Mi noche en un bar de lesbianas

por Pedro

Lo decía mi abuelito: no sólo es la vida injusta, sino que a veces le gusta darte por el culo también.

(Antes de seguir, creo que es necesario ajustar esa metáfora de manera que todos la entiendan. Si usted –el lector- es un hombre homosexual, me imagino que no ve el tener sexo anal con otro hombre como algo malo. Sería como un hombre homosexual diciendo “La vida se trata de recibir sexo oral de las Chicas Polar”, y yo respondería “¡Hey, la vida suena excelente!”)

Cuatro mujeres y cuatro hombres en un bar. Gracias a Dios, yo no era pareja de nadie. En Londres, donde todos vivíamos, muchos de los pubs cierran a las 11.00pm, por ley. Nos dijeron que cerraban a las 11.30pm, pero a las 11 nos pidieron que nos fuéramos, a pesar que recién habíamos comprado una ronda de bebidas. Una de las mujeres vació su copa de vino en una botella plástica, y los empleados del bar nos amenazaron con llamar a la policía si salíamos con bebidas a la calle. A uno de mis amigos –colombiano- se le salió lo latinoamericano y empezó a gritar “¡Llama a la policía, yo quiero que venga la policía!”. La mujer que estaba más borracha –búlgara- empezó a discutir con los empleados, insultándolos. Nunca se dio cuenta que ninguno de los empleados hablaba búlgaro.

La escena terminó cuando uno de mis amigos dijo las palabras más bellas que había escuchado en mucho tiempo: “Yo conozco un bar de lesbianas cerca de aquí, ¿vamos?”. Por unos segundos me sentí como la Miss Venezuela una vez que anuncian que ganó: no sabia si sonreír o llorar, mirando a todos lados sin saber que hacer, con una expresión en la cara de incredulidad y exaltación. Los ángeles cantaron, y luego de limpiar mis lágrimas de genuina alegría, pensé que la parte difícil seria convencer a las mujeres. Pero les encantó la idea, ya que les daba curiosidad ver un bar de lesbianas. El alcohol, como herramienta de persuasión, nunca deja de sorprenderme.

Tengo dos buenas amigas que son lesbianas, y comparto bastante tiempo con ellas y su entorno. Así que no se trataba de “¡Wow, voy a conocer lesbianas!”. Pero entre el alcohol y la fantasía sexual “Tú, yo… y tu amiga bisexual” con la que los hombres nacemos preprogramados, la experiencia sonaba divertida. Además, no todas las lesbianas son 100% lesbianas, algunas son bisexuales ¿cierto?

Tienen que saber que en ese momento estaba pasando por uno de esos periodos de verano extremo, en los que no tienes suerte con ninguna mujer. No hubiera podido conseguir alguien que se acostará conmigo ni que fuera con cajas de cambures a un burdel de chimpancés. Así que en medio del desespero no fue difícil creer mis propias mentiras. Además, yo soy un entusiasta, me gustan los retos. Mientras los demás cobardes están en las esquinas escondiéndose de la vida, yo miro a la vida en los ojos y le digo “¡Dame tu mejor golpe!”. Luego me masturbo, y tomo una siesta.

No fue fácil conseguir el lugar, ya que mi amigo había ido borracho a ese bar, siguiendo a sus amigos que sabían donde quedaba. Pero como dicen, preguntando se llega a Roma. “Disculpe señora, ¿usted sabe dónde queda el bar de lesbianas que está por aquí cerca?”. Buenos tiempos.

El lugar se llamaba The Conservatory (El Conservatorio), nombre que me pareció no sólo sugestivo sino perfecto para una bar de lesbianas. Hace tiempo que acepté el hecho de que soy una persona enferma y mentalmente trastornada, así que no me extrañaría si soy el único que piensa esto.

Entré a la tierra prometida, satisfecho porque finalmente mi plan para infiltrar la comunidad lésbica estaba en marcha. La emoción no me duró mucho, ya que el lugar no se parecía en nada a la imagen que tenia en mi cabeza. “¿Dónde están las mujeres en ropa interior? ¿Me estas diciendo que no hay un cuarto para orgías? No me mientas, con eso no se juega”. La verdad es que el lugar si era como me lo imaginaba, pero no como lo soñaba. Un bar como cualquier otro, pero lleno de mujeres. Algunas atractivas, y muchas no mucho. Creo que aparte de nosotros cuatro, solo había tres hombres más en local. Creo que eran hombres.

Lo primero que noté fue que sólo había cuatro mujeres con el cabello largo, y eran las cuatro amigas que estaban conmigo. Ninguna cabellera tocaba siquiera los hombros. Pero debo decir que aunque había algunas mujeres algo masculinas, no vi el cliché típico de las películas. Ustedes saben, las mujeres con el cabello bastante corto, masculinas, vestidas como hombres, etcétera.

Al lado de nuestra mesa estaban sentadas dos mujeres jóvenes, y hermosas. Ambas de cabello oscuro, ojos claros, con amplios escotes y faldas cortas. Mientras todos en la mesa hablaban, yo sólo podía ver a estas mujeres. Unos minutos después comenzaron a besarse, y yo las miré hasta que mis ojos se secaron. Usualmente, dos mujeres tan bellas como esas besándose y tocándose justifica masturbarse en público. Pero no, yo estaba buscando algo más esa noche.

Me despertó la mano de una mis amigas paseando por mi pierna. Había conocido a Natalia un año antes en la universidad, y excepto por unos besos en la semana en que nos conocimos, no había pasado nada. En ese año yo tuve novias, ellas sus novios, pero sabia que hace poco había terminado con su novio. Es rusa, sin duda atractiva, pero con un carácter difícil y una mente más perturbada que un veterano de la guerra de Vietnam. ¿Será que la oportunidad tocaba mi puerta? ¿O más bien, mi rodilla?

Pronto tuve que pararme a la barra a buscar más vino. Mi memoria secundaria de esa noche siempre será la manera en que casualmente acomodé mi naciente erección en mis pantalones mientras me levantaba de la mesa. El juez Alemán me dio 9,70 puntos y el Ruso 9,80, dándome la medalla de oro.

Cuando regresé a la mesa, Natalia estaba sola y el resto del grupo estaba bailando. Ella quería bailar, pero yo bailo como los romanos: borracho y desnudo. Además, estar a solas con Natalia me daba la oportunidad de besarla. Después de unos minutos besándola, me dice “Vamos a tomarnos una copa más, y después podemos ir a mi casa”. ¡Hey, parece que gané la lotería de vaginas!

Me voy de nuevo a la barra, recibiendo esta vez un 9,75 y un 9,85. La barra estaba colmada de gente, y ahí me conseguí con mi amigo colombiano, quien ya tenia más de 15 minutos esperando por una cerveza. Cinco minutos después él decide que ya ha esperado demasiado, y le pareció una buena idea tomar su vaso, servirse del sifón, y pagar cuando lo atendieran.

Aparentemente, a la bartender no le pareció una buena idea, y llamó a los porteros del local. De esto me di cuenta cuando sentí que alguien, parado detrás de mí, me tomó por los hombros y me empujó hasta la puerta. Pasé la próxima media hora fuera del local con mi ex-amigo, llamando al celular de Natalia. La barra no se veía desde nuestra mesa, así que estaba seguro que no se había dado cuenta. Nunca me atendió el teléfono; me imagino que lo tenía en su cartera. Aunque lo más probable era que pensó que me había ido sin avisar, y no me atendía porque estaba molesta.

Con mis posibilidades de tener sexo evaporándose rápidamente, intenté convencer a los porteros para que me dejaran entrar de nuevo. Les expliqué como todo era culpa del colombiano, hasta que como último recurso les expliqué como estaban arruinando mi noche, como una mujer atractiva y fácil me estaba esperando adentro. Su respuesta fue algo como “Amigo, este es un bar de lesbianas, y los únicos hombres que vienen son gays, así que no esperes que me crea ese cuento”. Es difícil discutir ese argumento.

Eventualmente Natalia salió del bar, negándose a hablar conmigo (¿Recuerdan cuando dije que ella tiene un carácter difícil? Hace 40 segundos. Presten atención). Mientras llamaba a un taxi me dedicó una mirada que decía “Te jodistes. Tenias una oportunidad y la cagastes”, y yo le devolví una mirada que decía “Déjame explicar por favor, no fue culpa mía”, y ella me respondió con otra mirada que decía “No me importa. No vas a tocar nada de esto”, y yo le respondí con otra que decía “¡Yo quiero tocar eso!”. Ella tomó tu taxi, y yo me quedé pensando en todas las otras que cosas que pude haber hecho esa noche en vez de ir a ese bar. Por ejemplo, cualquier otra cosa que no excite mi pene innecesariamente.

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11 Responses to “Mi noche en un bar de lesbianas”

  1. Hahaha, que mal, definitivamente que mal, Buena historia y al igual que una miss no se si reir o llorar. Quebrastes “nosecuantos” paradigmas acerca de los bares de lesbianas en unos pocos minutos.

    saludos~

  2. Escribes muy bien. Felicitaciones

  3. Mal sitio para acabar con tu largo y ardiente verano.

  4. las chicas lesbianas son vacanas y no decimos eso porque lo somos si no que emos tenido amigas lesbianas y son vacanas aunque me da asco cundo ellas estan juntas osea entre lesbiana y lesbiana bay nenas

  5. ola si puden mandar unas 3 mujere para cojer sale agame el fabor
    no sea malo sale o mala
    como sea
    peroq traigas su pechote grande y sus pito con pelo y sus culo bien serrado para q se lo abramos sale adios

  6. Vaya pelotudo que eres… Porque simplemente no tomaste un periódico, buscaste la sección otros en los avisos publicitarios y llamaste a una prostituta? Porque… Como Inglaterra ha de ser un país más elegante… no habrás podido encontrarlas en las esquinas, no?

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  8. Es graciosa la forma en la que cuentas esta historia. Pero, como lesbiana, te puedo asegurar que no buscamos hacer trios con tíos. Las hay que sí, que son capaces de acostarse con un tío por pasar el rato, cosa que jamás entenderé y que también hacen muchas heterosexuales. Pero para la próxima, busca dos heteros salidas con ganas de trío, será más fácil (por no decir que es imposible) que conseguir a dos lesbianas con su orientación sexual bastante clara y definida.

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