“Rocky”, o “Un Tratado en Apoyo de la Vasectomía”
Han pasado varios segundos desde que terminó de leer el cuento. Antonio no se inmutó cuando su padre leyó el final. A decir verdad, su expresión no ha cambiado desde que se acostó a escuchar el cuento.
Hace casi siete años que nació y aún no deja de sorprenderle lo poco niño, lo poco infante que es su hijo. Mientras otros niños juegan con carros de juguete, matan extraterrestres en juegos de video, ven dibujos anímados japoneses con animales antropomorfos, Antonio siempre ha sido un pájaro raro. Una cebra sin rayas. Una ballena… flaca, adivinó su padre, fallando en completar el triatlón de metáforas cliché relacionadas con animales que involuntariamente había comenzado en su cabeza.
“Lo amo, es mi hijo,” diría él. “Pero, bueno, ustedes saben.”
Mientras espera alguna reacción de Antonio, la mirada de este es demasiado contemplativa para un niño de su edad. De cualquier edad, en realidad. Quiere preguntarle qué está pensando, pero le consume el miedo de que diga algo extraño, y no pueda seguir ignorando lo raro que es. Podrían pretender por unas horas más, mientras duerme. A menos que durmiera debajo de la cama, lo cual viniendo de él era enteramente posible. Coño, que niño tan extraño.
“Hijo, ¿en qué piensas?”
“En mi cumpleaños, padre”
¿Qué niño no piensa en su cumpleaños? ¿Será que no todo está perdido?
“¿Qué piensas sobre tu cumpleaños?,” le dijo sonriendo por primera vez desde que entró a la habitación.
“Mi regalo”
Maldita sea, no le hubiera preguntado. Cumple en unos días, lo que sólo sirve para asustarlo. Hace dos años pidió un juego de cocina que incluyera al menos tres woks de acero al carbono ya que quería experimentar un poco en “Fusión Asiática”. Le tomó unos minutos entender que con Fusión Asiática su hijo no se refería a la bomba atómica de Hiroshima. A falta de dinero para poder comprar esos utensilios, le regaló varios G.I. Joe. No sólo porque un amigo los vendía de contrabando, a buen precio, sino porque quizás. Quizás. Pero Antonio sólo se mostró interesados en ellos una vez.
Sabía que no debería preguntar esto si quería dormir esta noche. No podía olvidar el año pasado, cuando Antonio le pidió una centrífuga para su cumpleaños. Vendió su moto para poder pagarla, porque cómo no consentir a tu hijo. Más aún si, como le hizo saber, la habitación de juguetes que le preparó cuando nació, llena de carritos y pelotas, no podría considerarse un laboratorio serio sin una centrífuga. Sabía que no dormiría si no preguntaba.
“¿Y ya sabes qué quieres?,” le preguntó tratando de disimular sus temores.
“Si. Quiero un cachorro, un perrito,” respondió Antonio después de una breve pausa.
Dios. ¿Será posible? Todos los niños quieren un perro. Antonio quiere lo que cualquier niño corriente. El niño que usó los G.I. Joe como títeres para presentar una versión abreviada de Rodelinda la pasada navidad, no sin antes disculparse con todos los invitados por “no tener el mismo rango vocal de Andreas Scholl, quien interpretara a Bertarido en la memorable interpretación de esta ópera barroca de George Frideric Handel en el Festival de Glyndebourne de 1998”. Ese niño quiere un cachorro.
“¡Qué bien Antonio! ¿Ya sabes qué nombre le quieres poner?”
“Rocky” dijo sin dudar.
Esto no puede estar pasando. No puede creer que no quiera llamarlo como uno de los Diálogos de Platón, de la misma manera que hizo con sus ratones de laboratorio. Crátilo, Parménides, Teeteto. Que en paz descansen. Apenas dijo que quería un perro, había asumido que los años siguientes estarían llenos de episodios en los que su hijo salía a la calle a gritar “República”.
“Quiero un San Bernardo.”
Es un perro grande, y su humilde casa pequeña. Nada de eso importaba, porque esto era sólo el comienzo. En unos meses Antonio será distinto. Normal. Lo llevará a jugar con otros niños y ya no se quejará de que cerrar los ojos mientras cuenta al jugar al Escondite es “la manera menos eficiente de jugar.”
Quizás podría demoler la terraza del pequeño jardín y sembrar grama para que Antonio pueda jugar con Rocky. Tendrían que apretarse el cinturón para pagar esa remodelación, sin duda, además de trabajar de taxista los fines de semana con el carro de su suegro. Esa terraza es su lugar favorito, donde puede acostarse en su hamaca a descansar antes de la cena.
Pero, ¿qué importaba todo eso? Si su hijo quería un San Bernardo, tendría uno. Un perro, como todos los niños. No podía esperar a contarle a su esposa como había cambiado su hijo, como ya no tendrían que preocuparse de Antonio escapando para vivir solo entre los gorilas en alguna selva africana, como en aquella película. Porque su hijo era un Sotomayor, sí señor, y todavía no había habido ningún Sotomayor extraño.
“¿Y vas a correr con Rocky, darle de comer, jugar en las tardes, acariciarlo?”
“No.”
“¿Por qué no?”
“Lo quiero para otras cosas.”
“Entonces, ¿qué quieres hacer con Rocky”, le preguntó mientras lo arropaba y se inclinada para besarle la frente.
“Voy a matarlo y disecarlo al estilo de la exposición Bodies.”
El coño de su madre.






HAHAHAHA. Excelente.
A medida que leia no sabia que esperar al final, o si sabia pero me rehusaba a aceptar lo inevitable.
Excelente, realmente excelente!
Jajajaja…
sabía que no iba a terminar feliz, pero genial!
Capaz el nombre del post podria haber sido: “Pensamientos del padre de un Geek extremo con toques de Freeky”
Eso deben sentir los padres que no entienden en lo absolutos los gustos extraños que un hijo geek puede tener.
Saludos, espero que no nos dejes esperando demasiado para otro buen post.
¡Que final!
Si, el coño de su madre! jajajaja
Salud
Lo mejor! no me mates así de risa en el trabajo que me regañan… jejeje CDSM
Esperaba que Antonio fuera gay, o algo por el estilo. Pero el final cambió todo, jajajajaja…
Al menos no lo torturaría como ratón, que sirva de consuelo entonces. El niño es un freaky de lo peor. Y sinceramente espero sólo sea ficticio. No quiero imaginarlo disecando a un perro, ¡NOT!.
HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAAHAHAHHAHAHAHA QUE BUEN CUENTO..
coño de la madre! excelente..! te amo, cásate conmigo..!
Que vaina con estos muchachitos con Asperger…
Yo todas las navidades pedía un maniquí con peluca…. sabrá Dios para que rayos quería yo esa broma…
Un abrazo Pedro, brillante as usual…
Acabo de descubrir tu blog, al buscar algo de pelirrojos, llegue a una entrada de la discriminacion contra los “gingers”…
Pero la anecdota de la desaparicion de la novia fea fue genial, simplemente genial… en fin seguire explorando tus archivos que se ve que esta lleno de diversion :D
un Haley Joel Osment cualquiera…. :S
Jajajajajajajajajajaja queeeeeee vaaaaiiinaaa taaannn bueeeenaaaa!
De verdad, conozco a un niñito que juega a quitarle la cabeza a los pajaritos que consigue en el jardín! Demás de creepy!..
Primera vez q paso por tu blog, y me encantó. Seguiré visitándote!
Si yo fuese su vecina creo que le tiraría piedras. No me importa que sea un niño.
jajajajajajajajaja y yo que últimamente he estado pensando en freaks…
No todo podía ser tan perfecto jajaja
damned………..
que buen final…
saludos men
Entré hoy por primera vez a tu blog y creo que es la primera vez que me río tanto con los posts, uno detrás del otro. No me suscribo al FEED para aumentarte las visitas. Es mas, chico… ya estás en mi lista de blogs preferidos.
Saludos
Carlos
Jajajajaja, me imaginé que algo así vendría.
Estás PERDIDO o PERDIDAMENTE ENAMORADO. Cómo es la vaina?
un beso.
Yo tambien esperaba que al final Antonio fuese gay, pero me gustó mucho como termino. Good twist ;-)
Y ciertamente, los niños de ahora nos van a matar a todos y van a conquistar el mundo.