Esta vecindad no es del Chavo, sino del Cannabis

2008 Julio 23
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by Pedro

La noche de ayer debería haber sido una como cualquier otra. Había comprado unas cervezas, iba a ir a mi casa, masturbarme, y llorar hasta quedarme dormido. Pero un incidente en mi edificio arruinó mis planes.

Tres patrullas de la policía y una ambulancia estuvieron enfrente del edificio donde vivo por dos horas. Estaban atendiendo un incidente en el apartamento de uno de mis vecinos. Fui uno de los que llamó a la policía. En este contexto, me pareció una buena oportunidad para escribir sobre mis vecinos. La urbanización donde vivo está llena de jóvenes profesionales y parejas con niños pequeños. Mi edificio es la excepción, y es como la vecindad del Chavo, sólo que en esta vecindad Doña Florinda y Don Ramón fuman marihuana todo el día.

Desde hace casi dos años vivo en un edificio de cuatro pisos en Londres. Más que un edificio es una casa grande –construida hace unos 80 años– que décadas después fue dividida en cuatro apartamentos. Este tipo de edificios es bastante común en Inglaterra. El apartamento de la planta baja tiene su propia entrada, y al lado de esta hay otra puerta que lleva a un pequeño lobby y a las escaleras que llevan a los demás apartamentos. Ocupo el apartamento del último piso.

Este lobby, las escaleras, y el pasillo donde está la puerta de mi apartamento es en la práctica una extensión del apartamento del segundo piso. Esto no fue planeado así, pero mi vecina decidió apoderarse de ese espacio. Ahí tiene tirados casi todos los juguetes de sus dos niños pequeños, bicicletas y bolsas de ropa vieja. Su aspiradora está siempre tirada al lado de mi puerta, y cuando estaba recién mudado le pregunté de quien era y me dijo “Mía, yo la guardo ahí”. Ok.

Mi vecina no debe tener más de treinta años. Sale con frecuencia, vestida sólo con una toalla, a peinarse enfrente de un espejo grande que hay en el pasillo. Sé que esto suena agradable, pero ella no es lo que la gente llamaría “atractiva”, o “ligeramente agraciada”. Estoy casi seguro que acostarse con ella es una de las opciones en la película Saw IV, pero aun no la he visto. A veces está acompañada de amigas también vestidas en toallas, y comparten un porro de marihuana en el pasillo. Las amigas también perdieron en la Lotería del Atractivo Físico, y si no las viera maquillándose en el pasillo, pensaría que las maquilla un chamán.

Ella no trabaja. Se dedica a sus hijos, fumar marihuana, y a discutir con su ex-esposo en medio del pasillo cuando este visita a los niños. Estas discusiones consisten de media hora de gritos en los que él le recuerda que la mantiene a ella y a los niños, le reclama que los niños pasan varios días sin cambiarse de ropa ni bañarse, y ella lo insulta.

Las peleas terminan cuando interviene el vecino del primer piso, que creo es amigo de ambos. Este señor parece de 70 años, y tampoco trabaja. Le cuesta caminar, y las dos veces que lo he visto en la calle usaba muletas. Tiene el cabello blanco, pero no tiene ni una arruga en la cara. La ropa moderna que usa no estaría fuera de lugar en cualquier discoteca de jóvenes. Creo que en realidad no debe tener más de 50 años, pero aparenta más años por su caminar, y quizás la marihuana que fuma constantemente lo pone en un estado de sedación constante que lo hace parecer algo senil y apenas le permite completar una oración cuando habla. Es tan pálido que a veces me pregunto si vive bajo el mar. Alguien me dijo una vez que no es un crimen matarlo, siempre y cuando lo hagas clavándole un crucifijo de plata en el corazón.

Coincido con él con frecuencia en el lobby revisando el correo, y siempre tiene un porro sin encender en los labios. Me ha contado unas diez veces sobre las personas que ocupaban mi apartamento antes. Aparentemente se dedicaban a robar e inventar identidades, por lo que todavía llegan a mi apartamento cartas dirigidas a unos veinte nombres distintos, entre ellos Tyler Durden, el nombre de Brad Pitt en la película Fight Club. Una vez me explicó como revisa cada una de esas cartas, para ver si los sobres están hechos con un papel delgado que pueda usar para sus porros de marihuana.

El vecino de la planta baja se llama Ryan. Hasta la noche de ayer sólo lo había visto una vez. Hace unos meses, yo tenía unos invitados en la casa, y tocó mi puerta a la medianoche:

“Alguien tiró un galón de leche en mi entrada”, me dijo.
“Yo no he tirado leche por la ventana”, respondí.
“Alguien tiró un galón de leche en mi entrada”
“Ok, entiendo. Yo no fui”
“Alguien tiró un galón de leche en mi entrada”

La conversación duró unos tres minutos en los que él repetía la misma frase, y yo le decía que no había sido yo, hasta que le dije “Buenas noches” y cerré la puerta. Al día siguiente vi que en efecto su entrada estaba llena de leche, y había un envase roto de un galón.

Cerca de la medianoche de ayer empecé a escuchar los gritos de una mujer. Aunque no podía ver desde la ventana, me di cuenta que venían de la planta baja o de la calle. La mujer estaba histérica, pidiendo ayuda e insultando a Ryan, que hablaba más calmadamente. Estaban discutiendo enfrente del edificio, o en la entrada de su apartamento. Los gritos de la mujer se hicieron cada vez más fuertes, y él trataba de calmarla. Ella lo insultaba y le reclamaba que era ella quien le pagaba varias cosas, incluyendo la universidad.

Parecía una simple discusión de pareja, pero unos minutos después se escucharon unos golpes, como si alguien estuviera lanzando cosas dentro del apartamento, y vidrios romperse. La mujer gritaba aun más duro y pedía ayuda. Fue entonces cuando llamé a la policía. Un hombre nunca debe pegarle a una mujer. Por lo menos no en la cara, y los golpes al cuerpo deben ser reservados para situaciones extremas, como cuando dice que quiere trabajar, o votar.

Después que llamé a la policía fue cuando comencé a entender lo que estaba pasando. Ryan no le estaba pegando a la mujer, sino que ella le estaba destruyendo su apartamento. Otro vecino también había llamado a la policía, y creo que Ryan también los llamó. Él le estaba pidiendo a la mujer que se fuera, y le reclamaba que siempre que estaba borracha y/o drogada se ponía así.

Media hora después que llegó la policía tuve que salir. Había unos cinco policías enfrente del edificio. Me di cuenta que el disfraz de policía que tengo es bastante real, y entendí el éxito que tiene cuando lo uso algunas noches y salgo a intentar convencer mujeres de desnudarse. Aunque siempre les confunde un poco cuando digo “Tienes el derecho a permanecer satisfecha, princesa”.

Ryan estaba parado en la calle, descalzo y sin camisa, hablando con calma con los policías. Las ventanas de su apartamento estaban rotas. La mujer estaba tranquila, sentada en la ambulancia, y tenía unas vendas en sus piernas. Ryan me miró con un poco de desprecio. Por un momento pensé que –como muchos– envidiaba este sexy exterior que a veces es una bendición y otras veces mi maldición. Luego me di cuenta que quizás aun cree que tiré el galón de leche.

20 comentarios dejar un →
  1. 2008 Julio 23

    Buena vecindad esa, no?

    Deberías escribir más de ellos, parece que tienen más cuentos que un libro e primaria…

  2. 2008 Julio 23

    Eres un bárbaro, men. ¡Qué cuento más bueno! Saludos.

  3. 2008 Julio 23

    Excelente, pero me parece que el cuento quedo como cortado al final. Me quede esperando la conclusion a la que nos tienes acostumbrado.

  4. 2008 Julio 23

    Que buen post. jejeje

  5. 2008 Julio 23
    Un pez llamado Wanda Enlace permanente

    ¡Ah, qué bien! Lo vi todo. Buena película. ¿Es el argumento para un guión? :)

  6. 2008 Julio 23

    Coño, es bueno, pero a mi me quedó esa sensación de algo inconcluso…
    ¿ habías fumado antes de escribir o durante ?…jajajaja
    Salud

  7. 2008 Julio 23

    Pafa, Genín,

    Pienso igual, pero es que la historia de Ryan terminó ahí. Cuando regresé a mi apartamento ya no podía ver lo que estaba pasando. Tampoco se escuchaba más nada. Sé que las policía estuvo unas dos horas abajo, pero desde mi ventana no puedo ver la entrada de Ryan. Hoy sus ventanas están tapadas con láminas de zinc.

  8. 2008 Julio 24

    Viejo, sé que no es el tema, pero lo que más me gustó fue lo de reservar los golpes para cuando la mujer quiere trabajar o votar…
    Quizás también funcionen para cuando la mujer quiera no sólo trabajar, sino ganar lo mismo que los hombres; o para cuando quiera maquillarse, o tener un orgasmo, o sacar la licencia de conducir…

  9. 2008 Julio 24

    Viejo, todo bien, ok?
    El post está genial, como siempre.

  10. 2008 Julio 24

    Me empecé a reír desde el primer párrafo, jajaj… y bueno, para qué dejar mi comment si Otto me quitó las palabras de la boca en el suyo

    saludos!

  11. 2008 Julio 30

    Que vaina más buena, tus vecinos están locos como todos los vecinos, veo que salir del país no cambia nada…

  12. 2008 Julio 30

    chamo, no se que hace usted aqui. pero esta esta genial. Aplausos

  13. 2008 Julio 31
    rynkydynky Enlace permanente

    Excelente historia y redacción.
    Cuando podremos ver el libro en las calles? pirateado hasta el p.. con fotocopias a color y mal encuadernado?

  14. 2008 Agosto 1

    rynkydynky,

    Libro? No, gracias. Con los calendarios fue suficiente.

  15. 2008 Agosto 2

    Te PROMETO que esta noche Si leo completo.

    No te veo en el Msn, tu crees que te gobiernas? dónde andas? :( Estoy aburrida :(

  16. 2008 Agosto 3

    Pasando a saludar…

  17. 2008 Agosto 10

    Jajajajaja
    “los golpes al cuerpo deben ser reservados para situaciones extremas, como cuando dice que quiere trabajar, o votar.” No puedo contigo, Pedro. jajajajajajajajajajajaja…

  18. 2008 Agosto 21

    jajaj
    muy buen post! como siempre
    me encanta este blog
    saluditos

  19. 2008 Diciembre 3

    muy bueno el blog… hoy cambie leer los diarios por leerlo
    Saludos

Referencias & Pingbacks

  1. La Vecindad del Cannabis, y 15 minutos de fama « La Cagada

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