En un sketch del show de televisión británico That Mitchell and Webb Look dos soldados alemanes de la SS hablan en una trinchera, y se resume en esto:
Friedrich: Oye Hans, ¿te has fijado en nuestras gorras?
Hans: No, no recientemente. ¿Por qué?
Friedrich: Tienen una insignia de una calavera. Un craneo humano, en la gorra.
Hans: Ok, eehmmm, sí, ¿y qué?
Friedrich: Hans, es que he estado pensando, ¿somos los malos?
Hans: Hmmm…
Estoy seguro que otros soldados alemanes se deben haber preguntado lo mismo. No tanto por las calaveras, sino por la parte de “Invadir toda Europa sin provocación alguna”. En ciertas luchas, como la II Guerra Mundial, hay dos bandos bastantes claros: Aquellos del Lado Correcto de la Historia, y los que están en el Lado Incorrecto.
Estas distinciones existen cuando no hay cabida para interpretaciones, opiniones o gustos. Lo bueno y lo malo están muy bien definidos. Un ejemplo bastante claro son los derechos humanos y civiles.
En la lucha por los derechos civiles de los negros en los años sesenta en Estados Unidos había gente en el lado incorrecto: aquellos que resistían el cambio, hasta el punto de boicotear la integración racial de las escuelas y universidades. En la lucha por los derechos de las mujeres –el derecho al sufragio, o estudiar en universidades a las que antes sólo asistían hombres– en muchos países del mundo también hubo gente en el lado incorrecto. Un caso sin necesidad de explicación: El Apartheid en Suráfrica.
La segregación racial o esclavitud de algunas razas nunca ha podido ser justificada con evidencias de superioridad de una raza sobre otra. Igualmente con el rol de las mujeres en sociedades pasadas o presentes, o cualquier otro tipo de discriminación por raza, sexo, religión o cultura que se les pueda ocurrir. Pueden intentar mil y un argumentos al respecto, pero al final todo se reduce a una sola cosa: Incomodidad.
Después de cualquier argumento fallido de superioridad siempre se dejan escuchar las verdaderas razones: “¿Un negro comiendo al lado mío? ¡Cómo es posible!”. “¿Mi hija con amigos negros en el colegio? ¡Jamás!”. Mujeres votando, trabajando al lado y a la par con hombres, etc. Los negros no debían sentarse en la parte de atrás del autobús porque fueran inferiores, sino porque a un blanco le incomodaba sentarse al lado de un negro. Quienes se oponían usaban argumentos vacios; la realidad es que la idea de un blanco sirviéndole comida a un negro en un restaurante, o que una mujer ejerciera las atribuciones cívicas, sociales y laborales que tradicionalmente era de hombres, les incomodaba.
Ahora vean si pueden reconocer esa misma incomodidad en estos argumentos:
“Qué asco ver a dos hombres besándose”
“Si una pareja de lesbianas adopta un niño, los otros niños le van hacer la vida imposible en el colegio”
“No me gustó ese lugar. Lleno de gays agarrados de las manos”
“La principal razón del matrimonio es procrear, es para un hombre y una mujer”
“La homosexualidad va en contra de la naturaleza”
“Yo no tengo nada en contra de los homosexuales, pero no tienen porque restregarnos su sexualidad a todos en la cara”
“La sexualidad de las personas es privada, que lo mantengan así”
Esos son los argumentos de alguien que no tiene argumentos: sencillamente les incomoda la idea de que dos personas del mismo sexo estén juntas, y no las quieren en su espacio, sociedad, cultura, o lo que sea.
En este caso pienso que también hay un Lado Correcto de la Historia, y es el de los derechos de los homosexuales. No deben ser discriminados, y deben tener derecho a casarse, que sus parejas tengan los mismos derechos en la vida y en la muerte que las parejas heterosexuales y poder adoptar niños. No veo porque la orientación sexual de una persona deba tener alguna consecuencia sobre sus derechos. Me parece un buen momento para parafrasear a Voltaire: “No quiero tener sexo anal con otro hombre, pero defenderé tu derecho a hacerlo“.
No existe un argumento válido en contra (y menos si tiene tinte religioso). Si me dicen que la sociedad no está lista, o que los niños de los homosexuales serán discriminados, les digo “Mala suerte”. Los niños negros que ingresaron a escuelas de blancos, y las primeras mujeres en las universidades, seguramente fueron discriminados también. ¿Eso significa que no había que integrar las escuelas, o que las mujeres no debían tener las mismas oportunidades educativas? No era su culpa que algunos miembros de las sociedad no estuvieran listos para dejar sus ridículas incomodidades a un lado, y lo mismo es válido hoy.
Entiendo que haya gente que no se da cuenta que está en Lado Incorrecto de la Historia. En los ejemplos anteriores hubo gente protestando, de manera pública y notoria, en contra de los cambios. Hay millones de personas que han apoyado causas pérdidas a lo largo de los siglos, sólo para después darse cuenta de lo equivocados que estaban. El padre de un amigo de mi papá estaba tan fascinado y convencido del comunismo, que envió a un hijo a estudiar a Polonia y otro a Moscú. Cuando a Venezuela llegaron las noticias de que su admirada Unión Soviética había invadido su tierra natal de Hungría, el señor cayó en una fuerte depresión y poco tiempo después se suicidó.
Con ese ejemplo no quiero decir que quienes se opongan a los derechos de los homosexuales llegarán a tales niveles de arrepentimiento, y estoy seguro que la mayoría de los que se oponen nunca se manifestarán en marchas o protestas. Así esa oposición sea vocal mas no activa, no duden que se arrepentirán. Nadie puede obligarlos a sostener opiniones en las que no creen, y tienen todo el derecho de manifestarlas. A pesar de eso, les doy un consejo: cállense.
Llegará el día en que los homosexuales tendrán los mismos derechos que el resto de la población. No tengo la menor duda. La lucha por los derechos de los discriminados siempre es lenta, y encuentra muchos obstáculos en el camino, pero algún día llega a su destino. En materia de raza y sexo aún queda mucho por hacer, pero aun así es indiscutible que se ha avanzado bastante en los últimos cien años. Ejemplos hay muchos, algunos ya los mencioné. En el caso de la discriminación por orientación sexual no será distinto.
El caso más revelador es el Apartheid en Suráfrica. Me parece increíble que los líderes de ese sistema de segregación racial institucionalizada pensaran a lo largo de los años setenta y ochenta que quedaba algo por defender. Estamos hablando del siglo 20, apenas dos o tres décadas atrás. Basta con repasar la historia de la humanidad para darse cuenta que la segregación y discriminación de otros humanos nunca es sostenible en el tiempo. Que estos líderes pensaran que podían sostener ese sistema al final del siglo 20 es impresionante. ¿En realidad pensaba que eso podía durar para siempre?
Después de la caída del Apartheid a esas personas sólo les queda bajar la cabeza y disculparse. Igual que a tantos otros que ciegamente apoyaron la discriminación de personas por su raza, sexo o religión en otras partes del mundo. Décadas después la gente se pregunta cómo pudieron estar en contra de derechos que hoy son -al menos en principio- comúnmente aceptados en la mayoría del las sociedades avanzadas del mundo. Me imagino cómo se sentirán muchos que hoy se ven en viejas fotos marchando en contra de lo derechos civiles de los negros en Estados Unidos. Me imagino cómo se sentirán sus hijos y nietos.
Es eso lo que le digo a quienes piensan que los homosexuales no deben tener los mismos derechos que los demás. ¿En realidad piensas que esta situación va a durar para siempre?. Va a pasar. Estés de acuerdo o no, ese día llegará. Alguien les preguntará de qué lado estaban; con los buenos o con los malos. ¿De qué lado de la historia quieres estar?


