Tu dolor es incorpóreo, el de él, no. Gracias a ti, si me permites recordártelo de nuevo. ¿Por qué? Creo que ya establecimos el porqué, mi querida Tosca la tosca.

por qué Señor, por qué

¿Qué tiene que ver Dios en todo esto? Él no delató a Cavaradossi. Vaya manera de exteriorizar tu culpa. Es culpa de Dios, claro, no tuya. La que lo delató, perra.

me pagas de esta manera?

Yo conozco personas como tú. Apenas tienen 30 años y ya han pasado por cinco trabajos distintos. Siempre tienen problemas en el trabajo, pero nunca, nunca es su culpa. Siempre tienen un jefe que los odia, o compañeros que conspiran en su contra. Exteriorizan todo lo malo que les pasa, y nunca se revisan el sobaco para ver si quienes huelen mal son ellos. Así que Tosca, permíteme ser quien te lo diga: Tu sobaco apesta. Eres tú quien huele mal, no Dios.

He dado joyas

Basta con los reclamos a Dios. Primero, es evidente que eres tacaña y no diste suficientes joyas. Segundo, dices que diste con fe sincera, pero luego reclamas que no recibiste nada a cambio. Eso no suena muy sincero. Si algo debes reclamarle a Dios, es crearte tan bruta.

para el manto de la Señora,

¿Vas a meter también a la Virgen? Te recuerdo que María nunca delató a Jesús, otro prófugo de la justicia. María era dura, no como tú. Ella, como mínimo, le corta las bolas a Scarpia. Castrado sin aviso, para que aprenda. Le hubiera rayado el carro, y le tiraría el celular en la poceta. Al menos Judas delató a Jesús por dinero, tú delataste a Cavaradossi por débil y estúpida.

y he dado mi canto a las estrellas,

Si yo fuera tú, no diría nada de eso a Dios. Cantarle a las estrellas suena como algo pagano. He visto suficientes películas para saber que al Dios judeocristiano no le gustan los paganos. Tu mundo parece bastante católico, e incluso el tipo más malo de la historia está cantando el Te Deum. El contraste no te favorece, pagana impura.

que brillaban tan radiantes.

Brillaban de ira por tener que soportar tus cantos.

En la hora del dolor, ¿por qué,

Dolor para Cavaradossi. A él lo van a matar, pero tú podrás buscarte otro tonto que confíe en ti.

por qué Señor, por qué

Está bien, te lo voy a explicar con más detalles. Tenías dos opciones: Soportar las torturas a Cavaradossi para evitar que lo condenaran, o confesar para que cesaran hoy pero con consecuencias en el futuro. Es decir, la elección era entre dolor hoy, o castigo mañana. Tú escogiste el presente. Eres cortoplacista, como un típico político latinoamericano. Por gente como tú es que estamos mal. En jargón económico, usaste una tasa de descuento bastante alta a la hora de comparar entre ganancias en el futuro versus ganancias en el presente.

me pagas de esta manera?

Sé que aún no termina el segundo acto, pero, ¿qué tal si nos adelantamos un poco y te suicidas de una vez? Es lo menos que puedes hacer. No veo otra salida honorable para ti. Quizás podrías ofrecer acostarte con Scarpia a cambio de la vida de Cavaradossi. Pero eso no es honorable, y además, seguramente no será suficiente para que Scarpia acepte perdonarle la vida a tu novio. Verás, Tosca, no eres bonita. Así que, sí, suicídate de una vez.

[Tosca termina de cantar sus lamentos, el público explota en aplausos, y yo miro hacia los lados, incrédulo y molesto.]

¡¿Qué hacen?!  ¿Por qué aplauden a esa bruta? ¡Van a matar a Cavaradossi por culpa de esta infante intelectual! Es que acaso no entienden, ella es… Oh, ya entiendo, están aplaudiendo la interpretación de la cantante, a la actriz. No a Tosca, el personaje imaginario.

[Me paro, haciendo mi mejor intento de fingir admiración, y aplaudo]

noviembre 12, 2011

Creí que los adultos seríamos más inteligentes

por Pedro

Girl with a White Dog, 1950-1 - Lucian Freud

“Intenso, divertido, que me haga reír, hábil, interesante, profundo, misterioso, apasionado, emocionante, ambicioso, seguro de sí, que me vuelva loca, carácter firme, enérgico, que se abra emocionalmente, algo impredecible, impulsivo, con agallas, entienda mis sentimientos, intrépido, aventurero, con hambre de conocimientos, que me ponga en mí lugar cuando lo merezco…”

Esos son algunos de los adjetivos que escucho de mujeres describiendo el hombre que buscan, y son sólo los que se refieren más o menos a cualidades y rasgos de la personalidad. Hay otro grupo de descripciones que están más relacionados a los gustos del hombre:

“Que lleve una vida activa, le guste probar cosas nuevas, practique al menos un deporte, le guste viajar, que lea bastante, sepa de música buena, le guste ir al teatro y las películas que no sean de acción, que no sea aburrido sino súper divertido, y otros detalles que ayudan, como que le gusten más la Pepsi que la Coca-Cola, que su enano favorito sea Gruñón, le gusta el café con azúcar morena …”

Están bien. Nada fuera de lo esperado, excepto por esos últimos que aunque suenen a broma, es común escuchar descripciones así de precisas. Estoy tratando de pensar en qué tipo de hombre representan esos grupos de descripciones y sólo se me ocurren James Bond y Batman, si estos además fueran sensibles y cultos. Esos hombres (y mujeres) que son todo a la vez sólo existen en las películas. Si le preguntáramos a un hombre qué busca en una mujer, escuchamos descripciones que coinciden en varias cosas a las mencionadas arriba, más algo sobre el tamaño de los senos; así que vale la pena una aclaratoria: Mi observación es válida para ambos sexos, pero seguiré refiriéndome a las mujeres porque me da flojera hacer esta aclaratoria constantemente.

Me llama la atención no lo que está ahí, sino lo que siempre falta: “Que sea buena gente”. Saben, que no sea un perfecto coño de su madre. Un buen ser humano. Creo que es importante. ¿Han visto a una persona pensar en voz alta y decir “Quiero conseguir alguien que sea buena persona”? Nadie parece aspirar a eso; suena muy aburrido. Decir que alguien es “buena persona” es bastante general, pero creo que todos entienden a qué me refiero. No tiene que ser la Madre Teresa o Nelson Mandela, ni rescatar caballos abandonados (a las mujeres les encantan los caballos), basta con que sea alguien que te respete, no electrocute perros, no haga daño a otros voluntariamente, tenga la disposición para identificar situaciones en la que podría hacerlo involuntariamente, no emplee niños huérfanos en su pujante negocio de tráfico de drogas, y demás cualidades cuasi sinónimas (lealtad, honestidad, etc.).

Lo sé, lo sé: “Eso no hay que decirlo, es lo más importante. ¡Tanto así que está implícito!”. ¿Estamos seguros que lo está? Cada vez lo dudo más. Decir que está implícito es una pobre excusa. Si está implícito, si todos queremos a un persona buena gente, ¿por qué las cosas en esas listas parecen pesar más?

Sí pesan más. Una muestra es la declaración frecuente que hacemos al terminar una relación. Decimos “Ahora quiero alguien que sea ________”, muchas veces en respuesta a lo que tuvieron antes y no resultó. Buscamos lo contrario a la persona con la que tuvimos una mala experiencia. Si estaban con el deportista, ahora quieren el intelectual, y si estaban con una persona celosa, ahora quiere una indiferente. Pero después que nos jode un puerco amoral, no aplicamos lo mismo. Rara vez escuchamos “Mi pareja anterior era un asco de persona, ahora quiero una buena persona, no importa tanto lo demás. Alguien me trate bien”. Quiero que le guste esto, quiero que haga esto, quiero que me lleve allá, quiero que hagamos tal cosa, quiero que me haga sentir así. Nunca “Quiero un tipo decente”.

La compatibilidad entre personas nunca será (ni debe ser) perfecta. Habrá cosas que tenemos en común con nuestra pareja y otras que no, y algunas cosas nos gustarán de ellos mientras que otras nos dan ganas de escupirle en un ojo (cariñosamente, claro). Una buena relación se construye sobre confianza, intereses comunes (importantes), y buen sexo. Una mala relación se construye sobre rasgos y gustos sin importancia. Escoger una pareja también significa aceptar diferencias y deficiencias. Quieres un hombre que lea, le guste viajar y probar deportes extremos, pero el que conseguiste le encanta leer desde el confort de su sofá. Lo aceptas y sigues adelante con tu relación. Eso lo entiendo. No se puede ganar todas las batallas, y hay muchas que debemos negociar.

En esas listas de arriba, es comprensible que todos esos elementos puedan ser negociables. Lo sorprendente es que “Buen ser humano” lo sea también. Es el único elemento que no debería serlo, pero parece que estamos dispuestos a ignorarlo si la pareja cumple suficientes de las cosas inútiles de esas listas. Quiero dejar claro que no pienso que haya nada de malo en las cualidades mencionadas. No hay nada de malo en ser emocionante, intenso, profundo, sensible, y todo a la vez, etc. La línea que quiero marcar es entre lo verdaderamente necesario e importante –ser una buena persona– y todo lo demás que deberíamos llamar “buenas cualidades, que nunca sobran, y a la vez por sí solas no sirven de nada”.

La prueba de que lo importante es negociable no está sólo en la ausencia de esa cualidad en la típica lista de mercado de la pareja perfecta que escuchamos siempre, sino en que más allá de las palabras, rara vez lo vemos en la práctica. Hombres y mujeres idiotizados por una cantidad de cualidades sin verdadero significado y que no sirven de nada, mientras se mantienen ciegos a la ausencia de la más básica bondad humana.

Hay ejemplos específicos para ambos sexos. Las mujeres siempre se quejan de que muchos hombres sólo se interesan en mujeres brutas, fáciles, que estén buenas, o que nunca se nieguen a un viaje espontáneo a la playa a las tres de la madrugada, en detrimento de las inteligentes y serias (para este caso, añadan una tercera categoría de cualidades: físicas). En cuanto la personalidad y la disposición, hablan de una mujer “guerrera” (en castellano venezolano: intensa, y no se niega a nada por miedo, por aburrida, o por “el qué dirán”, etc.).

Las mismas mujeres que se quejan de eso hacen lo mismo sin darse cuenta: se interesan sólo en hombres por su apariencia, sólo que en este caso no son sólo apariencias físicas. Se interesan por el hombre emocionante, interesante, profundo, enérgico y que comparte algunos de sus gustos. Esas cosas se identifican primero, y terminan pesando más que lo más básico.

No soy psicólogo (y eso no impedirá fingir que lo soy), pero me parece que la idea de que necesitemos que otra persona –un agente externo– nos rete y traiga emoción a su vida puede ser señal de algún vacio emocional que otra persona no podrá llenar. Ese es un tipo de responsabilidad que debemos poder llevar solo, e idealmente compartir con una pareja, pero no subcontratarla a otra persona. Si necesitan de alguien que los impulse, los emocione, que le de tracción a su vida, quizás necesiten más un psicólogo que una pareja.

“Es que la gente buena muchas veces es también la más aburrida”. Es cierto. Entiendo que hay gente que declaró toda su personalidad una zona libre de carisma. Hombres y mujeres buenos son descartados constantemente por ser supuestamente aburridos. Pero no es una excusa para que dejen que la persona emocionante los joda mientras ignoran al bueno por no ser tan interesante o emocionante.

Hace unas semanas fui a una boda en la que uno de mis mejores amigos y su esposa compartieron la mesa con una Amiga y su Novio. Ella es la Robin Hood de la Vagina, que la entrega a malhechores y perdedores que nunca deberían estar siquiera cerca de una mujer como ella. Los vi desde mi mesa reírse todos juntos por horas. Al día siguiente hablé él:

- ¿Qué tal anoche? Te vi cagado de la risa con Amiga y Novio toda la noche.
- La pasamos buenísimo, estuvimos jodiendo toda la noche, cagados de la risa toda la boda con Amiga y Novio, demasiado divertidos los dos.
- ¿Y qué tal Novio? Yo casi no lo conozco.
- Un patán.

Aunque no lo crean, pocas personas pueden ver las cosas con esa claridad. “Es un patán divertido”. La mayoría se deja cegar por lo llamativo y lo brillante, como un bebé hipnotizado cuando le sacuden unas llaves enfrente.

No es fácil identificar un coño de madre a simple vista (excepto para mí). Aprendemos a golpes. Pero después de unos meses con alguien, consciente o inconscientemente, sabemos si hay algo malo en una persona. Es como adoptar de la perrera un pitbull que fue entrenado para peleas y maltratado. Sabemos que el perro puede ser un monstruo malvado, fiero, y salvaje, pero lo ignoramos bajo dos esperanzas: Que podemos cambiarlo, o que al menos no nos agredirá a nosotros porque somos quienes lo alimentan. La realidad es que no importa cuánto lo entrenes y alimentes, el pitbull un día te tratará como un zapato viejo y se cogerá a tu amiga de las tetas grandes.

junio 23, 2011

Una vida miserable

por Pedro
Sur la plage, 1873 - Edouard Manet

Sur la plage, 1873 - Edouard Manet

Ya he visto en varios blogs el escrito de Charles Warnke, You Should Date An Illiterate Girl (Sal con una chica que no lee). Para quienes no lo han leído, aquí tienen el original en inglés y una traducción al español. Si les da flojera leerlo, no se preocupen, yo les cuento.

La descripción será breve, porque no tengo cómo hacerle justicia. Charles te dice que debes salir con una mujer que no lee, y describe el cortejo y la vida con una mujer que no lee. No suena divertido. Luego insiste en que no salgas con una mujer que lee, y lo hace presentando como defectos las maravillosas cualidades de la mujer que lee. Léanlo, es excelente.

Permítanme hacer de abogado del diablo por un momento. Me encanta cómo está escrito. Pero…

[Odio usar “peros”, y sé que los uso demasiado, pero, ya dije que iba a ser abogado del diablo, así que era de esperarse que cualquier cumplido fuera eventualmente seguido por un “pero”, ¿no?]

… mientras los comentarios que he visto se enfocan en el bello enaltecimiento de la mujer que lee, a mí me encantó su descripción de la mujer que no lee y de la vida con ella. Pocas veces he leído una destrucción tan integral y absoluta de una persona o de un grupo de personas. Viniendo de alguien que disfruta de tratar de escribir algo así de vez en cuando, tengo que decir, bravo. Bra-vo. Bra-fucking-vo.

He leído blogs por varios años, y no hacen falta años para darse cuenta que la gran mayoría de los blogueros son gente que le gusta leer. “¡Sorpresa, a la gente que le gusta escribir también le gusta leer!”. Sí, yo pensé lo mismo. ¿Será por eso que nos gusta tanto una adulación así de las personas que leen, sea hombre o mujer? A quién no le gusta que glorifiquen un grupo al que pertenecemos. Si alguien quiere escribir sobre lo maravillosos que son los hombres altos y que le gustan los Doritos, tiene todo mi apoyo. Estoy seguro que me va a encantar.

Una observación más interesante es que todos tenemos familiares y amigos que no leen. Mi más sentido pésame a sus parejas, porque la vida que les espera sólo se la deseo a mis enemigos (y algunos conocidos que no me caen tan bien).

Sólo por diversión deberíamos reconstruir esa típica escena de película en que alguien le dice a una mujer “Un día, vas a hacer muy feliz a un hombre muy afortunado”, pero usando “Un día, vas a darle el regalo de un vida miserable a un hombre muy desafortunado”. Porque la vida al lado de la mujer que no lee, como la describe el amigo Charlie, no puede llamarse menos que miserable. Una vida rutinaria, llena de fracasos, aburrimiento, indiferencia, tristeza, y carente de pasión. Si tu mamá es una de esas mujeres que no lee tu papá debe ser un pobre infeliz listo para lanzarse por el balcón para sentir al menos algo.

Sí, quizás “no entendí de qué se trata” el escrito. Yo creo que sí. Es sólo que cuando alguien alaba algo, me parece curioso que necesite caerle a machetazos a otra cosa. “No hay que tomarlo literal, obviamente no todas las personas que leen y las que no leen son como dice Carlos”. Exacto. Leer no te hace la pareja ideal, el hecho que nos guste leer no quiere decir que no seamos igual de capaces de desperdiciar la vida de otra persona. Somos tan capaces de hacerle la vida miserable a otro como lo es una persona analfabeta.

Muy bello lo que escribió Carlitos, pero ni siquiera mi ensayo “Mi pene y yo: Historias de gloria y grandeza” es más pretencioso.

abril 18, 2011

Mi carta perdedora

por Pedro
Benefits Supervisor Sleeping, 1995 - Lucian Freud

Benefits Supervisor Sleeping, 1995 - Lucian Freud

Este año participé en el Concurso Cartas de Amor, al igual que el año pasado. La carta del 2011 me gusta más que la del 2010. Recuerdo cuando mi novia terminó de leer mi carta del 2010 y sólo dijo “Ok”. Parece que en mi intento de ser gracioso en la carta más bien parecía un cretino (lo que es relevante para mi carta del 2011).

Este año intenté de nuevo ser gracioso. Me aburre escribir algo que no lo sea. Sé que la carta no era suficientemente buena para ganar nada o quedar entre las diez finalistas, pero no me importó, me gusta como quedó. Es un poco cursi para mi gusto. Hay algunas frases que hacen que frunza el ceño en señal de desaprobación. Pero este año quise probar algo diferente porque la del año pasado en verdad es la carta de un cretino. Presté atención a los criterios de selección del concurso para que al menos tuviera oportunidad de ganar algo, porque, ¿quién sabe? Quizás a mi no me parece muy buena pero a otros sí.

Cuando publicaron las 400 y tantas preseleccionadas y no vi mi carta, me molesté por un par de minutos. De nuevo, no porque piense que la mía es muy buena, sino porque entre las preseleccionadas hay cartas muy malas. Si sueno como un niño llorón, mala suerte, pero no hay que ser arrogante para tener criterio y saber juzgar las cosas. Hay cartas llenas de errores gramaticales y ortográficos (y eso no tiene que ver con gustos: en un concurso de escritura lo mínimo que debe pedir es escribir correctamente, ¿o me equivoco?). Hay otras tantas incoherentes. Etc. Etc. En los concursos de otros años al leer las cartas finalistas uno pensaba “Ah, Ok, ya entiendo porque la mía no fue escogida, éstas son bastante buenas”. Este año no parece ser así. Son más decepcionantes que todas las secuelas de Star Wars juntas.

Sé que estoy muy lejos de ser el único que piensa así sobre la edición de este año. No voy a profundizar mucho en esto, porque ya Elena y Gabriel lo expusieron muy bien. Así que aquí les dejo mi carta. Después de la carta, comentaré algo sobre ICREA, el instituto que fue encargado de juzgar este concurso.

Debo admitir que me enorgullece que tu primera impresión de mí haya sido que era “un cretino”. No se puede empezar desde mucho más abajo que eso, y por esa razón lo llevo como una condecoración.

Recuerdo muy bien cada detalle de cómo me gané ese adjetivo. Llegué a la mesa, te extendí un saludo distante, saqué el celular y los cigarros y los puse sobre la mesa. Rechacé el vaso que me ofreciste para servir mi trago porque el hielo que tenía se había derretido. A los dos minutos ya estaba hablando de fútbol con el amigo en común que cruzó nuestros caminos. Aún recuerdo vívidamente tu cara de supremo aburrimiento. No supe qué hacer. Seguí hablando de fútbol. Traté ingenuamente de incluirte en la conversación, pero sólo pude sacarte un par de monosílabos.

En mi intento por colocar en mi camino tantos obstáculos como fuera posible, acepté tu pedido de que fuéramos todos a bailar, pero en la pista inventé una excusa, y en menos de un minuto ya estaba de regreso en la mesa. Si escapar de una invitación a bailar fuera un deporte olímpico, no sólo hubiera ganado la medalla de oro esa noche, sino que los expertos hubieran hablado de mi ejecución con reverencia y asombro por décadas. Fue así de buena. Pero, como ya sabes, bailar no es algo que pueda hacer bien.

Había muchas cosas que antes no podía hacer. Pero ya lo veo todo claramente, cómo todo ha cambiado desde entonces. Antes apenas y podía recordar llevar algo para almorzar a la oficina. Hoy, yo puedo hacer cualquier cosa.

Puedo lanzar un juego perfecto. Puedo unificar a las dos Coreas. No fallo desde la línea de tres puntos. Puedo anotar 300 puntos en bowling. Aplicar a Harvard como mi segunda opción. Puedo resolver el pleito entre Paquistán e India por la muy disputada región de Cachemira. Hasta puedo encontrar a Cachemira en un mapa. Soy la única persona en el mundo que en realidad puede poner más de cien por ciento de esfuerzo. Puedo invadir Polonia, y luego entrar bailando a Francia como Pedro por su casa. Podría encontrar a Osama bin Laden, si tuviera tiempo de hacerlo, y aunque no tengo tiempo, igual puedo encontrarlo. Puedo ser simultáneamente el primer jinete profesional en medir un metro noventa y tres, y el primer centro en la NBA en medir menos de dos metros. Puedo dar una vuelta de 360 grados sin caer en el punto de partida, batear tanto para contacto como para poder, planchar una delicada camisa de lino, acabar con el narcotráfico y derrotar a los terroristas. Con un microondas, una botella de brandy, y tu ayuda, puedo resucitar a Walt Disney. Si decidiera escalar el Everest, no sólo estoy convencido que llegaría a la cima, sino que puedo hacerlo llevándote en mis hombros.

Soy una madre que gracias a una descarga de adrenalina podría mover una piedra cien kilos si tuviera que hacerlo para salvar a su hijo. Todo el día, todos los días, desde aquella noche. Y aunque aún no pueda bailar La Mazucamba así mi vida dependiera de ello, sé que contigo a mi lado puedo hacer todo lo demás. Sé que contigo al menos podría bailar un vals sencillo, o completar el Camino de Santiago en tres días caminando por la ruta más larga, no la de niñitos. Puedo soñar y puedo crear, hacer lo posible y lo imposible, lo que siempre quise y lo que querré, las fantasías y lo real, vivir y pensar, añorar y saciar. Contigo, puedo ser.

Pedro.

La fundación ICREA es un instituto que ofrece cursos de escritura, comunicación, etc. El comité de selección del concurso de este año fue ICREA. Hice un taller de escritura de cuentos hace unos meses ahí. No lo hice con ICREA, sino en ICREA. El taller es dictado por la Fundación Aprende a Escribir un Cuento (FAEC, fundada y dirigida por el escritor Heberto Gamero, ganador del concurso de cuentos de El Nacional). El taller fue excelente. Tuve la suerte de tomarlo con Gamero. Aunque el curso fue dictado en las instalaciones de ICREA, no es preparado por ellos.

Digo esto para que aquellos que estén interesados en algunos de los cursos que dictan en ICREA no dejen de hacerlo a causa del fiasco de este concurso. Lo importante en un curso –ya sea una materia en la universidad, o un curso de disección de indigentes– no es la institución. Lo más importante siempre es el profesor. Así que si les llama la atención algún curso de ICREA, averigüen quién lo dicta y decidan de acuerdo a eso.

abril 12, 2011

A veces quien llora, merece llorar

por Pedro
Night Calls II - Jack Vettriano

Night Calls II - Jack Vettriano

En un post reciente en Ili’s Blog, Iliana describe a un espécimen masculino que llama el Hombre-Jeva. Me encanta ponerle etiquetas a la gente. Lo he hecho antes aquí con, por ejemplo, los Gays Asexuales.

El Hombre-Jeva, para quien no conoce la jerga venezolana, se podría llamar también el Hombre-Niña. Si la definición estuviera en el diccionario de la RAE, diría algo como “Dícese del hombre heterosexual que carece de fortaleza testicular”. Entiendan o no lo que quiero decir, lean el post de Iliana, los ejemplos lo ilustran bastante bien.

En ese post dejé un comentario para decir que aunque sin duda el Hombre-Jeva existe, no siempre es fácil de identificar por otros hombres. El Hombre-Jeva, siendo uno de las subespecies más débiles del sexo masculino, suele ser también la más fanfarrona. Fueron a Harvard e hicieron un PhD en Pura Paja. Es el que al mismo tiempo que te dice “Le dije a esa perra que me deje en paz, que ya me cansé de cogérmela” le está enviando un mensaje al celular diciéndole “Mi princesa pero yo te amo, ¿por qué me tratas tan mal?”.

Las mujeres, creo, tienden a compartir más historias de fracasos y maltratos con sus amigas que los hombres. No temen en contarle a una amiga “Este tipo me jodió”. Entre hombres, incluso en ausencia de un Hombre-Jeva, no siempre es así. El Hombre-Jeva lleva esto al extremo. Mientras exagera su lado Hombre entre sus amigos, da rienda suelta a su lado Jeva con la mujer. Con ella, su especialidad es hacerse la víctima. Entre amigos, es hacerse pasar por el victimario.

Es peligroso tratar de especificar roles o conductas deseadas para hombres y mujeres. Aun así, hay ciertas cosas que se pide de los hombres (y de las mujeres también). No tienes –ni debes– ser el macho de una película mexicana que cachetea a una mujer porque los frijoles están fríos. Tampoco debes decirle a una mujer después de tener sexo “O te conviertes en pizza, o te vas” (por muy cómico que sea) (sí, es muy cómico, pero no lo hagas) (en serio, contrólate). Pero, por favor, no llores ni reclames si una mujer que no es ni tu novia ni tu esposa decide que después de tirar se quiere ir (y tampoco cuando lo sea). No escribas mensajes celosos a una mujer con la que apenas estás saliendo.

Si una mujer no te llamó, no importa. Gran cosa, no te llamo. Si decidió salir con unos amigos o amigas, sencillamente está ejerciendo su derecho como mujer soltera de hacer lo que le dé la gana. Tú también eres soltero, puedes hacer lo que te dé la gana. No te hagas el ofendido. Si en verdad te ofende alguna de estas cosas, no digas nada. No ganas nada. Si no puedes evitar estar ofendido o molesto, entonces búscate otra mujer que se comporte como tú quieres que se comporte. Es la belleza del libre mercado, aplicado a las relaciones. Si no te gusta el producto que te tocó, busca otro. No te lamentes ni lloriquees. Tienes un par de bolas, úsalas.

Es como nos decían en beisbol infantil. Si estás bateando y te pegan una pelota, camina a primera base y listo. No te tires en el piso ni te pongas a llorar como una niña. Recibe el pelotazo como un hombre y camina a primera base.

Eso es todo lo que se pide de nosotros. No es mucho. No hay que fingir que no sientes nada, sino simplemente tener reacciones proporcionales a la seriedad de la relación, y mantener un poco de decoro y madurez cuando las cosas no salen como queremos.

Claro, hay hombres y mujeres coños de madres que disfrutan pisar a otros. Esos a los que les gusta pisar por lo general caen en dos categorías: El que lo hace conscientemente, y el que no se da cuenta (porque no le importa). Hay mujeres duras, que nada más con la mirada te revelan que si no la haces acabar dos veces, después de tirar te va a llamar “Mariquita” mientras enciende un cigarro. El Hombre-Jeva es una presa fácil de cualquiera de esas mujeres, y llorará buscando la aprobación de una mujer como esa (mientras le cuenta a los amigos que está considerando dejarla porque no quiere hacer un trío con su mejor amiga). Pero, eventualmente, el lado fuerte de la relación se cansa de su exagerada y apresurada demostración de emociones. Las mujeres y hombres fuertes pueden disfrutarlo por un tiempo, pero llega un momento en que sencillamente no valen la pena. Tratar a alguien con indiferencia deja de ser divertido rápidamente si te lo reclaman constantemente.

Nadie se siente mal por el Hombre-Jeva . No es distinto a las mujeres que se dejan pisar. Sea un hombre o una mujer, eventualmente dejamos de sentirnos mal por aquellos que continuamente se ponen en una posición en la que el único resultado posible es que abusen de ellos. Como las mujeres que dicen “A mi novio le gusta atropellarme con el carro. ¿Crees que debo dejarlo, o me compro un casco?”

abril 5, 2011

Palabras para no decir nada, o esconder mucho

por Pedro
Merry-Go-Round, 1916 - Mark Gertler

Merry-Go-Round, 1916 - Mark Gertler

Hay quienes consideran el hablar con un extenso vocabulario como una muestra de erudición. Hasta cierto punto es cierto –las palabras no se aprenden solas. Recuerdo una vez conversar con una mujer que me interesaba y que tenía novio (la trataba como un carro alquilado). A manera de excusa de por qué no se decidía a terminar con su novio me dijo “Estoy en un punto en mi vida en el que no quiero tomar decisiones draconianas en mi vida personal”. Yo no asimilé el rechazo inmediatamente, porque todo lo que podía pensar era “Estoy tan feliz que sepa qué significa ‘draconiana’”.

En la mayoría de los casos desconfío de quienes se adornan al hablar porque quien habla así por lo general no dice nada. Hablar no es lo mismo que decir algo (¿Cierto, Señor Presidente?) Me refiero a la gente que a media conversación nos tiene pensando “Si hubiéramos sabido que así es como íbamos a hablar, nunca hubiéramos inventado el lenguaje”. Para hacer cualquiera de estas dos cosas no es necesario usar palabras muy complicadas o poco conocidas, basta con hablar mucho más de lo necesario para expresar algo sencillo. Tienden a usar las palabras para esconder el verdadero significado de las cosas.

Odio las verborreas. Hay quienes creen que están demostrando un amplio conocimiento de la lengua castellana con sus palabrerías, pero en realidad la están masacrando. Como el final de la película Seven, en el que Kevin Spacey ya está muerto y Brad Pitt sigue llenándole la cabeza de balas. Como todo, hay una manera buena y otra mala de hacer las cosas. Hay escritores y oradores a quienes ese estilo les sale muy bien. Son excepciones. Como una casa decorada con innumerables cuadros y adornos, sin espacio para poner más cosas. Aunque a veces se ven bien, casi siempre parece el hogar de una vieja obsesiva-compulsiva incapaz de botar nada.

Hace unos meses hice un curso. Lo ofrecían simultáneamente en dos lugares. En el primero el curso lo dictaba quien había diseñado el programa, un escritor venezolano del que yo no sabía nada. El segundo lugar era un poco más barato, y otro escritor dictaba el mismo curso diseñado por el primero. Pero a este segundo escritor sí lo conozco. En persona, y además he leído algo de sus escritos. Es un imbécil. Bueno, quizás estoy siendo muy fuerte con él. Voy a tratar que suene mejor. Digamos sencillamente que es un bolsa* que esconde su falta de talento detrás de mares de verborrea inútil y pretensiosa, tanto cuando habla como cuando escribe esos libros que nunca serían publicados si no fuera porque sus amigos millonarios le pagan las ediciones, y nunca he tenido tanta ganas de vomitar como cuando me enteré que ambos estudiamos la misma carrera en la misma universidad (lo de los amigos millonarios es cierto, no es mi invento).

Sí, eso suena mejor.

[Breve tangente: Días después de escribir el último párrafo coincidí con ese escritor en un almuerzo. Anunció orgulloso que acababa de terminar su decimoquinto libro, y luego aclaró que “este libro no lo voy a publicar, es para mí”. Ja. Me pregunto si no quiere publicarlo, o no puede publicarlo. Y, no, todos los catorce libros anteriores no han sido publicados. Creo que la cuenta va por tres.]

Preferí pagar más por el curso que tomarlo con ese señor. Tenía miedo que me contaminara. En todo lo que leo siempre aprecio la economía de las palabras. Me gustan los autores que en una oración pueden trasmitir mil y un cosas, no los que necesitan mil palabras para describir una puerta. Es una de las razones por las que me toma varias sentadas terminar un post. Lo reviso una y otra vez, pensando en cómo puedo decir lo mismo sin usar más palabras de las que necesito. Obviamente, me falta mucho por aprender. Después de escribir 821 palabras en este post sobre astrología, me enteré que Einstein pudo trasmitir la misma idea en apenas 30 palabras. Maldito viejo mal bañado.

Siempre estoy pendiente de cómo usamos las palabras para que todo suene más agradable. Mi novia conoce un tipo que es bisexual, y su pareja actual es una mujer, que sabe de su pasado con hombres. Esta mujer dice ser mente abierta, que entiende que su novio siente atracción por los dos sexos, y que le guste experimentar. Ella no va a juzgar su pasado, y confía en que él nunca sentirá la necesidad de serle infiel con un hombre mientras sigan juntos.

Empecemos por la palabra “experimentar”, probar cosas para ver si nos gustan. Probar cocaína una vez –una sola vez– es experimentar. Si las usas con frecuencia por dos años, eres un adicto. La experimentación terminó. Que una mujer bese a otra mujer una vez es experimentar. Si tiene una relación larga ya no puede decir que está experimentado: le gusta la vagina, y punto.

La explicación de la novia del bisexual suena muy bien, pero esconde una realidad muy sencilla: A su novio le gusta tener sexo anal con hombres.

Punto.

¿Suena distinto cuando lo reducimos a lo más básico, no?

Vamos a darle la vuelta a mi argumento: Antes hablé de usar más de lo necesario, pero también usamos frases sencillas para esconder muchísimas cosas que no queremos escuchar. Incluso expresiones cotidianas, como que el tipo bisexual hable de un “ex novio”, esconde bastante.

Escena: La pareja del hombre bisexual y su novia Pendejina caminan por la calle.

– Ah, hola Juan, qué casualidad conseguirte. Mi vida, conoce a Juan, Juan ella es mi novia, Pendejina.
[Se saludan, y Juan se va]
– ¿Quién era ese mi amor? ¿Un amigo del trabajo? –dice Pendejina.
– No mi vida, es un hombre al que acostumbraba a penetrar analmente y cuyo pene metía en mi boca por dos años.

Es la verdad. Sin embargo, antes que describir la verdad preferimos usar expresiones vacías e inofensivas, “ex novio/a”, como si no significara mucho. Ustedes también pueden hacer ese ejercicio: piensen en cómo su pareja les podría describir a sus anteriores amantes sin usar etiquetas como “mi ex”.

“No es nadie mi amor, sólo un tipo al que le gustaba eyacular en mi pecho”

Ouch.

- – - – -

* Bolsa
(Venezuela)
1. adj. Imbécil. U. t. c. s.

enero 10, 2011

Culpable al abrir la boca

por Pedro
Charles I Insulted by Cromwell's Soldiers, 1836 - Paul Delaroche

Charles I Insulted by Cromwell's Soldiers, 1836 - Paul Delaroche

En lo que se refiere a técnicas de interrogación, los expertos de la CIA en las cárceles secretas donde esconden supuestos terroristas para torturarlos no tienen ni la mitad de la habilidad que la mujer acostada a tu lado en la cama. Ellas nacen siendo una experta en tácticas que las CIA tarda años en enseñar.

Ellas esperan que estés a punto de quedarte dormido para hacer preguntas serias. Esta es un técnica de interrogación clásica –mantener a alguien despierto por varios días debilita su determinación. Apenas estás empezando a soñar en una mujer que se acuesta a tu lado sin preguntarte cosas estúpidas justo cuando estás empezando a soñar, te pregunta algo como “¿Me sigues amando igual que antes?” (Consejo: Si nunca la has amado y aún no la amas, la respuesta siempre es un honesto “Sí”).

Después de esto, te hacen preguntas inesperadas para tomarte desprevenido. Estarás en el sofá luego de una semana larga, viendo una película que ella escogió y durante la que apenas has estado dos minutos despierto porque a ningún hombre heterosexual le importa si a Drew Barrymore le va bien en una relación de larga distancia con el carajo de las propagandas de Apple, y es ahí cuando ella atacará.

“¿Estuvo buena la película, verdad amor?”, te dirá ella, preparando el camino con un golpe fácil.

“Hmmm mmm mmm” murmurarás tú, queriendo decir “Por esas dos horas de mi vida que me acabas de hacer perder, voy a desperdiciar tres minutos de tu vida cuando vayamos a la cama”, pero ello entenderá “Sí, mi vida”.

“Me gusta ver películas contigo”, dirá ella, y murmurarás de nuevo, ahora algo que suena como “Tu deseo de hacerme ver comedias románticas llena mi alma de odio y desprecio por el mismísimo núcleo de lo que tú defines como tú”.

“Cariño,” dirá ella, ignorándote sabiamente mientras desliza un dedo por tu entrepierna, “Si un león entrara en la casa ahora mismo, ¿cómo me protegerías?”

No tengo idea de cuál es la respuesta correcta a esa pregunta, pero “Te empujaría hacía el león, para que tu cuerpo sacie su sed de sangre, o que al menos lo distraiga lo suficiente para que yo pueda escapar”, no es la correcta. Es el tipo de frases que queda suspendida en un silencio incómodo por un segundos, como una piñata rellena de torpeza.

Sorpresivamente, “Mujer, por favor. No hay leones en América, sólo en África”, tampoco es la respuesta correcta.

Tristemente, en el pasado he pecado de no tratar lo ridículo e hipotético con el decoro necesario. Sus caras cambian de estado neutral a una expresión de enojo mezclada con incredulidad que llamo “La Cara de ¿Alguien se tiró un peo dentro del carro?”. Es bastante probable que te griten.

Me recuerda una vez que pensé que sería divertido convertir mis intentos de tener relaciones con mujeres en una especie de juego, en el que trataba de hacer algo increíblemente ofensivo sólo para ver si mi labia era lo suficientemente poderosa para recuperarme. Pronto me di cuenta que inevitablemente siempre hago eso con sólo abrir la boca.

Las mujeres también proyectan todo lo malo de otros hombres sobre nosotros. Cuando ven a un hombre hacer algo horrible, inmediatamente asumen que eres capaz de lo mismo. Nunca vean “Match Point” con su pareja. “¿Serias capaz de buscarte una amante, dejarla embarazada y luego matarla con una escopeta?”. Si ya hemos establecido que es todo un logro que no se me olvide respirar, ¿cómo voy a hacer lo suficientemente inteligente para hacer eso sin que me atrapen?

Como he dicho antes: Mujeres, hay millones de muy buenas razones para que se molesten con nosotros. Dejen de inventar escenarios ficticios en los que nos puedan hacer reclamos. Con tantas cosas malas que ya hacemos, no hay necesidad de molestarse por nuestra capacidad teórica de protegerlas de una turba de monjas iracundas con machetes cuando estemos en la cola del AutoMac.

noviembre 23, 2010

A tus 18 años

por Pedro
Venus del espejo, 1647-1651 - Diego Velázquez

Venus del espejo, 1647-1651 - Diego Velázquez

Recientemente he considerado usar un resaltador amarillo como si fuera un lápiz labial para resaltar mi boca porque todo lo que digo es increíblemente importante y digno de tu entera atención. Hoy, que cumples 18 años, debes prestar más atención que nunca.

No pierdas tu tiempo en cosas que no te gustan o no necesitas. Adam Carolla tiene una frase sencilla: “Si no te hace feliz ni te hace dinero, no lo hagas”. Eso lo puedes aplicar a todos los aspectos de tu vida, no sólo el profesional. No pierdas tu tiempo en peleas y rencores que no llevan a ninguna parte. Deja las peleas que no llevan a ningún lado para el PlayStation.

Sí, es posible que las cosas no resulten a tu favor así lo intentes con todas tus fuerzas. El fracaso es un bien abundante. Pero al menos escoge dedicarte a algo que te apasione. Aunque no resultes ser una persona exitosa ―como sea que tú quieras definir “éxito”: dinero, satisfacción profesional, conocimiento, etc.― en el peor de los casos al menos harás algo que te haga feliz. Yo tuve un amigo que nunca tuvo la fuerza de voluntad para hacer lo que le encantaba. Ahora está rezando que le den ese trabajo de conejillo de indias en experimentos de gas pimienta en humanos, para así no tener que ponerse una tanga amarilla y recorrer la Avenida Libertador preguntando a los transeúntes si quieren “pasarla bien” mientras hace la señal internacional del sexo oral al frotar el interior del cachete con su lengua.

Tener alguna pasión no sólo te sirve para tu vida profesional. También te puede hacer atractivo a los demás. Consigue una distracción, un hobby, un interés, un deporte, o algo sobre lo que te guste aprender. Lo que sea. Tener algo que te apasione puede ser tan atractivo para otros como tu físico (a menos que tu pasión sea masturbarte y comer Doritos) (aunque, quién sabe, hay todo tipo de fetiches). Siempre encontrarás hombres y mujeres privilegiados en la lotería genética, que pueden conseguir prácticamente a quien quieran sólo con su apariencia y sin neuronas. Otros tienen un je ne sais quoi que los hace un imán para el sexo opuesto, algo con lo que se nace. Seamos honestos: ese no eres tú. Entre todas las cosas que puedes hacer para atraer al sexo opuesto, dedicarle tiempo a algo que te apasione siempre será lo más gratificante.

Cuando vemos a alguien cometer errores o meterse en problemas, decimos “Eso no me va a pasar a mí. Yo no soy tan estúpido”. Primero, todos son algo estúpidos, incluyéndote (hasta yo, aunque no lo creas). Segundo, puede que no seas muy estúpido, pero pronto te darás cuenta cuán poco de tu suerte depende sólo de ti. Puedes ser la persona más sensata, responsable e inteligente del planeta y aun así meterte en problemas serios, sólo por estar rodeado de la gente equivocada. Te pueden caer a golpes en un bar (o peor) porque un amigo idiota comenzó una pelea. Puedes raspar una materia porque tu compañero de estudio no hizo su parte. Estarás en el lugar equivocado en el momento equivocado por acompañar a un amigo en algo que era una pésima idea. Perderás contacto con amigos, o pelearás con tu familia, por culpa de tu pareja egoísta y problemática. No valen la pena.

Tener la razón nunca es tan importante como estar desnudos. Tómate las cosas con calma. No te amargues tus mejores años peleando en una relación tormentosa. Los años que vienen son muy buenos como para pasarlos amargado, cuando podrías estar tirando. Busca otra persona. La gran mayoría de las relaciones que se tienen cuando se es tan joven no resultan en matrimonio. Entre los 18 y los 20-tantos la gente cambia mucho más de lo que crees ahora.

Pareces una persona medianamente inteligente. Deja a ese novio que te dice “Te prometo que termino afuera” o la novia que dice “Tranquilo, hoy no estoy fértil”. Amigos y conocidos tendrán embarazos no-deseados y pensarás “¡Qué mala suerte!”. Lo que deberías estar pensando ―y con los años pensarás así― es “Qué estúpidos”. Claro, siempre puede haber un accidente, pero la realidad es que la mayoría de los embarazos no-deseados no son causados por condones defectuosos, sino cerebros defectuosos (y mientras más gente conozcas, más dudarás la perfección de Dios). Tirar sin anticonceptivos y que resulte en un embarazo no es “Mala suerte”, es lo que se supone deber ocurrir. “Mala suerte” es lo contrario, y los médicos le tienen un nombre: Le llaman “Infertilidad”.

Las cosas malas no ocurren en un vacio o en un universo paralelo. Carlos no estaba yendo a la opera, leyéndole la Biblia a los presos, o llevando niños con cáncer terminal al zoológico, ah, y además, siéndole infiel a su novia con su mejor amiga. María no se estaba acostando con tres hombres a la vez porque estaba confundida o porque tenía Anorexia Invertida ―no podía dejar de tragar cosas― sino porque es una puta. No hagas excusas por otras personas. Hay gente que es mala, y punto. El pincel dorado e idílico de tu amor eterno no puede tapar que Carlos y María son tremendos hijos de puta.

Si ves una mujer que nunca se interesaría por ti, invítala a salir. Con miedo y pena, pero hazlo. Porque las mujeres son muy raras. Son capaces de tener sexo con un hombre que no está a su altura y que nunca las merecerá. Ya te veré diciéndome “¿Qué coño hace esa mujer con ese imbécil de la corbata de Los Pitufos? ¡¿Y yo no tengo novia?!”. Te cansarás de ver mujeres con hombres que deberían tener una prohibición legal de acercarse a menos de 100 metros a una mujer tan hermosa o valiosa. Inténtalo, y si te dicen que no, no importa. Hasta Jesucristo fue negado tres veces en una noche ―sigue preguntando.

Cuando alguien te interese, seas hombre o mujer, intenta lo suficiente para que puedas decir “Hice lo que pude, ya puedo dormir tranquilo”. Si las cosas no resultan, sigue adelante y busca otra persona. No idealices al otro. Sus peos no huelen a rosas. Apestan tanto como los tuyos.

Aprovecha estos años para hacer lo que te de la gana con tu apariencia. Quizás en unos años no puedas o no quieras hacerlo. Haz con tu presentación lo que quieras mientras no es de mucha importancia. Ya que estamos hablando de presentación: Aprende a hablar bien y escribir bien. Esa es tu carta de presentación más importante. Por favor. Sé que hoy no te parece necesario ―¿qué tanto hay que escribir en los emails que envias a tus amigas con fotos de tu pene, cierto?― pero un día te servirá de mucho.

Una noche cocinarás una receta que llevara una porción de alcohol, una porción de no comer, una de hormonas, y una porción de bar oscuro y mezclarás todo en un caldero de malas decisiones. Al despertar en la mañana recordarás el resultado de tu receta, o lo verás en el otro lado de la cama: El peor guiso de la historia. No te alarmes. Esas cosas pasan. No lo cuentes a tus amigos o amigas. Concédele a tu dignidad un funeral privado. Si decides contárselos, aguanta las burlas con buena disposición, y prepara tu venganza.

Cuando una de tus relaciones termine, también trata de tomártelo con calma. Digo “trata” porque sé que no lo harás. Especialmente si eres mujer. No lo tomes a insulto, es la verdad. Pero ese novio ―así sea una gran persona― muy probablemente no iba a ser tu futuro esposo, por más que quieras pensar que sí. Conseguirás otro.

Por último, señorita, recuerda que Walt Disney se hizo millonario por crear personajes absolutamente irreales. Si hubiera representado a sus príncipes como los hombres somos en realidad, hubiera muerto pobre y hediondo debajo de un puente. Para mantenerse interesadas en los hombres, las mujeres inventan e insertan misterio donde no hay ninguno. Los hombres no somos ni profundos ni misteriosos: seguimos siendo niños, sólo más altos y más cercanos a la muerte.

noviembre 9, 2010

Ódiame, por favor

por Pedro

Whaam!, 1963 - Roy Lichtenstein

La idea de escribir el post anterior me vino leyendo hace unos meses una columna de deportes por Peter King, en donde dedicó unos párrafos para recordar a su hermano que había muerto unos días antes. Por lo que cuenta, su hermano era una buena persona (aquí tienen la columna en inglés):

Era un hombre de familia, jefe de Boy Scouts para su hijo y todos los niños de South Windsor… Era un gran, comprometido esposo. Era un diácono de la iglesia, y dio su primer sermón sobre la felicidad verdadera la mañana en que murió ― Día del Padre, adecuadamente.

De las 750 personas que pasaron por su funeral… debo haber escuchado esto cien veces, en varias formas: “Bob era una gran persona. Me dio tanto, y nunca pidió nada a cambio”.

Bob era tan proclive a recomendarme un libro (“Tienes que leer ‘The Prisoner of Guantanamo!’”) como templanza (“¡No necesitas esa quinta cerveza, Peter!”)…

Siete días después de su muerte, dos niños que dirigió en los Boy Scouts fueron a su casa sin avisar, a cortar la grama… Todos los días aparece comida en la puerta de la casa… para que la familia pueda dedicarse a curarse y planear para el futuro sin preocuparse por otras cosas.

Bob suena como un tipo bastante generoso y amable. Alguien que pagaba sus impuestos, no apuñaleaba indigentes para experimentar el torrente de adrenalina que sólo se consigue clavando un cuchillo en carne humana. Un buen hombre. Pero leyendo eso, no puede evitar pensar “¡Ese Bob era un imbécil!”

Imaginen esa escena: Estás por servirte una cerveza y alguien te dice “No necesitas esa quinta cerveza”. Qué coño de madre. King lo usa como ejemplo de la brújula moral que representaba su hermano, y yo lo veo como un ejemplo de alguien que necesita que le digan “¡Cállate la boca!”.

No incluí este ejemplo en el post anterior porque pronto me di cuenta que la frase de Bob es perfecta. No para enseñar templanza, sino para joder a la gente. Mi pasatiempo favorito. Yo le daría unos retoques para mejorarla, pero la premisa es de un genio. King también cuenta en su columna que su hermano era bastante inteligente, y eso no puedo discutirlo. Bob era un genio.

Imaginen esta escena: Una mujer que les cae mal está por servirse otra copa de vino, y ustedes le dicen seria y calmadamente “¿En verdad necesitas esa quinta copa de vino?”. Qué desgraciado. Obviamente no afectará a cualquiera, pero sí a una persona insegura, y eso de lo que se trata esto: inseguridad.

Desde hace tiempo he querido escribir un post sobre lo inseguros que somos, hombres y mujeres. Algunos muestran más autoestima y confianza que otros, pero incluso aquellos que menos lo parecen tienen serias inseguridades. Esa confianza en sí mismos no nace en la ausencia de inseguridades, sino en sus habilidades para esconderlas y no dejar que se manifiesten en su conducta. Pero por muy profundo que las entierren, ahí están.

Para cada persona y para cada inseguridad hay algún timbre para tocarlas, y ese timbre puede ser algo tan sencillo como una frase perfecta. Las inseguridades son como el pezón de una mujer: hay que ser delicado, y aunque un poco de firmeza a veces no está de más, poco ganas con ser brusco. Puede bastar con una frase simple y al grano. La de Bob tiene bastante potencial. Por ejemplo, imaginen decirle eso a una persona que se siente atraído/a por ustedes. “¿En verdad necesitas otro trago?”. Escuchar eso de una persona que le atrae, alguien a quien está tratando de impresionar, no debe ser divertido. En ese caso, ni siquiera importa si la persona tiene algún tipo de inseguridad sobre su consumo de alcohol. Una frase así puede sembrar una nueva inseguridad. Al estilo Inception.

En el blog usé hace bastante tiempo otra frase simple que creo también tiene potencial: “Esos pantalones te hacen ver gorda”. En mis años de esperar horas para que amigas y novias terminen de vestirse ―y aquí hago la tradicional salvedad de que sé que no aplica a todas las mujeres― me di cuenta que muchas veces todo empieza por el pantalón: pueden pasar una hora probándose pantalones buscando con cuál se ven menos gordas. No importa que ellas no sean para nada gordas, ni que se vean igual con cualquier pantalón. No van a salir hasta que estén satisfechas con el pantalón que están usando. Después que lo escogen, las demás prendas vienen más fácil.

Otra que me gusta es para esos tipos obsesionados con el gimnasio y los músculos. Basta con decirles, a manera de cumplido, “¡Coño Juan estás más flaco!”. ¡Pum! Él pasa horas y horas en un gimnasio precisamente porque no se quiere ver flaco; quiere ver músculos. Decirle que se ve más flaco es empujarlo hacía un nuevo ciclo de esteroides y el correspondiente encogimiento de sus testículos.

En cualquiera de estas frases ―o otras que quieran nominar en los comentarios― no importa si las personas no se molestan, o sí responden con un “¡Cállate la boca!” o “¡Imbécil!”. El daño está hecho. No pueden cerrar la caja de Pandora. Para hacer sentir mal a alguien, una frase simple que ataque sus inseguridades es mucho más efectiva que cualquier insulto. Al igual que es mejor acariciar y besar un pezón que pellizcarlo y darle vueltas.

octubre 25, 2010

Gente que odiamos

por Pedro

 

La Inspección Médica en Rue des Moulins, 1894 - Henri de Toulouse-Lautrec

 

Estás hablando con alguien –amigo, conocido, recién conocido, no importa– y casualmente dices que te gusta tal disco o tal película.

― El último disco de Metallica es bueno –dices tú.
― Sí, sí, pero Little Shitty Band No One Cares About es muuuucho mejor –te responde el huevón con el que estás hablando.
― ¿Cómo?
― ¡¿No has escuchado Little Shitty Band No One Cares About?!
― No
― ¡¿No?!
― No, no sé, ¿qué tocan?
― Tocan indie rock con un toque fuerte de funk, pop, bossanova, heavy metal y música africana. Es una mezcla entre Chuck Berry, Cesaria Evora, The Smiths pero sólo el tercer álbum, con algo de Motown, Public Enemy y de Nine Inch Nails de cuando Trent Reznor todavía se metía heroína.
― Ehmmm… Ok… ¿Cómo?
― Casi no se conocen porque graban con una disquera independiente, y sabes que la única música buena es independiente de las disqueras grandes. Metallica es tan malo como Foo Fighters al lado dLittle Shitty Band No One Cares About. ¿Sabes? La peor porquería en hacerse pasar por música desde que Paris Hilton grabó un disco.
― ¿Foo Fighters, malos? ¿De qué estás hablando? Y claro que hay música indie muy buena, como Arcade Fire, y She & Him que no es mi estilo pero no es malo. No entiendo cómo comparas a Metallica con Paris Hilton. De verdad que el último disco es bastante bueno y…
― Es una porquería. Es malísimo. ¿Qué más estás escuchando?
― Bueno, he estado escuchando Arctic Monkeys, y bastante The Who.
― ¡Pfffttt! Qué mal gusto tienes. ¿The Who? ¡Ja! A ver, déjame adivinar, ¿también te gusta Soda Stereo?
― Coño, claro.
― Es que toda la música que a ti te gusta es pésima.  Música de unos tipos que alguna vez tuvieron una pizca de talento, después se vendieron a las disqueras y ahora sólo les importa sacar cualquier excusa de álbum para irse de gira y robarle el dinero a la gente que no sabe de música, y regresan a sus mansiones a comer y ver televisión mientras los verdaderos genios de la música que no quieren arrodillarse a intereses comerciales no son reconocidos como merecen, como Little Shitty Band No One Cares About.
― ¿The Who y Soda Stereo te parecen malos? Una cosa es que no te gusta, ahí no hay problema. Pero, ¿cómo me vas a decir que son pésimos?
― Sí, yo sé, es un insulto a la música de verdad, te voy a copiar algo de Little Shitty Band No One Cares About.

Lo que respondemos:
― Ok, pásamelo.

Lo que deberíamos responder:
― ¡Cállate la boca! No me importa un carajo esa banda de mierda. Te dije que me gusta Metallica, y punto, me gusta Metallica. Déjame disfrutar la música que me gusta y metete tu pedazo de banda por el culo y déjame en paz. Si te dije que me gusta Metallica, The Who, Soda Stereo, ¿por qué tienes que venir a fastidiarme e insultar mis gustos?… ¿Qué dices? ¡No te entiendo nada! Sácate el pene colectivo de esa banda de mierda de tu boca para ver si así puedes hablar bien… ¿Ya? Mejor…  Te voy a sugerir un disfraz para Halloween: Busca un equipo de sonido portátil que suene bien duro, lo pones en tu hombro con Little Shitty Band No One Cares About sonando y les dices a todos cuánto te gustan. Cuando te pregunten de qué estas disfrazado les respondes “Estoy disfrazado de Una Vergüenza Para Todos Los Que Me Conocen”. Ahora haznos un favor a todos, y ahógate.

* * * * *

Estás comiendo en un restaurante o –como en este ejemplo– comiendo carne en una parilla con unos amigos. Hasta que se te ocurre comentar:

― Qué buena esta carne, quedó demasiado sabrosa –dices ingenuamente.
― Sí, normal –te responde un huevón.
― Quedó en su punto, y el adobo le hizo bien.
― Nah, está más o menos. La de El Restaurante De Carne En El Coño De La Madre es mejor.
― ¿Qué restaurante?
― El Restaurante De Carne En El Coño De La Madre.
― Ni idea.
― ¡¿No has comido en El Restaurante De Carne En El Coño De La Madre?!
― No, creo que no.
― ¡¿No?!
― Es la mejor carne a la parrilla. La mejor de la historia de las carnes a la parrilla. No como esta mierda que estamos comiendo. Si Dios abriera un restaurante de carne, preparara la mejor carne que pueda, y luego probara la de El Restaurante De Carne En El Coño De La Madre, diría “Mi carne es malísima comparada con ésta”. Es como el anillo de El Señor de los Anillos, es una carne a la parrila preparada para dominar a todas las demás carnes, y si Dios probara esa carne la adoraría como Gollum.
― Suena bien, pero coño, esta carne está buenísima, ya he comido como tres platos, y mira…
― No, vale, no sabes de lo que estás hablando. No tienes ni puta idea de lo que hablas, dices eso sólo porque no has comido en El Restaurante De Carne En El Coño De La Madre.
― Ajá, ¿dónde queda?
― En Delta Amacuro. Cerquita, son como 8 horas manejando desde Caracas. ¡Aquí mismo!
― Nunca he ido a Delta Amacuro, demasiado lejos.
― Mira, ¿sabes el árbol quemado que está a la derecha de la carretera llegando a Tucupita?
― Te acabo de decir que nunca he ido.
― Ok, no importa, cuando veas el árbol quemado, a veinte metros está El Restaurante De Carne En El Coño De La Madre. La carne es demasiado rica, yo no sé qué le hacen, pero una vez comí ahí y es la mejor carne que he comido en mi vida, no tienes idea. Súper jugosa, con bastante sabor, nada de grasa, la carne más suave que vas a probar en tu vida. Te digo, ya después de comer ahí no puedo disfrutar parrillas como este pedazo de suela de zapato insípido que estamos comiendo.
―Pero qué dices, está buena.
― Un día te llevo para allá, vas a ver que vale la pena manejar las 8 horas. ¿Qué vas hacer el próximo fin de semana? ¡Vamos!
― No, no puedo, quizás otro día.
― Bueno si un día estás por allá come ahí, ¿Ok? No se te olvide, se llama a El Restaurante De Carne En El Coño De La Madre. Lo mejor, no como esta carne de goma.

Lo que respondemos:
― Ok, seguro.

Lo que deberíamos responder:
― ¡Cállate la boca! ¿Eres sordo? ¿No te acabo de decir que estoy disfrutando mi comida, que me gusta esta carne? ¡¿Por qué coño vienes a decirme que la comida que estoy comiendo es una mierda?!… Vamos a analizarlo un momento: Justo en el momento en que estoy masticando algo, me dices que es una porquería. ¿Tú hermana mayor te pegaba en la cabeza cuando eras niño, que eres tan bruto? Preferiría que me encerraran en un cuarto con Depredador que seguir hablando contigo. ¡Vete al restaurante ese que te gusta y come hasta que mueras de indigestión y déjame comer tranquilo!… ¿Y qué quieres que haga con tu comentario? ¡Ah, ya sé! Voy a dejar de comer esta porquería, voy a montarme en el carro y manejar 8 horas… Si vas a arruinarme mi comida, por lo menos recomiéndame algo que no quede a 700 kilómetros en una ciudad a la que nunca voy ni tendré que ir jamás. ¡Maldita sea, si vas a cagarte en mi comentario, por lo menos habla de un lugar al que pueda ir almorzar mañana!

octubre 15, 2010

Es más que hombres y mujeres brutas

por Pedro

 

The Fighting Temeraire, 1839 - J. M. W. Turner

 

En este blog he escrito varias veces sobre las diferencias entre hombres o mujeres, en particular en el tema de las relaciones de pareja. Mis argumentos obviamente no tienen ninguna base, son sólo opiniones. Es pura observación. Como Adam Smith, quién escribió La Riqueza de las Naciones usando nada más que su habilidad analítica, observación y reflexión. No tenía datos estadísticos o evidencias para respaldar sus argumentos. Digo esto sin intenciones de compararme con Adam Smith; sería incapaz de tal cosa. Pero ustedes siéntanse libres de equipararme con él.

Como hizo Smith hace siglos, a veces es mejor sustentar un argumento en nuestras observaciones y no en datos estadísticos. Hace unas semanas una amiga me envió un artículo que hacía referencia a un estudio que mostraba que las mujeres brutas se casaban más rápido, y las mujeres con un coeficiente intelectual más alto tardaban más en casarse. Para los que realizaron el estudio –que sí tenían estadísticas para respaldar sus afirmaciones– esto significaba que las mujeres más inteligentes tenían dificultades para conseguir un esposo y por eso se casaban más tarde. La conclusión del estudio era que los hombres las prefieren brutas.

Que algunos hombres las prefieren brutas es obvio. También lo es que la secuencia de pretendientes de una mujer a veces puede parecer uno de esos juegos de feria en el que los patos van pasando para que les disparen en un carnaval de su irrisión. Otros no hacen más que verle las tetas a las mujeres mientras ella hablan, lo que es totalmente incorrecto (y falto de visión de largo plazo: deberían pretender que se interesan por lo que dicen para así poderles ver las tetas con más frecuencia).

Este post no trata de eso. Mi amiga entra en la categoría de las mujeres inteligentes, y a sus 28 años ya se está preocupando de su soltería y falta de pretendiente serio (prematuramente, sin duda). Es inteligente, tiene una carrera exitosa en un sector ultra-competitivo dominado por hombres, formación académica de primera, habla cuatro idiomas fluidamente y se da a entender en otros, simpática de las que le cae bien a todos, bastante atractiva, excelente cocinera, económicamente independiente, le encanta el fútbol, no es una zorra, y no está loca. No dudo que el hecho que algunos las prefieren brutas esté jugando en su contra; hay hombres a los que les intimida una mujer inteligente y con carácter, y eso es así en cualquier parte del mundo (mi amiga vive fuera de Venezuela desde hace unos años, así que tampoco se trata de la sociedad venezolana).

Aquí no me preocupa necesariamente por qué no tiene novio, sino su reacción: Debe ser algo en mí. Sé que ella no es la única que piensa así.

Mi explicación para ella es que aunque a algunos les gusten brutas, la realidad es que el principal responsable de su situación es el azar. Conocer gente buena o mala es azar. Es muy distinto que alguien me diga “Mis últimos ocho novios, que eran todos buenos hombres, me dejaron”. En ese caso entendería que piense que tiene algún problema (o veinte) (y que probablemente es frígida). Dejando a un lado un caso como ese, todo lo demás es suerte y casualidad (a menos que crean en esa paja de El Secreto y la “Teoría” de la Atracción, y quien lee este blog regularmente sabrá lo que opino al respecto).

Si yo voy con mi amiga por la calle y paramos a cien hombres, y resulta que ninguno vale la pena o que no hay atracción recíproca, es una cuestión de azar. La mayoría de las personas conocen potenciales parejas a través de amigos en común, en fiestas, en el trabajo o estudiando. El resultado es tan aleatorio como parar cien extraños en la calle. Yo conocí a mi novia en una fiesta de cumpleaños a la que fue sólo porque sus hermanas la obligaron, y aunque el cumpleañero es un buen amigo de ambos desde hace 10 años, no sabíamos que el otro existía. Es azar.

Aunque la conclusión de “Hombres prefieren brutas” parece ser un insulto hacía los hombres, a mí me parece más un insulto a las mujeres. Ese argumento parece asumir que toda la decisión de escoger pareja es por parte del hombre, y a las mujeres no les queda más que esperar que las escojan. Me hace imaginar un supermercado con mujeres en los estantes, y hombres paseándose por los pasillos buscando una que les guste. Las voltean para leer la tabla en el empaque, en donde en vez de valores como Calorías o Grasa, leen Coeficiente Intelectual. “¡¿128?! ¡No! Mucho. Yo quiero una por debajo de 90”.

No estoy diciendo que eso suene mal –es una idea para ganar billones– pero no es como funcionan las cosas. Porque además del azar y hombres inseguros, el principal obstáculo de esas mujeres inteligentes son ellas mismas. Y eso no es malo. ¿Acaso no puede ser que las más inteligentes tardan más porque son más exigentes, y/o porque escogen mejor? Y sí, sé que ser muy exigente también puede ser malo. Conozco a una mujer que siempre está sola por su culpa. Es del tipo de persona que podría –que yo sepa no lo ha hecho, pero podría- quejarse de que el salón en el museo de Auschwitz en el que te enseñan un terrible video sobre todas las muertes no estaba “ventilado con aire-acondicionado, sino aire a temperatura ambiente, y eso no es suficiente”. Pero, de nuevo, voy a ignorar esos casos extremos y asumiré que estamos hablando de ser razonablemente exigente.

Decir sencillamente que los hombres las quieren brutas no toma en cuenta que esas brutas que se casan más jóvenes probablemente cometieron un error. Se casaron con la persona equivocada, y a los dos años están divorciadas. Es muy distinto Casarse, que Casarse Bien. Al decir que todo se debe a que las brutas gustan más, le quita todo el crédito que merecen las que no se casan con cualquier huevón. Creo que la pregunta más importante no es a qué edad se casan las inteligentes, sino, ¿cuáles duran más tiempo casadas, las menos o las más inteligentes?

Hay otros factores. Si asumimos que ser más inteligente resulta en carreras profesionales más exitosas, muy probablemente las más inteligentes hacen una decisión consciente de retrasar el matrimonio unos años para dedicarse exclusivamente a su carrera. Por otro lado, las mujeres (y hombres) con malas carreras pueden ver en el matrimonio la oportunidad de pagar cosas que no pueden solos. Por ejemplo, quizás se apresuran en casarse porque al unir dos ingresos podrán pagar un alquiler y mudarse de la casa de sus padres, cosa que no pueden pagar solos.

Dicho todo esto, aún no entiendo la obsesión con el matrimonio. Sé que parte del apuro es tener hijos antes de cierta edad, pero más allá de eso, no entiendo. Ya que abrí el post mencionando un estudio científico, voy a cerrar con otro. El Dr. Avi Eibenschütz condujo un estudio en el 2005 que demostró que el matrimonio matará tu espíritu y te convertirá en un cadáver que camina. Eibenschütz demostró que después de cuatro años de matrimonio, 7 de cada 10 parejas no tenían pulso cardíaco perceptible. De esas siete parejas, seis mostraban señales de depresión al reemplazar constatemente la frase “Fin de semana” con la palabra “suicidio”. Por ejemplo, dicen “Vamos a pasar el suicidio en la playa”, y “Creo que nos vamos a quedar viendo películas y capítulos viejos de Seinfeld este suicidio”. Les recomiendo no ignorar los resultados de ese estudio: El doctor tiene nombre y apellido judío, y si algo he aprendido de la televisión es que todos los negros que no son ladrones por lo general son jueces o capitanes de la policía, y que los mejores médicos son judíos.

agosto 12, 2010

Yo no me quiero ir. Pero…

por Pedro
Savage Journey To The Heart Of The American Dream, 2006 - Ralph Steadman

Savage Journey To The Heart Of The American Dream - Ralph Steadman

En la canción “Decisiones”, Rubén Blades habla de una pareja de novios jóvenes y su dilema sobre tener o no un aborto. Estoy pasando por lo mismo. Exactamente igual. Con la insignificante excepción de la parte de “aborto” y tener que acabar con una vida –o potencial vida, como ustedes prefieran– ni la parte de una novia embarazada.

Hace unos días me preguntaron en Formspring si me iría del país (aquí y aquí). Sí lo haría. Ahí respondí las circunstancias bajo las cuales decidiría irme de Venezuela otra vez, y se resumen en “Voy apostarle dos años a Venezuela, hablamos entonces”. Las razones por las que empezaría a buscar la forma de irme tiene que ver con dos cosas: Cuba, y guitarras eléctricas.

No tengo ningún talento musical. Apenas puedo tocar una puerta. En el colegio coqueteé con una guitarra acústica, con pésimos resultados. Mi hermana también castigó una guitarra y un piano. Nadie en mi familia, materna o paterna, sabe tocar un instrumento.

Mi falta de talento musical no me causa mayor preocupación, pero me gustaría saber tocar algo. En particular, me encanta el sonido de una guitarra eléctrica. Me intriga todo lo que se puede hacer con una. Es versátil, puedes hacer con ella lo que te dé la gana. Todo por menos dinero y por más tiempo de lo que te costaría una mujer que te deje hacerle lo que te dé la gana. También es legal. Así que en las últimas semanas he estado pensando en tomar clases. Un amigo me preguntó por qué: “Porque no quiero ser viejo sin haberlo intentando. Lo peor que puede pasar es que sea pésimo”. No serían noticias nuevas.

Tenemos tiempo para muy pocas cosas. Un gran pensador de nuestra generación dijo una vez: La vida es como un gran buffet. Si vas probando de todo un poquito, podrás saborear muchas cosas distintas. Pero en tan pocas cantidades apenas podrás hacer eso: saborearlo. Por otra parte, puedes escoger aquello que más te guste y hacerlo tu plato principal, y acompañarlo con otras cosas sabrosas. Como dije en el post anterior, creo que la escritura puede ser uno de mis acompañantes. Voy a probar si la guitarra puede ser el otro.

Como tenemos tan poco tiempo, puede que empiece a planear mi salida de Venezuela dentro de dos años. En los últimos años he estado pensando en los ancianos cubanos. Hace una cantidad de años que me da flojera buscar en Wikipedia, Fidel Castro tomó el poder. Apuesto que en esos primeros años muchos jóvenes tuvieron la oportunidad de irse de Cuba y decidieron quedarse. Habrán pensado que las cosas no podían empeorar, que Castro pronto caería, o sencillamente no creían que en verdad esos izquierdistas trasnochados iban a tomar ese camino que predicaban.

Pero así fue, y se jodieron. Los que aún están vivos ya tendrán más de 70 años. Y se jodieron. Pasaron vidas llenas de necesidades económicas, culturales, de recreación, con derechos humanos y civiles pisoteados. No quiero que me pase lo mismo.

Yo creo en el discurso de amar a tu país, de querer trabajar porque las cosas mejoren. Creo en construir un nuevo país. Creo en todo eso. Me encanta vivir en Venezuela, me encanta su gente y sus tierras. Independientemente de lo que pase en Venezuela, me gustaría vivir de nuevo en el extranjero por unos años, pero vivir en Venezuela por la mayoría de lo que me quede de vida es mi Plan A.

Pero también creo en no ser pendejo. Soy un creyente ferviente de la No Pendejitud. Y yo no me quiero joder. Nuestras vidas son muy preciosas, tiene que haber un límite al sacrificio que estemos dispuestos hacer por un territorio. Algún día me cansaré de vivir en un país gobernado por tipos tan ineptos que no podrían vender un porro de marihuana en Jamaica. Al final lo que cuenta son los resultados, no las ideologías ni las supuestas buenas intenciones, y aquí no hay nada que debatir: Este gobierno es incompetente e inepto, y la magnitud de su fracaso es peor si consideramos todos los recursos que han tenido disponibles para hacer una buena gestión.

Es como ir a una fiesta en los camerinos de Led Zeppelin con un kilo de cocaína y un pene de 25cm y no lograr acostarse con nadie.

Después de 10 años en el poder, lo lógico sería que hicieran lo que hacen todas las mujeres que se acuestan conmigo una vez: Aprender de sus errores y no lo hacen más nunca. Estos tipos han demostrado que no aprenden. La intersección de los Diagramas de Venn de “Persona Competente” y “Ministro de Chávez” es más pequeña que la intersección de “Destino vacacional para conseguir mujeres” y “Bahía de Guantánamo”; que la intersección entre “Actriz porno especializada en bukkake” y “Dignidad”; o entre “Buen regalo de aniversario para tu novia” y “Herpes”. Más pequeña que la intersección entre… suficiente; ustedes entienden.

La vida es tan corta, y es una. No hay segundas oportunidades. Esos viejos en Cuba no tienen una segunda oportunidad. Castro puede morir mientras yo escribo esto y no cambiaría nada: Les jodieron la vida. Sú única vida.

Tenemos tiempo para muy pocas cosas. Quiero tocar la guitarra. Quiero escribir. Conocer Moscú y Grecia, y no tener que pedir permiso al gobierno para viajar o comprar dólares. Tener una casita en una playa. Tener un carro deportivo siendo joven y no cuando ya califique como crisis de los cuarenta. Comprar mil libros y además tener tiempo para leerlos. Leerlos en un parque verde. No tener miedo que me asalten en ese parque. Comer la comida que quiero comer y no la que se consigue. Caminar en la calle de noche. Hacer lo que me dé la gana con el fruto de mi trabajo, y no tener un gobierno que me diga cómo y dónde puedo gastarlo.

En serio: Quiero caminar en la calle de noche. ¿Acaso eso es mucho pedir?

Como no quiero llegar a viejo sin haber intentado tocar la guitarra, tampoco quiero llegar a viejo y decir “Debí irme cuando pude”. La vida es una sola y me encantaría vivirla aquí, pero si aquí no puedo vivir como yo quiero vivir y hacer todo lo que quiero hacer, entonces tendré que irme a vivir a otra parte. Sé que no será fácil. Es como terminar con una novia que aún amas pero ya no le aguantas sus locuras. “Lo siento, es que… es que… ya no puedo más. Me cansé. No tengo energías para una pelea más. Para un reclamo más. Y me estoy cogiendo a tu hermana”. Esa última parte siempre logra alegrar la siempre sombría atmósfera de una separación.

Estoy seguro que extrañaría muchas cosas de Venezuela pero, siguiendo con las metáforas de comida, la mayoría de esas cosas buenas son como la pizza: Pizza es pizza, y la pizza es maravillosa, la comas en Italia o la comas en Brasil.

Igual que los senos. Senos son senos, y los senos son maravillosos, los veas en Italia o los veas en Brasil.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 48 seguidores

%d personas les gusta esto: