Archivos para ‘La Batalla del Sexo’

noviembre 12, 2011

Creí que los adultos seríamos más inteligentes

por Pedro

Girl with a White Dog, 1950-1 - Lucian Freud

“Intenso, divertido, que me haga reír, hábil, interesante, profundo, misterioso, apasionado, emocionante, ambicioso, seguro de sí, que me vuelva loca, carácter firme, enérgico, que se abra emocionalmente, algo impredecible, impulsivo, con agallas, entienda mis sentimientos, intrépido, aventurero, con hambre de conocimientos, que me ponga en mí lugar cuando lo merezco…”

Esos son algunos de los adjetivos que escucho de mujeres describiendo el hombre que buscan, y son sólo los que se refieren más o menos a cualidades y rasgos de la personalidad. Hay otro grupo de descripciones que están más relacionados a los gustos del hombre:

“Que lleve una vida activa, le guste probar cosas nuevas, practique al menos un deporte, le guste viajar, que lea bastante, sepa de música buena, le guste ir al teatro y las películas que no sean de acción, que no sea aburrido sino súper divertido, y otros detalles que ayudan, como que le gusten más la Pepsi que la Coca-Cola, que su enano favorito sea Gruñón, le gusta el café con azúcar morena …”

Están bien. Nada fuera de lo esperado, excepto por esos últimos que aunque suenen a broma, es común escuchar descripciones así de precisas. Estoy tratando de pensar en qué tipo de hombre representan esos grupos de descripciones y sólo se me ocurren James Bond y Batman, si estos además fueran sensibles y cultos. Esos hombres (y mujeres) que son todo a la vez sólo existen en las películas. Si le preguntáramos a un hombre qué busca en una mujer, escuchamos descripciones que coinciden en varias cosas a las mencionadas arriba, más algo sobre el tamaño de los senos; así que vale la pena una aclaratoria: Mi observación es válida para ambos sexos, pero seguiré refiriéndome a las mujeres porque me da flojera hacer esta aclaratoria constantemente.

Me llama la atención no lo que está ahí, sino lo que siempre falta: “Que sea buena gente”. Saben, que no sea un perfecto coño de su madre. Un buen ser humano. Creo que es importante. ¿Han visto a una persona pensar en voz alta y decir “Quiero conseguir alguien que sea buena persona”? Nadie parece aspirar a eso; suena muy aburrido. Decir que alguien es “buena persona” es bastante general, pero creo que todos entienden a qué me refiero. No tiene que ser la Madre Teresa o Nelson Mandela, ni rescatar caballos abandonados (a las mujeres les encantan los caballos), basta con que sea alguien que te respete, no electrocute perros, no haga daño a otros voluntariamente, tenga la disposición para identificar situaciones en la que podría hacerlo involuntariamente, no emplee niños huérfanos en su pujante negocio de tráfico de drogas, y demás cualidades cuasi sinónimas (lealtad, honestidad, etc.).

Lo sé, lo sé: “Eso no hay que decirlo, es lo más importante. ¡Tanto así que está implícito!”. ¿Estamos seguros que lo está? Cada vez lo dudo más. Decir que está implícito es una pobre excusa. Si está implícito, si todos queremos a un persona buena gente, ¿por qué las cosas en esas listas parecen pesar más?

Sí pesan más. Una muestra es la declaración frecuente que hacemos al terminar una relación. Decimos “Ahora quiero alguien que sea ________”, muchas veces en respuesta a lo que tuvieron antes y no resultó. Buscamos lo contrario a la persona con la que tuvimos una mala experiencia. Si estaban con el deportista, ahora quieren el intelectual, y si estaban con una persona celosa, ahora quiere una indiferente. Pero después que nos jode un puerco amoral, no aplicamos lo mismo. Rara vez escuchamos “Mi pareja anterior era un asco de persona, ahora quiero una buena persona, no importa tanto lo demás. Alguien me trate bien”. Quiero que le guste esto, quiero que haga esto, quiero que me lleve allá, quiero que hagamos tal cosa, quiero que me haga sentir así. Nunca “Quiero un tipo decente”.

La compatibilidad entre personas nunca será (ni debe ser) perfecta. Habrá cosas que tenemos en común con nuestra pareja y otras que no, y algunas cosas nos gustarán de ellos mientras que otras nos dan ganas de escupirle en un ojo (cariñosamente, claro). Una buena relación se construye sobre confianza, intereses comunes (importantes), y buen sexo. Una mala relación se construye sobre rasgos y gustos sin importancia. Escoger una pareja también significa aceptar diferencias y deficiencias. Quieres un hombre que lea, le guste viajar y probar deportes extremos, pero el que conseguiste le encanta leer desde el confort de su sofá. Lo aceptas y sigues adelante con tu relación. Eso lo entiendo. No se puede ganar todas las batallas, y hay muchas que debemos negociar.

En esas listas de arriba, es comprensible que todos esos elementos puedan ser negociables. Lo sorprendente es que “Buen ser humano” lo sea también. Es el único elemento que no debería serlo, pero parece que estamos dispuestos a ignorarlo si la pareja cumple suficientes de las cosas inútiles de esas listas. Quiero dejar claro que no pienso que haya nada de malo en las cualidades mencionadas. No hay nada de malo en ser emocionante, intenso, profundo, sensible, y todo a la vez, etc. La línea que quiero marcar es entre lo verdaderamente necesario e importante –ser una buena persona– y todo lo demás que deberíamos llamar “buenas cualidades, que nunca sobran, y a la vez por sí solas no sirven de nada”.

La prueba de que lo importante es negociable no está sólo en la ausencia de esa cualidad en la típica lista de mercado de la pareja perfecta que escuchamos siempre, sino en que más allá de las palabras, rara vez lo vemos en la práctica. Hombres y mujeres idiotizados por una cantidad de cualidades sin verdadero significado y que no sirven de nada, mientras se mantienen ciegos a la ausencia de la más básica bondad humana.

Hay ejemplos específicos para ambos sexos. Las mujeres siempre se quejan de que muchos hombres sólo se interesan en mujeres brutas, fáciles, que estén buenas, o que nunca se nieguen a un viaje espontáneo a la playa a las tres de la madrugada, en detrimento de las inteligentes y serias (para este caso, añadan una tercera categoría de cualidades: físicas). En cuanto la personalidad y la disposición, hablan de una mujer “guerrera” (en castellano venezolano: intensa, y no se niega a nada por miedo, por aburrida, o por “el qué dirán”, etc.).

Las mismas mujeres que se quejan de eso hacen lo mismo sin darse cuenta: se interesan sólo en hombres por su apariencia, sólo que en este caso no son sólo apariencias físicas. Se interesan por el hombre emocionante, interesante, profundo, enérgico y que comparte algunos de sus gustos. Esas cosas se identifican primero, y terminan pesando más que lo más básico.

No soy psicólogo (y eso no impedirá fingir que lo soy), pero me parece que la idea de que necesitemos que otra persona –un agente externo– nos rete y traiga emoción a su vida puede ser señal de algún vacio emocional que otra persona no podrá llenar. Ese es un tipo de responsabilidad que debemos poder llevar solo, e idealmente compartir con una pareja, pero no subcontratarla a otra persona. Si necesitan de alguien que los impulse, los emocione, que le de tracción a su vida, quizás necesiten más un psicólogo que una pareja.

“Es que la gente buena muchas veces es también la más aburrida”. Es cierto. Entiendo que hay gente que declaró toda su personalidad una zona libre de carisma. Hombres y mujeres buenos son descartados constantemente por ser supuestamente aburridos. Pero no es una excusa para que dejen que la persona emocionante los joda mientras ignoran al bueno por no ser tan interesante o emocionante.

Hace unas semanas fui a una boda en la que uno de mis mejores amigos y su esposa compartieron la mesa con una Amiga y su Novio. Ella es la Robin Hood de la Vagina, que la entrega a malhechores y perdedores que nunca deberían estar siquiera cerca de una mujer como ella. Los vi desde mi mesa reírse todos juntos por horas. Al día siguiente hablé él:

- ¿Qué tal anoche? Te vi cagado de la risa con Amiga y Novio toda la noche.
- La pasamos buenísimo, estuvimos jodiendo toda la noche, cagados de la risa toda la boda con Amiga y Novio, demasiado divertidos los dos.
- ¿Y qué tal Novio? Yo casi no lo conozco.
- Un patán.

Aunque no lo crean, pocas personas pueden ver las cosas con esa claridad. “Es un patán divertido”. La mayoría se deja cegar por lo llamativo y lo brillante, como un bebé hipnotizado cuando le sacuden unas llaves enfrente.

No es fácil identificar un coño de madre a simple vista (excepto para mí). Aprendemos a golpes. Pero después de unos meses con alguien, consciente o inconscientemente, sabemos si hay algo malo en una persona. Es como adoptar de la perrera un pitbull que fue entrenado para peleas y maltratado. Sabemos que el perro puede ser un monstruo malvado, fiero, y salvaje, pero lo ignoramos bajo dos esperanzas: Que podemos cambiarlo, o que al menos no nos agredirá a nosotros porque somos quienes lo alimentan. La realidad es que no importa cuánto lo entrenes y alimentes, el pitbull un día te tratará como un zapato viejo y se cogerá a tu amiga de las tetas grandes.

abril 12, 2011

A veces quien llora, merece llorar

por Pedro
Night Calls II - Jack Vettriano

Night Calls II - Jack Vettriano

En un post reciente en Ili’s Blog, Iliana describe a un espécimen masculino que llama el Hombre-Jeva. Me encanta ponerle etiquetas a la gente. Lo he hecho antes aquí con, por ejemplo, los Gays Asexuales.

El Hombre-Jeva, para quien no conoce la jerga venezolana, se podría llamar también el Hombre-Niña. Si la definición estuviera en el diccionario de la RAE, diría algo como “Dícese del hombre heterosexual que carece de fortaleza testicular”. Entiendan o no lo que quiero decir, lean el post de Iliana, los ejemplos lo ilustran bastante bien.

En ese post dejé un comentario para decir que aunque sin duda el Hombre-Jeva existe, no siempre es fácil de identificar por otros hombres. El Hombre-Jeva, siendo uno de las subespecies más débiles del sexo masculino, suele ser también la más fanfarrona. Fueron a Harvard e hicieron un PhD en Pura Paja. Es el que al mismo tiempo que te dice “Le dije a esa perra que me deje en paz, que ya me cansé de cogérmela” le está enviando un mensaje al celular diciéndole “Mi princesa pero yo te amo, ¿por qué me tratas tan mal?”.

Las mujeres, creo, tienden a compartir más historias de fracasos y maltratos con sus amigas que los hombres. No temen en contarle a una amiga “Este tipo me jodió”. Entre hombres, incluso en ausencia de un Hombre-Jeva, no siempre es así. El Hombre-Jeva lleva esto al extremo. Mientras exagera su lado Hombre entre sus amigos, da rienda suelta a su lado Jeva con la mujer. Con ella, su especialidad es hacerse la víctima. Entre amigos, es hacerse pasar por el victimario.

Es peligroso tratar de especificar roles o conductas deseadas para hombres y mujeres. Aun así, hay ciertas cosas que se pide de los hombres (y de las mujeres también). No tienes –ni debes– ser el macho de una película mexicana que cachetea a una mujer porque los frijoles están fríos. Tampoco debes decirle a una mujer después de tener sexo “O te conviertes en pizza, o te vas” (por muy cómico que sea) (sí, es muy cómico, pero no lo hagas) (en serio, contrólate). Pero, por favor, no llores ni reclames si una mujer que no es ni tu novia ni tu esposa decide que después de tirar se quiere ir (y tampoco cuando lo sea). No escribas mensajes celosos a una mujer con la que apenas estás saliendo.

Si una mujer no te llamó, no importa. Gran cosa, no te llamo. Si decidió salir con unos amigos o amigas, sencillamente está ejerciendo su derecho como mujer soltera de hacer lo que le dé la gana. Tú también eres soltero, puedes hacer lo que te dé la gana. No te hagas el ofendido. Si en verdad te ofende alguna de estas cosas, no digas nada. No ganas nada. Si no puedes evitar estar ofendido o molesto, entonces búscate otra mujer que se comporte como tú quieres que se comporte. Es la belleza del libre mercado, aplicado a las relaciones. Si no te gusta el producto que te tocó, busca otro. No te lamentes ni lloriquees. Tienes un par de bolas, úsalas.

Es como nos decían en beisbol infantil. Si estás bateando y te pegan una pelota, camina a primera base y listo. No te tires en el piso ni te pongas a llorar como una niña. Recibe el pelotazo como un hombre y camina a primera base.

Eso es todo lo que se pide de nosotros. No es mucho. No hay que fingir que no sientes nada, sino simplemente tener reacciones proporcionales a la seriedad de la relación, y mantener un poco de decoro y madurez cuando las cosas no salen como queremos.

Claro, hay hombres y mujeres coños de madres que disfrutan pisar a otros. Esos a los que les gusta pisar por lo general caen en dos categorías: El que lo hace conscientemente, y el que no se da cuenta (porque no le importa). Hay mujeres duras, que nada más con la mirada te revelan que si no la haces acabar dos veces, después de tirar te va a llamar “Mariquita” mientras enciende un cigarro. El Hombre-Jeva es una presa fácil de cualquiera de esas mujeres, y llorará buscando la aprobación de una mujer como esa (mientras le cuenta a los amigos que está considerando dejarla porque no quiere hacer un trío con su mejor amiga). Pero, eventualmente, el lado fuerte de la relación se cansa de su exagerada y apresurada demostración de emociones. Las mujeres y hombres fuertes pueden disfrutarlo por un tiempo, pero llega un momento en que sencillamente no valen la pena. Tratar a alguien con indiferencia deja de ser divertido rápidamente si te lo reclaman constantemente.

Nadie se siente mal por el Hombre-Jeva . No es distinto a las mujeres que se dejan pisar. Sea un hombre o una mujer, eventualmente dejamos de sentirnos mal por aquellos que continuamente se ponen en una posición en la que el único resultado posible es que abusen de ellos. Como las mujeres que dicen “A mi novio le gusta atropellarme con el carro. ¿Crees que debo dejarlo, o me compro un casco?”

enero 10, 2011

Culpable al abrir la boca

por Pedro
Charles I Insulted by Cromwell's Soldiers, 1836 - Paul Delaroche

Charles I Insulted by Cromwell's Soldiers, 1836 - Paul Delaroche

En lo que se refiere a técnicas de interrogación, los expertos de la CIA en las cárceles secretas donde esconden supuestos terroristas para torturarlos no tienen ni la mitad de la habilidad que la mujer acostada a tu lado en la cama. Ellas nacen siendo una experta en tácticas que las CIA tarda años en enseñar.

Ellas esperan que estés a punto de quedarte dormido para hacer preguntas serias. Esta es un técnica de interrogación clásica –mantener a alguien despierto por varios días debilita su determinación. Apenas estás empezando a soñar en una mujer que se acuesta a tu lado sin preguntarte cosas estúpidas justo cuando estás empezando a soñar, te pregunta algo como “¿Me sigues amando igual que antes?” (Consejo: Si nunca la has amado y aún no la amas, la respuesta siempre es un honesto “Sí”).

Después de esto, te hacen preguntas inesperadas para tomarte desprevenido. Estarás en el sofá luego de una semana larga, viendo una película que ella escogió y durante la que apenas has estado dos minutos despierto porque a ningún hombre heterosexual le importa si a Drew Barrymore le va bien en una relación de larga distancia con el carajo de las propagandas de Apple, y es ahí cuando ella atacará.

“¿Estuvo buena la película, verdad amor?”, te dirá ella, preparando el camino con un golpe fácil.

“Hmmm mmm mmm” murmurarás tú, queriendo decir “Por esas dos horas de mi vida que me acabas de hacer perder, voy a desperdiciar tres minutos de tu vida cuando vayamos a la cama”, pero ello entenderá “Sí, mi vida”.

“Me gusta ver películas contigo”, dirá ella, y murmurarás de nuevo, ahora algo que suena como “Tu deseo de hacerme ver comedias románticas llena mi alma de odio y desprecio por el mismísimo núcleo de lo que tú defines como tú”.

“Cariño,” dirá ella, ignorándote sabiamente mientras desliza un dedo por tu entrepierna, “Si un león entrara en la casa ahora mismo, ¿cómo me protegerías?”

No tengo idea de cuál es la respuesta correcta a esa pregunta, pero “Te empujaría hacía el león, para que tu cuerpo sacie su sed de sangre, o que al menos lo distraiga lo suficiente para que yo pueda escapar”, no es la correcta. Es el tipo de frases que queda suspendida en un silencio incómodo por un segundos, como una piñata rellena de torpeza.

Sorpresivamente, “Mujer, por favor. No hay leones en América, sólo en África”, tampoco es la respuesta correcta.

Tristemente, en el pasado he pecado de no tratar lo ridículo e hipotético con el decoro necesario. Sus caras cambian de estado neutral a una expresión de enojo mezclada con incredulidad que llamo “La Cara de ¿Alguien se tiró un peo dentro del carro?”. Es bastante probable que te griten.

Me recuerda una vez que pensé que sería divertido convertir mis intentos de tener relaciones con mujeres en una especie de juego, en el que trataba de hacer algo increíblemente ofensivo sólo para ver si mi labia era lo suficientemente poderosa para recuperarme. Pronto me di cuenta que inevitablemente siempre hago eso con sólo abrir la boca.

Las mujeres también proyectan todo lo malo de otros hombres sobre nosotros. Cuando ven a un hombre hacer algo horrible, inmediatamente asumen que eres capaz de lo mismo. Nunca vean “Match Point” con su pareja. “¿Serias capaz de buscarte una amante, dejarla embarazada y luego matarla con una escopeta?”. Si ya hemos establecido que es todo un logro que no se me olvide respirar, ¿cómo voy a hacer lo suficientemente inteligente para hacer eso sin que me atrapen?

Como he dicho antes: Mujeres, hay millones de muy buenas razones para que se molesten con nosotros. Dejen de inventar escenarios ficticios en los que nos puedan hacer reclamos. Con tantas cosas malas que ya hacemos, no hay necesidad de molestarse por nuestra capacidad teórica de protegerlas de una turba de monjas iracundas con machetes cuando estemos en la cola del AutoMac.

octubre 15, 2010

Es más que hombres y mujeres brutas

por Pedro

 

The Fighting Temeraire, 1839 - J. M. W. Turner

 

En este blog he escrito varias veces sobre las diferencias entre hombres o mujeres, en particular en el tema de las relaciones de pareja. Mis argumentos obviamente no tienen ninguna base, son sólo opiniones. Es pura observación. Como Adam Smith, quién escribió La Riqueza de las Naciones usando nada más que su habilidad analítica, observación y reflexión. No tenía datos estadísticos o evidencias para respaldar sus argumentos. Digo esto sin intenciones de compararme con Adam Smith; sería incapaz de tal cosa. Pero ustedes siéntanse libres de equipararme con él.

Como hizo Smith hace siglos, a veces es mejor sustentar un argumento en nuestras observaciones y no en datos estadísticos. Hace unas semanas una amiga me envió un artículo que hacía referencia a un estudio que mostraba que las mujeres brutas se casaban más rápido, y las mujeres con un coeficiente intelectual más alto tardaban más en casarse. Para los que realizaron el estudio –que sí tenían estadísticas para respaldar sus afirmaciones– esto significaba que las mujeres más inteligentes tenían dificultades para conseguir un esposo y por eso se casaban más tarde. La conclusión del estudio era que los hombres las prefieren brutas.

Que algunos hombres las prefieren brutas es obvio. También lo es que la secuencia de pretendientes de una mujer a veces puede parecer uno de esos juegos de feria en el que los patos van pasando para que les disparen en un carnaval de su irrisión. Otros no hacen más que verle las tetas a las mujeres mientras ella hablan, lo que es totalmente incorrecto (y falto de visión de largo plazo: deberían pretender que se interesan por lo que dicen para así poderles ver las tetas con más frecuencia).

Este post no trata de eso. Mi amiga entra en la categoría de las mujeres inteligentes, y a sus 28 años ya se está preocupando de su soltería y falta de pretendiente serio (prematuramente, sin duda). Es inteligente, tiene una carrera exitosa en un sector ultra-competitivo dominado por hombres, formación académica de primera, habla cuatro idiomas fluidamente y se da a entender en otros, simpática de las que le cae bien a todos, bastante atractiva, excelente cocinera, económicamente independiente, le encanta el fútbol, no es una zorra, y no está loca. No dudo que el hecho que algunos las prefieren brutas esté jugando en su contra; hay hombres a los que les intimida una mujer inteligente y con carácter, y eso es así en cualquier parte del mundo (mi amiga vive fuera de Venezuela desde hace unos años, así que tampoco se trata de la sociedad venezolana).

Aquí no me preocupa necesariamente por qué no tiene novio, sino su reacción: Debe ser algo en mí. Sé que ella no es la única que piensa así.

Mi explicación para ella es que aunque a algunos les gusten brutas, la realidad es que el principal responsable de su situación es el azar. Conocer gente buena o mala es azar. Es muy distinto que alguien me diga “Mis últimos ocho novios, que eran todos buenos hombres, me dejaron”. En ese caso entendería que piense que tiene algún problema (o veinte) (y que probablemente es frígida). Dejando a un lado un caso como ese, todo lo demás es suerte y casualidad (a menos que crean en esa paja de El Secreto y la “Teoría” de la Atracción, y quien lee este blog regularmente sabrá lo que opino al respecto).

Si yo voy con mi amiga por la calle y paramos a cien hombres, y resulta que ninguno vale la pena o que no hay atracción recíproca, es una cuestión de azar. La mayoría de las personas conocen potenciales parejas a través de amigos en común, en fiestas, en el trabajo o estudiando. El resultado es tan aleatorio como parar cien extraños en la calle. Yo conocí a mi novia en una fiesta de cumpleaños a la que fue sólo porque sus hermanas la obligaron, y aunque el cumpleañero es un buen amigo de ambos desde hace 10 años, no sabíamos que el otro existía. Es azar.

Aunque la conclusión de “Hombres prefieren brutas” parece ser un insulto hacía los hombres, a mí me parece más un insulto a las mujeres. Ese argumento parece asumir que toda la decisión de escoger pareja es por parte del hombre, y a las mujeres no les queda más que esperar que las escojan. Me hace imaginar un supermercado con mujeres en los estantes, y hombres paseándose por los pasillos buscando una que les guste. Las voltean para leer la tabla en el empaque, en donde en vez de valores como Calorías o Grasa, leen Coeficiente Intelectual. “¡¿128?! ¡No! Mucho. Yo quiero una por debajo de 90”.

No estoy diciendo que eso suene mal –es una idea para ganar billones– pero no es como funcionan las cosas. Porque además del azar y hombres inseguros, el principal obstáculo de esas mujeres inteligentes son ellas mismas. Y eso no es malo. ¿Acaso no puede ser que las más inteligentes tardan más porque son más exigentes, y/o porque escogen mejor? Y sí, sé que ser muy exigente también puede ser malo. Conozco a una mujer que siempre está sola por su culpa. Es del tipo de persona que podría –que yo sepa no lo ha hecho, pero podría- quejarse de que el salón en el museo de Auschwitz en el que te enseñan un terrible video sobre todas las muertes no estaba “ventilado con aire-acondicionado, sino aire a temperatura ambiente, y eso no es suficiente”. Pero, de nuevo, voy a ignorar esos casos extremos y asumiré que estamos hablando de ser razonablemente exigente.

Decir sencillamente que los hombres las quieren brutas no toma en cuenta que esas brutas que se casan más jóvenes probablemente cometieron un error. Se casaron con la persona equivocada, y a los dos años están divorciadas. Es muy distinto Casarse, que Casarse Bien. Al decir que todo se debe a que las brutas gustan más, le quita todo el crédito que merecen las que no se casan con cualquier huevón. Creo que la pregunta más importante no es a qué edad se casan las inteligentes, sino, ¿cuáles duran más tiempo casadas, las menos o las más inteligentes?

Hay otros factores. Si asumimos que ser más inteligente resulta en carreras profesionales más exitosas, muy probablemente las más inteligentes hacen una decisión consciente de retrasar el matrimonio unos años para dedicarse exclusivamente a su carrera. Por otro lado, las mujeres (y hombres) con malas carreras pueden ver en el matrimonio la oportunidad de pagar cosas que no pueden solos. Por ejemplo, quizás se apresuran en casarse porque al unir dos ingresos podrán pagar un alquiler y mudarse de la casa de sus padres, cosa que no pueden pagar solos.

Dicho todo esto, aún no entiendo la obsesión con el matrimonio. Sé que parte del apuro es tener hijos antes de cierta edad, pero más allá de eso, no entiendo. Ya que abrí el post mencionando un estudio científico, voy a cerrar con otro. El Dr. Avi Eibenschütz condujo un estudio en el 2005 que demostró que el matrimonio matará tu espíritu y te convertirá en un cadáver que camina. Eibenschütz demostró que después de cuatro años de matrimonio, 7 de cada 10 parejas no tenían pulso cardíaco perceptible. De esas siete parejas, seis mostraban señales de depresión al reemplazar constatemente la frase “Fin de semana” con la palabra “suicidio”. Por ejemplo, dicen “Vamos a pasar el suicidio en la playa”, y “Creo que nos vamos a quedar viendo películas y capítulos viejos de Seinfeld este suicidio”. Les recomiendo no ignorar los resultados de ese estudio: El doctor tiene nombre y apellido judío, y si algo he aprendido de la televisión es que todos los negros que no son ladrones por lo general son jueces o capitanes de la policía, y que los mejores médicos son judíos.

junio 2, 2010

Las kamikaze del sexo

por Pedro
Santa Eulalia, 1885 - John William Waterhouse

Santa Eulalia, 1885 - John William Waterhouse

- Está muy distante y seco conmigo, está raro. Ya se lo dije, que no me la iba a calar.
- Dijiste que está full de trabajo, y están pagando un apartamento. Es stress.
- No sé. Y si es stress que no la pague conmigo.
- Pronto se mudan. Seguro eso le mejora el ánimo. Dale tiempo.
- Llevamos un mes en esto. Casi no me hace caso. Llega del trabajo directo a ver televisión. Ya lo tengo castigado.
- ¿Castigado?
- Sí, nada de nada. Desde hace semanas.
- Esa es de las cosas más estúpidas que he escuchado.

Eso fue lo que pude rescatar de mi memoria de una conversación que tuve recientemente con una amiga (las mujeres hablan usando un lenguaje misterioso, así que siempre asumo que están hablando de zapatos).

La Opción Nuclear: Cero sexo. Es fácil entender porque las mujeres la usan en ciertas ocasiones extremas. Si descubren que su pareja les infiel, o las agredió, es lógico que no quieran acostarse con él. Aún así, no es fácil entender porque usan la Opción Nuclear con mucha mayor facilidad que los hombres. Asumiendo que algún hombre la use, lo que de por sí es dudoso. Hay un tinte de masoquismo que no logro comprender.

¿Acaso las mujeres no disfrutan del sexo tanto como los hombres?

Claro que sí lo hacen. Voy a desviarme por un tangente por unos párrafos. He aprendido que si a una mujer no le gusta X, entonces X no va a ocurrir. Pueden hacerlo para complacerte al principio de la relación, y con suerte de vez en cuando después de eso. Pero si X no les gusta, no van a hacer X más que un par de veces.

Nosotros los hombres sí haremos ese X que no nos gusta, sólo para complacer a una mujer. Eso no quiere decir que seamos mejores que ellas. Lo hacemos porque somos estúpidos. Por eso es que no hay mujeres bomberos. Las mujeres son muy inteligentes como para entrar a un edificio en llamas. También es porque son una cagada cargando cuerpos sobres sus hombros, pero más que todo lo de ser inteligentes.

X puede ser lo que sea. Te puede acompañar a ver un juego de fútbol en la televisión, así no le guste. El sacrificio nunca será indefinido. Después de las dos ocasiones obligatorias que le ayudan a establecer sólidas bases para un chantaje futuro –“¿Yo sí te acompaño a ver fútbol pero tú no a hacer algo que me guste a mí?”– usará esas ocasiones para sumar puntos a su favor mientras hace lo que le da la gana.

Para seguir con el ejemplo del fútbol, aprovechará esas oportunidades para hacer cosas en las que no quiere que tú participes. Se reunirá con sus amigas para tomar algo, irá de compras, o se quedará en su casa leyendo. Ella no te dirá “Mientras tú haces algo que te gusta, yo también haré algo que me gusta”. Eso borraría la ilusión del sacrificio. Te dirá que no quiere que dejes de hacer lo que te gusta. Anda, ve a ver tu juego de fútbol, yo sé cuánto te gusta, yo te amo mucho y quiero que seas feliz. Tranquilo, yo encontraré algo para matar el tiempo.

Dos pájaros de un tiro. Se ve comprensiva y sacrificada ante ti mientras hace las cosas en las que no te quiere ni cerca.

Para resumir la tangente: Las mujeres no hacen lo que no quieren hacer. En el caso del sexo, podemos hacer un ejemplo específico: Hay mujeres que dicen escandalizadas “¡A ninguna mujer le gusta hacer sexo oral!”. Es mentira. Si hay mujeres haciéndolo y lo suficientemente común para que todos estén al tanto de la posibilidad es porque hay mujeres que les gusta. Si no fuera así no lo harían, y punto. Lo mismo ocurre con todo lo que tiene que ver con sexo. Si a las mujeres no les gustara tanto como les gusta a los hombres, no lo estarían haciendo con regularidad.

Tampoco se trata de que las mujeres se tomen el sexo más en serio que los hombres. No estoy hablando de dejar de acostarse con el hermano de aquella amiga del colegio con la que ya casi no hablas porque desde que se puso las lolas se cree mejor que tú y que una noche te presentó a su hermano y en medio de la borrachera se fueron al motel y el otro día te llamó “Clara” en vez de “Carla” así que no te vas acostar con él por un par de días para castigarlo. Me refiero a parejas estables.

Entonces, ¿qué es? ¿Será que las mujeres tienen más fuerza de voluntad que los hombres?

Sé que esta es la respuesta que escogerían la mayoría de las mujeres. También me parece que es mentira. Es como ocurrió con mi juicio, en el que habían dos versiones: la mía (la verdad), y la que creyeron ella, su abogado, el Fiscal, el juez, la policía, y el jurado (la mentira). He visto a suficientes mujeres sufrir de las mismas faltas de fuerza de voluntad que los hombres para dejar de fumar, bajar de peso, hacer ejercicio, estudiar, trabajar, o cualquier cosa que se les ocurra. Hombres y mujeres tenemos tanta o tan poca fuerza de voluntad como el otro.

Lo único que se me ocurre es motivación. Bajo esa hipótesis, no se trata de tener más fuerza de voluntad que los hombres, sino de que quizás las mujeres se toman más a pecho las peleas de pareja, o canalizan su disgusto de una manera activa que los hombres no usamos. Eso les da la motivación necesaria para dejar de hacer lo que quieren hacer.

No significa que a los hombres nos importe menos la relación. No hay duda que hay algunos que son como niños pequeños con los juguetes: sólo quieren jugar con la caja, no les importa lo que hay adentro. A muchos sí nos importa, pero somos muy flojos para mantener campañas de castigo hacía nuestra pareja que incluyan que nosotros tenemos que dejar de tener sexo. Esa solución va en contra de toda lógica.

Si eso tiene sentido para peleas que no son muy graves, ¿qué se supone que debemos hacer si nuestra pareja nos es infiel? ¿Golpearnos en el pene con un martillo? ¡Eso va hacer que ella aprenda quién manda en esta relación!

marzo 4, 2010

La institución racista

por Pedro

A Very Married Woman - Jack Vettriano

Cada vez que alguien se opone al matrimonio entre homosexuales escucho la palabra “institución” por alguna parte. La “institución del matrimonio”. Es sacrosanta. No puede ser violada.

A la esclavitud también la llamaban una “institución”. La práctica de discriminar a seres humanos por su raza estaba tan institucionalizada que su abolición resultó en protestas en muchos países, y una guerra civil en los Estados Unidos.

Cuando alguien está loco lo “institucionalizan”. Es decir, lo ingresan en un manicomio porque él o ella (usualmente él) está demente y no puede tomar decisiones racionales o inteligentes en lo que se refiere a su propio bienestar.

Entonces, ¿no es ésta decisión de unirse a la institución del matrimonio prueba de que esa persona debe ser institucionalizada?

Como soy más inteligente que ustedes, permítanme responder: si, claro que lo es.

Al examinar esa elección notamos que –entre otras cosas– pronto te lleva a pensar que Bs. 6.000 es un monto razonable para contratar un fotógrafo por una noche, una decisión que a lo menos es bastante cuestionable.

En resumen, todos los que están casados son unos locos racistas.

diciembre 22, 2009

Demasiado trabajo, demasiadas mujeres feas

por Pedro

Wilt Chamberlain, un ex-jugador de basketball que murió hace una década, dijo a sus 55 años en su autobiografía que a lo largo de su vida se había acostado con unas 20.000 mujeres.

La revelación fue recibida con bastante escepticismo. Sin embargo, antes de eso su promiscuidad, y facilidad para atraer mujeres, ya era una leyenda urbana. Nunca se casó, no tuvo hijos (al menos que Wilt supiera). Pero, ¿20.000? Eso sería una mujer distinta cada día, desde sus 15 años hasta su muerte. Seguramente no fueron 20.000, pero su estilo de vida era tal que nadie que lo conoció duda que el número es mayor a 5.000, incluso los más escépticos. Es decir, muy probablemente, el pene de Wilt vio más vaginas distintas que el ginecólogo más exitoso.

Pienso en esos números y me dan tristeza. Incluso un número mucho menor pero igualmente respetable, como 200, me da tristeza. No quiere decir que no quiera acostarme con 200 mujeres. No es la cantidad de sexo la que entristece. El problema es que para poder llegar a números tan altos estoy seguro que hay dos factores importantes:

Mujeres Feas

Vamos a olvidarnos de Wilt por unos párrafos. Pensemos en un hombre que no es famoso y logra acostarse con 200 mujeres. Si me dice que se ha acostado con 200 mujeres lo primero que voy a pensar es “Wow, te debes haber acostado con bastantes mujeres feas”.

Es una cuestión de números (y los que voy a usar aquí son sólo como referencia). Digamos que por cinco mujeres que este hombre atrae, por más atractivo y exitoso con las mujeres que sea, una es fea. Estamos hablando que se ha acostado con 40 mujeres feas. Cuarenta. Mi más sentido pésame.

No me malinterpreten, no hay nada de malo en estar con mujeres feas. Como dicen algunos: “El que coge feo, coge doble”. Aun así, todo tiene un límite. Cuarenta mujeres feas está más allá de ese límite. Mucho más allá.

Inversión de Tiempo y Esfuerzo

Mientras el punto anterior me pone triste y me da un poco de grima, este me produce flojera. Mucha, mucha flojera.

Incluso un hombre altamente exitoso con las mujeres no podrá sencillamente llevarlas a la cama cuando él quiera. Algunas caerán fácilmente, y otras requerirán de tiempo y esfuerzo. Digamos ahora que este hombre súper atractivo y con un toque mágico para las mujeres puede llevar a la cama sin mayor esfuerzo a una de cada cuatro. De las 200, cincuenta mujeres fueron más difíciles.

Definamos ahora que a estas mujeres difíciles hay que cortejarlas por diez días (aunque creo que eso sigue calificando como poco trabajo, una mujer fácil). Son 500 días.

Sólo pensar que debo dedicarles atención, tiempo, dinero, esfuerzo, horas de cenas y conversación a cincuenta mujeres por 500 días para acostarme con ellas, me dan ganas ver un juego de football y tomar unas cervezas. El proceso de cortejo tienes sus partes divertidas e interesantes, pero estar detrás de alguna mujer distinta constantemente ya cae en el masoquismo. Es la misma razón por la que no soy infiel: demasiado trabajo, demasiadas complicaciones.

En esos 500 días, en vez de perseguir 50 mujeres (de las cuales, no olviden, 12 son feas), prefiero dividirlos entre una, dos o tres novias no-simultaneas. Les aseguro que voy a tener mejor calidad de vida, mejor sexo, gastar menos dinero, etc. Si pudiera acostarme con todas esas mujeres sin esforzarme, bienvenidas sean. Pero la única forma que es ocurra involucra el uso de muchas drogas potentes, y eso es muy caro.

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Volviendo a Wilt. Estoy seguro que él no tuvo que trabajar por mucho tiempo a la gran mayoría de las mujeres. Era un tipo bastante famoso, exitoso, y fácil de reconocer por su apariencia y estatura. Su carrera lo llevó a viajar por buena parte de los Estados Unidos, y esta coincidió con unos buenos años para quien estuviera buscando sexo sin compromisos (1959-1974). Además, aprendí a través de comediantes y chistes racistas que los hombres negros siempre tienen penes grandes. Me imagino que eso también lo ayudó. (Un dato gratis para los lectores: ¿Saben que ayuda también? Cocaína. De nada.)

Así que creo que el segundo factor no fue tan importante en su caso. Lo mismo ocurre con otros artistas o atletas famosos. No dudo que uno de esos tipos pueda acostarse con 100 mujeres y todas estarían buenas. Esa vida la puedo vivir. Pero en lo que se refiere a Wilt, con 5.000, estoy seguro que se debe haber acostado con cientos y cientos de mujeres feas. Quizás es el precio que tuvo que pagar para acostarse con las que estaban buenas. No sé.

En el caso de nuestro amigo no–famoso de las 200 mujeres, yo no podría vivir esa vida. Demasiado esfuerzo, demasiadas mujeres feas. Prefiero la calidad sobre la cantidad (con tal de que, claro, la cantidad no sea muy baja).

diciembre 3, 2009

Si estuvieras buena, diría que eres genial

por Pedro

Hace unas semanas hablé con otros bloggers sobre una mujer algo conocida por aquí. No sé con certeza a qué se dedica, pero estoy seguro que está muy lejos de ser una celebridad o una estrella de lo-que-sea, o en general de realizar alguna actividad de tal calidad que la haga merecedora de reconocimiento. Hablamos de esta persona por su comportamiento de pseudo-diva, una aparente opinión de sí misma bastante alta, y el grupo de aduladores que la idolatra. No la conozco, y me importa muy poco lo que hace. Sólo sé que existe, y eso basta para que tenga una opinión sobre ella. A estos bloggers les dije que esta mujer “No está buena como para compensar su comportamiento”.

¿La mujer es fea? No. Yo le doy. No podría masturbarme pensando en ella, pero quizás si la viera después de diez tragos, me recordaría que tengo que masturbarme pensando en otra mujer. Pero ser dueño y operador de un pene por 28 años me permite afirmar con absoluta propiedad que esa mujer no está ni cerca de estar buena. ¿Qué importa que no esté buena? A eso todos responden con un “Nada”, y es así, no tiene nada que ver con lo que alguien hace o no hace.

Ojala eso fuera cierto.

Las mujeres que están buenas no pueden hacer lo que quieran, nadie puede. Pero si se les tolera mucho, mucho más; o por lo menos nosotros los hombres se lo toleramos. Pueden comportarse erráticamente, ser las personas más ridículas del universo, creer que son las mujeres más sofisticadas y únicas, pedir cosas imposibles y reclamar si no las obtienen. Y aunque nos irriten y desesperen, ignoraremos todo esto mientras no afecten severamente nuestra salud mental. Una supermodelo podría tener a 10 hombres al borde de un precipicio e irlos empujando uno por uno a su muerte, y les aseguro que el último de la fila miraría todo eso con miedo pero esperaría a que llegara su turno. Porque, ¿quién sabe qué pueda pasar?

No somos tan permisivos porque nos falten testículos para rechazarlas, ridiculizarlas y exponer lo estúpidas que son. Eso podríamos hacerlo, si tan solo no estuviéramos tan distraídos mirándoles las tetas.

Esa es mi opinión de esa mujer del primer párrafo. Si estuviera buena, no me parecería ridícula. Es decir, yo sabría que se comporta como una idiota, pero lo ignoraría.

Miren a Lady Gaga. En serio, mientras vomito por haber escrito ese nombre en mi blog, piensen en esa “cantante”. Cada vez que sale en las noticias está haciendo algo más ridículo y estúpido. Todo bajo el disfraz de ser distinta, de ir contra la corriente.

Cuando Madonna estaba haciendo algo parecido en los ochenta y principios de los noventa (no me refiero a su música, sino todo lo periférico), a todos les parecía que estaba a la vanguardia, rompiendo esquemas, abriendo nuevos caminos. Bla. Bla. Bla. Decían eso porque Madonna estaba buena. Ahora la ridiculizarían si hiciera algo parecido, y con toda razón.

Porque Madonna no está buena, ella estaba buena; y cuando dicen “Pero mira que bien se ve a sus 50 años” sólo me están dando la razón. Hay una diferencia entre “Estar buena” y “Estar buena para alguien de 50 años”. No hay duda que Madonna ya no entra en la primera calificación, y en mi opinión tampoco entra en la segunda. Es un saco de huesos forrado en venas protuberantes, con ropa de mujer.

En el caso de Lady Gaga, vamos a dejar algo bien claro: Lady Gaga es horrible. Es una mujer fea. Cada vez que aparece en televisión, mi pene sale corriendo y se esconde debajo de la cama. Punto y aparte.

Por eso me da tanta vergüenza ajena cuando la veo en las noticias. Cuando veíamos a Britney haciendo estupideces similares –como “cantar” con una culebra en los hombros– sólo veíamos lo buena que estaba. Si Britney no hubiera estado así nos hubiéramos reído a carcajadas. Esa culebra y la apariencia de Lady Gaga son exactamente lo mismo: un intento por disfrazarse. Yo llamaría ese disfraz “Cantante con Talento”, porque ese es el objetivo, disfrazarse para distraernos del hecho de que carecen de talento musical.

Piensen en esos grupos de hombres de finales de los noventa, las llamadas boy bands. Esos nombres no los voy a escribir. Ninguna de esas bandas hubiera sido exitosa sin en vez de cinco hombres atractivos de dudoso talento musical y que no escribían música ni letras, hubieran estado formadas por cinco hombres con barrigas cerveceras y calvicie incipiente con igual falta de talento. Todas esas mujeres hubieran podido reconocer inmediatamente que eran pésimos. Seguramente tendrían un público fiel entre los hombres gay con fetiches por barrigas cerveceras y calvicie incipiente, pero no hubieran vendido millones de discos.

Esto no aplica sólo a artistas, también ocurre en nuestra vida diaria. En un lugar en el que trabajé hace varios años había una pasante de unos 20 años. Una niña tan increíblemente hermosa como era incompetente y floja. Llegaba tarde y se iba temprano, su trabajo era deficiente, era tonta, y mil etcéteras. Pero estaba buenísima, y de vez en cuando llevaba pantalones blancos que se transparentaban un poco, revelando su culo y la apenas existente ropa interior. Eso lo sé porque sus compañeros de trabajo –incluso las mujeres– le avisaban a los hombres del departamento para que pasáramos por sus oficinas ese día a verla. “Eso está en la descripción de sus tareas: Una vez a la semana, traer esos pantalones blancos”, me dijo su jefe. El mismo que no perdonaba la ineficiencia en hombres, o en mujeres no tan agraciadas.

Todos hemos escuchado a un hombre quejarse de lo fastidiosa o irracional que es su novia, para después decir que no la deja porque está buenísima. Obviamente, esto no ocurre sólo con mujeres. ¿Cuántas amigas de ustedes no le han tolerado unas cuantas de más a un novio patán sencillamente porque estaban buenos? ¿Cuántos conservan su trabajo porque les atraen a sus jefas?

Creo que lo que trato de decir es que la apariencia importa. Otras noticias de última hora: el sol saldrá por el Este, hay gente racista, y hoy ofenderé a alguien sin proponérmelo (perdóname, mamá).  Quien piense que la apariencia no importa, pregúntenle a los que eran regañados por el jefe que mencioné antes, mientras toleraba todo de la niña estúpida con nalgas tan perfectas que Miguel Ángel se hubiera considerado indigno de intentar reproducirlas en una escultura. Pregúntenle a la mujer simpática e inteligente que no sacaron a bailar en la discoteca porque los hombres prefirieron sacar a su amiga, que es una zorra y es bruta, pero está buena. Todos hemos juzgado a alguien por su apariencia, como esa persona que nos atrae pero con quien no hemos hablado nunca, y a la vez ignoramos a otra menos atractiva que nos gustaría más si le dieramos la oportunidad de hablar.

¿De qué sirve este post? No sé. No dije nada nuevo. Sencillamente me alegró saber que esto funciona en más de una vía, que el fijarse en la apariencia física no sólo me hace ignorar erróneamente las fallas de una mujer hermosa, sino que también me permite identificar correctamente las deficiencias de una que es fea.

Al igual que con las mujeres feas, algunas de las mujeres hermosas que conozcamos serán inteligentes y otras no tanto. Unas serán supremamente talentosas en algo, y otras no servirán para nada. Pero en el caso de las mujeres hermosas, esa falta de inteligencia y talento se esconde detrás de unos ojos hermosos o un tremendo par de tetas, y coño, nosotros no somos Superman, no tenemos visión de Rayos X.

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enero 15, 2009

La Teoría del Pollo a la Plancha

por Pedro

Me pasa con frecuencia que después de publicar un post se me ocurren mejores maneras de expresarme. Pienso en ejemplos más claros, mejores chistes, y explicaciones más sencillas. Algunos creen que eso no es más que un rastro de la grandeza del autor, y yo estoy de acuerdo con ellos. Pero ese no es el punto.

Esta es una buena oportunidad para explicar lo que llamo mi Teoría del Pollo a la Plancha, o también Teoría del Vaso de Agua. Para explicar de qué se trata, sería bueno empezar explicando el nombre.

Cuando voy a un restaurante rara vez pido un plato malo. Cuando llega la comida, no es raro que la persona que está comiendo conmigo desee haber ordenado lo mismo que yo. Es un don, sin duda, pero detrás de este hay un sencillo proceso de selección. La primera parte del proceso consiste en descartar los platos con poco potencial, como el Pollo a la Plancha.

Incluso en el mejor de los restaurantes un Pollo a la Plancha es sencillamente eso, Pollo a la Plancha. Nunca vas a comer uno y decir “Wow, este es el mejor Pollo a la Plancha que he comido en mi vida”. Pero mientras es difícil que el plato te parezca algo espectacular, es bastante fácil identificar cosas malas. Puede estar seco, insípido, o duro, y no tardaras un segundo en notarlo. Esto aplica a muchos otros platos: Pizza Margarita, Spaghetti a la Boloñesa, etc.

Lo mismo ocurre con un vaso de agua. Nunca vas a decir “Este es el mejor vaso de agua que he probado”. Es sencillamente agua. Pero si tiene algo malo, lo notarás inmediatamente.

Muchas otras cosas son como un Pollo a la Plancha. A mí me encanta el vodka, pero pienso que su potencial es más limitado que el del whiskey, o incluso que el de la cerveza. Para los hombres las comedias románticas también son un Pollo a la Plancha. Podemos decir cual es pésima, pero no cual es excelente. Al final del día es sólo otra película más donde Hugh Grant dice “right” cada 30 segundos.

Una cosa más donde aplica esta teoría es la lingerie de las mujeres. Cuando traté ese tema en un post hace unas semanas quizás exageré un poco, o me faltó explicar mejor los grises en vez de hablar sólo sobre los blancos y negros. Por un lado, no es cierto que a los hombres no nos importe en absoluto la ropa interior que lleva puesta la mujer. Pero a la vez, no nos importa en lo más mínimo.

¿Contradictorio? Claro que si, pero existe una explicación razonable. Si un hombre le quita la ropa a una mujer para conseguirse con que no lleva ropa interior, esto no le va a importar en lo absoluto. No va a pensar “Coño, que mal, ojalá tuviera puesto un sostén súper sexy”. No la va a extrañar. Ningún hombre le va a contar a un amigo “Lo único que no me gustó es que le quité la camisa y no tenía sostén”. Tampoco le va a importar mucho si es de algún color o de otro. Pregúntenle a cualquier hombre esto: Si pudieras saber qué tiene la mujer debajo de la ropa, qué pensamiento te excitaría más, ¿saber qué tiene ropa interior de lujo o que no tiene absolutamente nada?

Si, es un pregunta retórica.

Pensándolo mejor, no les pregunten nada. Hagan un experimento. Saquen a su novio/esposo/peor-es-nada a la calle. Puede ser un centro comercial, restaurante, bar, lo que sea. Necesitan tener un cronómetro en la mano. Una vez ahí, díganle “Debajo de la ropa tengo un conjunto de ropa interior súper sexy”. En otra ocasión díganle “No llevo ropa interior”. Luego vean bajo cual escenario tardan menos en estar en alguna habitación. Bajo el primer escenario no dudo que les pueda emocionar. Bajo el segundo escenario es otra experiencia. Mi estimado es que bajo el segundo escenario tomará alrededor de 42 segundos, con una desviación no mayor de más o menos 3,2 segundos, con un nivel de confianza del 95%.

Para nosotros la ropa interior de las mujeres es como un Pollo a la Plancha. Podemos notar lo malo, ver algo bueno, pero no apreciar lo excelente. El potencial de la mujer es ilimitado, es su ropa interior la que tiene uno limitado.

En caso que si lleve ropa interior, podemos notar en segundos si hay algo (muy) malo. Si está sucia, rota por todas partes, o huele mal, etc. Pero no podemos distinguir los grises, como si pueden las mujeres. No notamos la diferencia entre un sostén negro que está en buen estado, y uno parecido de una marca carísima que le costó la mitad del sueldo. Es sólo un sostén.

Claro, para las mujeres no es sólo un sostén. Es un hecho –no mi opinión– que en promedio las mujeres se estresan más por su apariencia que los hombres. Espero que algún día en el futuro las cosas cambien, y apreciemos a las mujeres exclusivamente por su apariencia, y no las juzguemos por sus logros. Como con Ana Kournikova.

¿Qué? ¿Es al revés? Ah. Ok. Perdón.

Debe ser estresante para las mujeres ser juzgadas constantemente por su apariencia. Me imagino que debe ser tan estresante como drogarse y luego correr por una playa gritándoles a los demonios que ves en las alucinaciones. Luego despiertas y te duele la mandíbula por el golpe que te dieron en esa fiesta donde regalaban cocaína. Cuando por fin encuentras tu carro, te das cuenta que el indigente que escondiste en la maleta del carro en realidad no estaba muerto.

¿Qué?

Oh. ¿En qué estábamos?

Esto no quiere decir que no queramos que las mujeres hagan un esfuerzo a la hora de vestirse en ropa interior. Si, muchas veces no lo apreciaremos. Pero, por favor, ya las mujeres tienen bastantes razones válidas para estar molestas con los hombres. No es necesario inventar otras.

Claro que queremos que traten de vestirse sexy, porque el futuro de la humanidad depende de ello. Cuando vengan los extraterrestres –y no duden que vendrán– lo sexy de nuestras mujeres será nuestra primera línea de defensa. Las mujeres provocarán que los extraterrestres comiencen a masturbarse, y en ese momento, mis queridos amigos, es cuando atacaremos.

Ellas serán héroes más transcendentales que Ghandi. Todo lo que ese cobarde hizo fue pasar hambre.

¡Que imbecil!

diciembre 17, 2008

Memorándum: No me importa tu “lingerie”

por Pedro

Estimada Mujer,

¿Recuerdas aquella vez que te invité a pasar el fin de semana de tu cumpleaños en la playa? Si es así, recordaras que había olvidado tu cumpleaños y que fue sólo una casualidad que coincidiera con esos planes. Debes recordar también que te enteraste de esto porque cuando me dijiste emocionada “¡Que buena idea pasar mi cumpleaños juntos en la playa!”, no dudé en acabar con tu ilusión y decirte que no recordaba que era tu cumpleaños. Si, tienes razón, debí pensar más antes de confesar eso, y seguir con la mentira blanca.

Si, también sé que esta historia fue con una mujer distinta, pero para efectos de esta carta todas ustedes son una sola.

¿Recuerdas cuando estabas contenta porque todos los hombres no habían dejado de mirarte toda la noche en aquella fiesta? De regreso en el carro lo comentaste, y fue ahí cuando te enteraste de mi boca que todos los hombres te miraban porque la blusa que llevabas puesta se transparentaba bajo las luces y se te veían claramente los pezones. Tenías razón, si no te lo dije en la fiesta no te lo debí decir después.

Te hago estas preguntas porque esta carta es similar: voy a decir algo que muy probablemente no debería decir. Lo más sensato es dejar que mantengas esta ilusión, pero como las anteriores historias evidencian, no sirvo para eso.

En una ocasión tuve una larga conversación con uno de mis amigos, en la cual tratamos el tema de la ropa interior de su novia. Este amigo estaba muy emocionado por un conjunto que su novia acababa de comprar. Me describió con detalle el color (negro como el azabache), los encajes (preciosos), y las transparencias (excitantes). Ahora no recuerdo la marca, pero era bastante conocida. Esta conversación tuvo lugar en Fantasyland, porque a ningún hombre le importa en lo más mínimo la ropa interior “sexy” que las mujeres compran. En. Lo. Más. Mínimo.

Sé que algún novio te habrá dicho alguna vez que si le importa bastante, y que le encantaba cómo te quedaba, y hasta te habrá dicho que tipo y color le gustaba más. Pero contrario a lo que ese novio-desesperado-por-acostarse-contigo te dijo, no le interesaba. Lo único que nos importa es que esté limpia y no parezca que la puede usar mi abuela. En caso de que a alguno le importe bastante es porque tiene algún fetiche. En ese caso, si notas que tu ropa interior te está quedando grande es porque tu novio se la está probando cuando no miras.

Debes estar pensando por qué entonces nos gusta ver modelos en ropa interior. Es cierto que nos encanta ver a esas modelos de Victoria Secret, y supermodelos en general, en ropa interior. Pero sólo porque eso es lo más cerca que vamos a estar de verlas desnudas. Tenemos que conformarnos con eso. En el caso de nuestras novias lo mejor es que sigan este protocolo en cuanto a su vestimenta:

Etapa 1: Vestida con ropa ajustada.
Etapa 2: Ya no tienes puesta la ropa ajustada.

Cualquier paso entre 1 y 2 está de más, un estorbo. Ya que estamos hablando de ropa, tampoco nos gusta el cinturón de castidad moderno: los jeans con cierre de botones, así que por favor evítalos.

Te debes estar preguntando por qué alimentamos esta ilusión, y tienes toda la razón en preguntarlo. El asunto es que sabemos que es mejor no decir nada. Por ejemplo, alguna vez un novio te habrá regalado algo que no te gusta. Puede ser que no te guste que te regalen flores o chocolates, y un novio te los regala. Estoy seguro que no los tiraste en su cara. Seguramente sonreíste y dijiste “Gracias”. Hiciste esto porque aunque no te guste el regalo, sabes apreciar el hecho que tu novio se haya tomado la molestia y haya tenido el detalle de dártelo.

Eso mismo ocurre con los hombres y tu ropa interior. Apreciamos que hayas comprado esa pieza pensando en nosotros (o en un novio anterior; no tiene importancia). Reconocemos que fue un buen detalle, y agradecemos que te hayas tomado el tiempo y la molestia. No le damos importancia, pero sabemos que tú si. Sabemos que no quieres que te la quitemos en dos segundos -aunque eso es lo que queremos hacer- porque quieres que “la apreciemos”.

¿Por qué entonces también te la regalamos? Ten en cuenta que cuando te regalamos ropa interior sexy básicamente nos estamos regalamos una noche de sexo asegurada. Estamos pensando en nosotros, no en ti. Es como regalarte entradas para un juego de football, o sesenta cervezas, sólo que en esos casos es obvio que el regalo es para nosotros, y con la ropa interior no lo es.

Sé que estoy demostrando falta de tacto al decir estas cosas. He hablado con varios doctores al respecto y me dicen que es incurable. Ya que tengo una enfermedad incurable, deberíamos empezar a “vernos” de nuevo porque quién sabe cuanto tiempo me queda. Tranquila, no tienes nada de que preocuparte. Te compraré suficientes tragos de manera que no recuerdes casi nada, porque soy un caballero.

Recibe un gran abrazo,

Pedro

diciembre 9, 2008

“Ahhh pobrecito”

por Pedro

Tengo una pregunta que hacer. Explicar el porqué de la pregunta tomaría mucho tiempo, así que vamos al grano: ¿Quién les dijo a algunos hombres que la mejor manera de recuperar a su novia es llorando como una niña? No tengo idea de dónde sacaron eso, pero están mal informados, y me parece patético. Y cuando digo “patético”, quiero decir “divertido”.

La llorantina no funciona con las mujeres. Ellas quieren un hombre que –en el peor de los casos– derrame una lágrima cuando matan a Mufasa. Pero no más. Las historias del Arte de la Seducción no incluyen un capítulo sobre llorar y balbucear incoherentemente como un niño de seis años con el brazo roto. No soy de los que piensan que un hombre no debería llorar. Eso es ridículo, no se trata de eso. Se trata de que, sencillamente, no los va a ayudar a retener a su novia. Punto.

Este post está motivado por algo que vi el fin de semana, pero no es la primera vez que me pregunto esto. No recuerdo cuantas veces he escuchado amigas contándome como sus novios se pusieron a llorar sin control cuando los dejaron o cuando les advirtieron que los podían dejar. En algunos casos les ganó unos días más antes que lo botaran, pero sólo porque la mujer tardó en asimilar el hecho que el novio en realidad se puso a llorar y suplicar, en vez de tratar de arreglar el problema o discutir racionalmente.

Si, las mujeres de por sí tienen sus propias contradicciones que pueden confundir a un hombre. No es fácil saber que quieren de uno. Algunas quieren a un hombre que las llame al balcón en una noche de luna llena y les cante serenatas de rodillas, y eso está bien. No hay problema. Lo que algunas no ven es que sí, hay hombres así, pero si están con ellos lo más probable es que tendrán que ser ellas las que cambien el caucho bajo la lluvia en medio de la carretera.

Para algunas mujeres tener sexo “fuerte” es cuando un apuesto extraño con una larga melena movida por el viento le tapa los ojos con una venda de terciopelo, luego les rompe los botones de la blusa y le lleva fresas y uvas a la boca en el medio de un barco pirata. Un escenario más realista es que le van a caer a nalgadas mientras le dicen “perra”, de repente va a oír un golpe y todo se pondrá oscuro, y luego despierta diez horas después preguntándose qué pasó y porque le duele el culo.

Pero nada de esto es una excusa para confundirse en esto de suplicar perdón entre lágrimas. Lo peor de todo esto es lo incrédulos que son estos hombres luego que los botan. Y cuando digo “peor”, quiero decir “mejor”. Ellos no entienden como su novia los dejó después que ellos profesaran su amor de rodillas, llorando y babeando. Wow, que resultado tan sorprendente. Si alguien hubiera predicho que esto no iba a evitar que los botaran, esa persona debería ser quemada en la estaca porque obviamente es una bruja, usando las fuerzas oscuras para el mal y no para el bien.

Mujeres, vamos a suponer que están saliendo con un hombre increíble. Lo sé, es difícil imaginar un mundo donde los hombres las consideren atractivas, o donde los hombres sean increíbles, pero sigan mi juego unos segundos. Si este hombre inexistente se les pone a llorar cada vez que creen que lo van a botar, ¿no es eso una alarma? Me imagino que sí. Llorar de vez en cuando no cae mal, pero deben sentir que están tratando con un niño si su novio se les pone a llorar cuando discuten.

Cada vez que me cuentan de estos casos me siento mal por el hombre. Luego recuerdo que no me importan otras personas y se me sale una gran carcajada. Esto rara vez cae bien con la mujer involucrada porque aun está en la etapa de asimilar la situación. Pero al poco tiempo estamos recordando al ex entre tragos, y nunca falta que la mujer suelte un “Ahhh, probrecito”. Porque para eso quedan, para ser recordados como el pobrecito.

noviembre 15, 2008

The Last Man Standing, soy yo

por Pedro

Hay un programa de televisión en el que llevan a un grupo de hombres atletas a distintas competencias en todo el mundo para determinar cual de ellos era más fuerte, desde un punto de vista físico, mental y emocional. Compiten contra hombres locales en deportes casi desconocidos en el resto del mundo. Lucha mongolesa, peleas a palos con los Zulus y a patadas en India, o carreras de canoas en Papúa Nueva Guinea. El último en ser eliminado de la competencia, gana ese evento. El último hombre de pie, como dice el título de este post y es el nombre del programa.

Todos los hombres participamos en una competencia similar pero con una meta distinta, que algunos llaman “Alma gemela”, otros su “Bola y grillete” o como me gusta llamarlas a mí, “Mujeres”. Nos lanzan en esa competencia desde la pubertad, y somos examinados en varias disciplinas: intelectual, sexual, emocional, etc. En cierta manera es como una cacería. Es un juego, y no tiene nada de malo. (Recuerden, el cazador no va de cacería porque odie a los animales, es por la emoción)

Llega el momento en que todo hombre sale del juego (o casi todos). Salen porque ya tienen su presa, o porque ya fueron casados (no olvidemos que las mujeres también juegan). Pero a diferencia del programa de televisión, ser el último hombre de pie no significa que seas el ganador. Por otra parte, el hecho que ya hayas terminado de jugarlo tampoco significa que hayas ganado. Nadie puede disputar que el hecho de tener pareja estable no significa necesariamente que seas feliz.

La pregunta de quién es el ganador es entonces difícil de responder. Todos sabemos que depende de diversos factores de extrema importancia, como, ¿qué tan buena está tu esposa? ¿34C o 34D? Sin saber eso es difícil opinar. Lo que si sé es que un amigo –vamos a llamarlo Saint Gut-Free– y yo somos los últimos de pie entre nuestros amigos.

Somos los últimos integrantes de un grupo de hombres y mujeres que en sus mejores años rara vez dejaba pasar un fin de semana sin reunirse, ya fuera en una casa o en bar. Ni siquiera un paro cívico de casi tres meses impidió que nos reuniéramos todos los días. Por mucho tiempo no había necesidad de llamar a los otros por teléfono para preguntar si había planes para esa noche; siempre había. Podían pasar muchísimos meses sin que me quedara en mi casa una noche de fin de semana. Recorrimos Caracas satisfaciendo algunas mujeres, decepcionando o molestando a la gran mayoría, y vaciando botellas.

Hasta hoy.

Hoy, de esta raza superior que disfrutaba del juego como pocos, sólo quedan dos. Esto quedó bien claro hace unas semanas, aunque no fue ninguna sorpresa. Como no teníamos planes interesantes para la noche, hice el tradicional repaso de la lista de contactos en el celular para ver a quien llamábamos, y fue más o menos así:

“Adriana está comprometida y no sale, Alberto está cambiando pañales, Carolina no sale de noche sin el imbecil del novio, Eduardo está esclavizado, Francisco está muy casado, Gabriel muy pisado, Ingrid muy embarazada, Juan tiene a su novia embarazada, Miguel tiene 80 años aunque en realidad sólo tiene 26, a Raúl tienes que decirle un día antes para que consulte con su novia, Rosa es la novia de Raúl, Susana se murió voy a borrar el número, Vanesa está desaparecida desde que se comprometió…”

El saldo de este año es cinco casados, tres comprometidos para el año que viene, un infante nacido y dos más concebidos. No siento que me haya quedado atrás, ya que ninguno de nosotros pasa de la treintena. Me imagino que a mucha gente le emociona dar esos nuevos pasos de la misma manera que viajar a una isla llena de dinosaurios fue emocionante para esos niños en Jurassic Park.

En esta noche en particular, ni a Saint Gut-Free ni a mí se nos ocurría a quien llamar. No tenía sentido porque ya sabíamos las respuestas. De la lista habíamos llamado a una sola persona. Vamos a llamarlo Mr. Whittier.

Mr. Whittier es un viejo prematuro, así que el hecho que no quiera salir no me sorprende. Pero cuando le dije al mediodía si quería ir en la noche a un bar con unos amigos me dijo que debía consultarlo con su novia. Lo que Mr. Whittier no entiende es que si alguien dice que debe consultar a su novia o esposa antes de hacer algo parece una niña sometida, un esclavo de la vagina.

Entiendo perfectamente que deba consultarle, porque todos sabemos que antes de hacer planes para la noche del sábado tienes que hablar con tu pareja. Es el modus operandi tradicional del mundo occidental. Pero, por favor, mientan. No importa que sean hombres, digan que primero tienen que llamar al salón de bronceado para cambiar una cita. Mientan. Digan que tienen que cancelar una cita para depilarse el pecho. Si Mr. Whittier hubiera dicho que tenía que mover su cita para pintarse los vellos de las piernas hubiera tenido más respeto por él.

No todo es malo. No hay nada tan triste, pero a la vez tan cómico, como una persona sometida por su pareja. Es como presenciar un accidente de tránsito con 20 muertos, pero todos estaban vestidos con disfraces de Guerras de las Galaxias, así que una parte de ti se ríe. De los momentos más cómicos que he visto en mi vida, pocos pueden superar ver a un amigo recibir un golpe de su novia. De los momentos más tristes que he visto en mi vida, pocos pueden superar ver a un amigo recibir un golpe de su novia.

Pero no todo es ver como le pegan a tus amigos. Esto afecta mi vida social, y no hay nada que me moleste más que cosas que me afecten a mí, sin importar la felicidad que le pueda traer a otros. No es divertido tratar de hacer planes, y que luego te des cuenta que Osama Bin Laden hubiera recibido más respuestas positivas a una fiesta en Nueva York para volar un hospital de niños.

Así que lo queda por ahora para Saint Gut-Free y yo es buscar nuevos grupos, nuevas personas con las que podamos contar para salir de noche, o al menos reconectar con viejos amigos que aun siguen en el juego. No nos caería nada mal conocer nuevas mujeres. Esto no se tratará de recorrer bares ni nada parecido, por dos razones. La primera es que para ir a esos lugares hay que ponerse pantalones.

La segunda es que me aburro rápidamente yendo a bares a tratar de conocer mujeres. Como dije en un post anterior, me gusta hacer cosas poco ortodoxas, que aunque pocas veces funcionan, siempre divierten. Me hacen sentir como el Vasco da Gama de los errores con las mujeres, haciendo nuevos descubrimientos todas las noches, pero sin que nadie los celebre. Es un tema difícil para mí porque siempre me ha sido difícil hablar con mujeres. Mis ojos son tan negros que las mujeres se pierden en ellos y no pueden contener su pasión.

Es un problema grave.

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